Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

SE REUNIÓ EL CONSEJO

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

La rosa de la Pasión



Esta hermosa y triste leyenda está inspirada en una de las más bellas narraciones de Bécquer y relata los amores de una judía, Sara, y de un caballero cristiano, que tuvieron un final trágico. La historia transcurre, también, en Toledo, ciudad que durante muchos siglos tuvo una abundante población judía.
En una de las muchas callejas de la ciudad imperial vivía, míseramente, Daniel Leví. Aunque se decía que poseía una inmensa fortuna, su casa era paupérrima y, el día entero, lo pasaba trabajando en el portal de su casa arreglando objetos de metal, guarniciones, cinturones rotos, cadenillas...
Siempre estaba sonriendo y su trato con los demás era de servil y humilde, descubriéndose cuando, cerca de él, pasaba algún caballero importante o algún clérigo de la cercana catedral. La gente desconfiaba de su eterna sonrisa, y los muchachos del barrio le hacían burla e incluso le tiraban piedras, sin que jamás Daniel se defendiese. Trabajaba y trabajaba sobre su pequeño yunque, con esa sonrisa enigmática que ya formaba parte de su rostro, más como una mueca, que como un gesto de simpatía.
Sobre la puerta de la casa en la que trabajaba el judío, se abría un ajimez árabe en cuyo interior se veían azulejos de colores y, alrededor de las caladas franjas del ajimez, se enredaba una planta trepadora, llena de fuerza y una de las pocas muestras de vida que tenía aquel lugar. Allí se encontraban las habitaciones de Sara, la hija predilecta de Daniel. Era una jovencita de unos dieciséis años, hermosa como pocas, y algunos que la habían visto a través de las celosías del ajimez, se preguntaban cómo de un hombre tan feo y ruin como Daniel, había podido nacer una mujer con tales perfecciones. No salía nunca la muchacha y su rostro se velaba, a menudo, por la tristeza... un rostro de blancura sin igual, en el que sobresalían unos ojos negros fascinantes y unos labios rojos que parecían dibujados por los pinceles de un maestro.
Los judíos más ricos y poderosos de Toledo, la habían solicitado en matrimonio, pero Sara se mostraba insensible a los halagos y regalos de sus pretendientes. Su padre le aconsejaba que tomase marido antes de que él falleciera, pues no es bueno que una mujer se quede sola en el mundo y más cuando se es tan bonita, pero la hebrea no respondía y se encerraba en un mutismo total, lo que Daniel interpretaba como un fuerte deseo, por parte de la muchacha, de ser libre, de no atarse, todavía, al yugo del matrimonio. Pero un día, otro muchacho judío, cansado de los desplantes de Sara, se dirigió a Daniel para hablarle de los rumores y comentarios que se hacían en la comunidad sobre su hija.
Al parecer se decía que estaba enamorada de un caballero cristiano y él mismo les había sorprendido hablándose cuando Daniel, asistía, de forma clandestina, a las reuniones del sanedrín. Esta revelación no pareció afectar el ánimo de Daniel, que sin dejar de sonreír, le dijo al acusador que sabía bastante más que él. Sara, su hija adorada, la hermosa Sara, su honra y su gloria, el orgullo de su raza y de su tribu, no caería nunca en manos de un perro cristiano. Nadie se reiría de su condición de judío y de padre, y despidió a su interlocutor pidiéndole que reuniese a sus hermanos, cuanto antes, esa misma noche, que él acudiría a su lugar secreto de encuentro, dentro de un par de horas.
Daniel cerró la puerta de su casa y su negocio, pasando varios cerrojos y aldabas, lo que le impido oír cómo las celosías de la ventana caían de golpe. Sin duda, Sara había estado escuchando y su corazón de llenó de negros temores.
Era la noche de Viernes Santo, y los toledanos, después de asistir al Oficio de Tinieblas, se habían retirado a sus hogares. Algunos dormían ya, y otros, al lado de las chimeneas, contaban viejas historias sobre la ciudad o vidas ejemplares de santos. Toledo estaba sumida en el silencio, sólo, de vez en cuando, interrumpido por el ladrido de algún perro y las voces de los turnos de guardia del lejano alcázar. En una de las orillas del Tajo, se encontraba un barquero que parecía estar esperando a alguien. Una sombra bajaba, trabajosamente, hasta el río... parecía tener prisa y también cierto temor. Cuando el barquero la vio, se dio cuenta de que era la persona que esperaba.
Andaba rumiando el barquero que aquella noche era extraña. Había pasado a muchos judíos de un lado a otro del río, y se preguntaba a qué podía venir todo aquel trasiego. Creía que iban a reunirse en alguna parte, lo que a juicio de este hombre, no auguraba nada bueno. Pero, bien le pagaban y eso, a fin de cuentas, era lo que a él le interesaba. Subió la sombra a la barca, que soltó amarras, y una voz femenina le preguntó a cuántos judíos había pasado y si sabía qué tramaban. No, el barquero no sabía nada ni había oído ningún comentario que pudiera darle alguna pista, aunque, eran tantos los hebreos que usaron su barca, que no los había podido contar.
Calló Sara, pues no era otra aquella mujer, que arrostrando cualquier peligro quería conocer qué se urdía. Ya no le cupo duda de que todo aquellos se debía a una venganza preparada por su padre. Sentía una gran angustia, con la mente extraviada en pensamientos dolorosos... un sudor frío la invadió cuando llegaron a la otra orilla.
El barquero le indicó que el camino que seguían venía a converger en la Cabeza del Moro para desaparecer detrás de aquel picacho. Hacia allí se dirigió Sara, decidida pero temblando, en la oscuridad de la noche, con la sola fuerza que le daba su amor y el miedo de que la venganza se cebase en él.
Donde hoy se encuentra la ermita de la Virgen de Valle, y muy cerca de la Cabeza del Moro, existían las ruinas de una iglesia bizantina. Apenas quedaban algunos muros exteriores y restos de algunos arcos. La maleza y la hiedra se enredaban entre ellos.
Sara avanzó hasta emboscarse entre la vegetación que rodeaba el lugar y vio, con espanto, que sus peores temores se confirmaban. Allí donde antaño había existido el atrio de la derruida iglesia, se encontraban muchos de sus hermanos de religión bajo las órdenes de su padre. La sempiterna sonrisa de Daniel se había borrado y, ahora, convertido en un hombre enérgico, cuyos ojos brillaban con una luz maléfica, dirigía la operación de levantar una enorme cruz. La luz de una fogata iluminaba la terrible escena y la hernosa hebrea supo, al instante, de lo que se trataba. Se iba a realizar una crucifixión y la víctima sería su amante.
No pudo contenerse, y se presentó en medio de aquella asamblea de verdugos, ante la sorpresa de todos ellos. Llena de dolor e indignación, les dijo que no esperasen al cristiano que aguardaban. Ella le había prevenido. Se sentía avergonzada por su sed de sangre y ya no se sentía judía ni se consideraba hija de aquel monstruo.
Daniel no podía creer lo que oía. ¡Su propia hija le había traicionado! Ciego de ira, la arrastró por los cabellos hasta los pies de la cruz, mientras se la entregaba al resto de la asamblea para que hiciesen con ella lo que quisieran. Esta infame había deshonrado a su religión y a sus hermanos.
Al día siguiente, mientras las campanas de todas las iglesias tocaban a gloria, Daniel abrió, como siempre, la puerta de casa y sentó a trabajar en su yunque, sonriendo y saludando a los que pasaban. Nada parecía haber cambiado, pero las celosías del ajimez no volvieron abrirse. La hermosa Sara no apareció ya más recostada en aquella ventana.
Pasó el tiempo y unos años después, un pastor le llevó al arzobispo una flor desconocida hasta entonces, que parecía reproducir los atributos de la pasión de Cristo. La había encontrado mientras apacentaba a su rebaño entre los restos de la derruida iglesia, enredada entre los muros decrépitos.
Tratando de descubrir aquel misterio, se trasladaron al lugar y cavaron para encontrar el origen de la extraña planta. Y lo que apareció fue el cadáver de una mujer y junto a él, los elementos que mostraba la flor y que correspondían a la agonía del Crucificado. Nunca se supo a quién correspondía aquel cuerpo, pero, durante muchos años, reposó y se le veneró en la ermita de San Pedro el Verde. A la flor, que ahora es bastante común, se la llamó, y aún se la llama, Rosa de Pasión.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La casa de los espejos
(Leyenda española)

La leyenda de la casa de los espejos cuenta una tétrica historia de amor, dolor y muerte.
Existía en una casa ubicada en Cádiz, España, una niña que amaba mucho a su padre, este era viajante y siempre le traía a la niña de recuerdo de sus viajes un espejo nuevo. La niña amaba los
espejos y siempre esperaba ansiosa la llegada de su amado padre y el nuevo espejo para colgar en su habitación, ésta estaba totalmente repleta de espejos de diversas procedencias, de distintas formas y de todos los tamaños.

 La relación del padre y la hija era perfecta, pero había alguien a quien no le gustaba para nada esta relación, a la madre de la niña, puesto que sentía que el padre le quitaba atención a ella para dárselo a la pequeña, entonces moría de envidia en cada nueva llegada.
 Un día tomó la determinación de arreglar este problema, le llevo a la niña la comida a su habitación y solo con los espejos como testigos le metió unas gotas de veneno dentro. La niña murió al tiempo, y cuando el padre regresó del viaje su mujer le dijo que su hija había muerto por una terrible enfermedad. Pero en ese momento los espejos le contaron la verdad, y pudo ver como la madre envenenaba la comida de la pequeña. Totalmente furioso obligó a la mujer a decir la verdad, ésta confesó y fue llevada a la cárcel, donde al poco tiempo murió. El padre se fue para siempre, abandonando la casa y dejándola deshabitada.

 Cuenta la leyenda, que hasta el día de hoy si uno entra a la casa, se pueden ver los espejos todavía colgados y a veces aparece en ellos  una dulce niña que llora.

jueves, 4 de agosto de 2016

La Creación por Ra


En el principio sólo existía un océano infinito, Nun, que contenía todos los elementos del Universo. No existían ni el Cielo ni la Tierra, y los hombres aún no habían nacido. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se hallaba disperso en el caos, hasta que tomando conciencia se llamó a sí mismo; así nació el dios Ra.


Ra empujando al sol a través del cielo.

Ra estaba solo; creó de su aliento al aire, Shu, y de su saliva a la humedad, Tefnut, y los mandó a vivir al otro lado de Nun.
Después hizo emerger una isla donde poder descansar; la llamó Egipto. Y como surgíó de las aguas, viviría gracias al agua; así nació el Nilo.

Ra fue creando a las plantas y los animales a partir de Nun. Entretanto, Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron Geb (Tierra) y Nut (Cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la tierra, copulando con ella. Shu, celoso, los maldijo y los separó sosteniendo al cielo sobre su cabeza, y sujetando a la tierra con sus pies; aún así, no pudo evitar que Nun tuviera hijas, las estrellas.

Ra había enviado a uno de sus ojos a buscar a Shu y Tefnut. Pero cuando regresó, otro ojo había ocupado su lugar. El primer ojo comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente, creando así al Sol.

De las lágrimas del primer ojo nacieron los hombres y las mujeres, que habitaron en Egipto.

Y todas las mañanas, Ra recorría el cielo en una barca que flotaba sobre Nun, transportando así al Sol. Cada noche, Nut se lo tragaba, y Ra continuaba su viaje por el Infierno; si lo atravesaba, volvía a nacer de Nut, dando origen a un nuevo día.

Ra, el Único Creador, se hacía visible a todo el pueblo de Egipto bajo la forma del disco solar, pero también era conocido bajo muchas otras.

Era capaz de aparecer como un hombre coronado, como un halcón o bien como un hombre con cabeza de halcón,  y tal como el escarabajo pelotero empuja las bolas de excrementos, los egipcios representaban a Ra como un escarabajo que empujaba el Sol a través del cielo.

miércoles, 20 de julio de 2016

¿Por qué está loco el sombrerero?

El Hydrargyrismo y una merienda de locos con un conejo blanco

El sombrerero explica a Alicia en el capítulo “Una merienda de locos”, que ha quedado atrapado en una fiesta eterna del té debido a una maldición de la reina de Corazones. Según le indica él mismo, su osadía fue nada más y nada menos que la de intentar matar el tiempo, de ahí que se le condenara a vivir eternamente en las seis de la tarde.

Lo curioso de este personaje es que se le conoce como “el sombrerero loco”, cuando en realidad Lewis Carroll solo puso este adjetivo en boca del Gato Chesire, cuando éste le hablaba a Alicia de la compleja personalidad de dicho hombre. La escena de la fiesta del té con él y el conejo blanco constituyó uno de los instantes más clásicos dentro de la literatura infantil, que tejió para siempre la figura del conocido “sombrerero loco”.

Alicia en el pais de las maravillas

Pero la elección por parte de Carroll de este personaje no se debió al azar. En absoluto. Tal denominación dispone de unas curiosas raíces históricas por las que casi toda la población de aquella época, conocía la expresión “estar más loco que un sombrerero“. La verdad es que el origen de tal frase no deja de tener cierto aire de tragedia, y es que fue en el siglo XVIII cuando la moda de los sombreros estaba más en auge, cuando era extraño no ver en las calles a cualquier caballero de alta o baja clase social, lucir un distinguido sombrero.

Los sombrereros, para trasformar la piel de conejo en fieltro con el fin de elaborar sus creaciones, solían utilizar sales de mercurio. La exposición continuada a dichos vapores con efectos neurotóxicos era letal, entrando a menudo en un estado previo de desequilibrio o enloquecimiento muy característico. Esta enfermedad se denomina Hydrargyrismo, un envenenamiento lento pero letal a base de mercurio, que tiene como síntomas los cambios de humor, los desequilibrios emocionales, alteraciones sensoriales y del habla… una tragedia inevitable a la que estaban condenados todos aquellos que elegían la profesión de sombrerero.

Sombrerero loco origen

Como ves la brillante metáfora que nos muestra Lewis Carroll en su libro es muy descriptiva. En ella podemos ver el desequilibrio del pobre sombrerero en toda su expresión, compartiendo a su vez esa fiesta del té con un conejo. Esos animales de quienes se obtenía el fieltro letal que había que tratar con mercurio.

Puede que ahora nos riamos un poco menos cada vez que volvamos a leer este capítulo, o lo veamos en alguna de las películas realizadas sobre esta clásica novela. Y es que ya lo sabemos, la mayoría de cuentos populares encierran siempre algo triste o oscuro en sus páginas…


viernes, 8 de julio de 2016

Un cuento de Jorje Bucay

                        EL OSO DEL ZAR

Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.

Un día, el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.

El zar era caprichoso, autoritario y cruel (como todos los que se enmarañan durante demasiado tiempo en el poder). Así que furioso por la ausencia del botón, mando buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.

Nadia contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y, arrancándolo de entre los brazos de su familia, lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí la muerte.

Al atardecer, cuando el carcelero le llevó al sastre la última cena, esté meneó la cabeza y musitó:
– pobre zar.

El guardia no pudo evitar la carcajada.
– ¿Pobre zar? Pobre de ti.
– Tu cabeza quedará bastante lejos de tu cuerpo mañana mismo.
– Tu no lo entiendes – dijo el sastre – ¿Qué es lo más importante para nuestro zar?
– ¿lo más importante? – contestó el guardia – . No lo se. Su pueblo.
– No seas estúpido. Digo algo realmente importante para él.
– ¿Su esposa?
– ¡más importante!
– ¡los diamantes! – creyó adivinar el carcelero.
– ¿qué es lo más le importa al zar en el mundo?
– ¡Ya lo se! ¡su oso!
– ¿y?
– Mañana, cuando el verdugo termine conmigo ..
– .. el zar perderá su única oportunidad de conseguir que su oso hable.
– ¿Tú eres entrenador de osos?
– Un viejo secreto familiar – dijo el sastre – Pobre zar.

Deseoso de ganarse favores con el zar, el pobre guardia corrió a cantarle al soberano su descubrimiento.

¡el sastre sabia enseñar a hablar a los osos!

El zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre, y cuando lo tuvo frente a si le ordenó:
– ¡Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!

El sastre bajó la cabeza.
– Me encantaría complacerle, ilustrísima
– pero enseñar a hablar a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo.
– lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo.
– ¿Cuánto tiempo llevará el aprendizaje? – preguntó el zar.
– Depende de la inteligencia del oso…
– ¡El oso es inteligente! – interrumpió el zar
– De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
– Bien. Si el oso es inteligente y siente deseos de aprender ..
– .. el aprendizaje duraría aproximamente ¡dos años!

El zar pensó durante un momento.

– Bien tu pena será suspendida durante dos años mientras entrenes al oso.
– ¡Mañana empezarás! – ordenó.
– Alteza – dijo el sastre
– Si tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto.
– Mi familia se las ingeniará para sobrevivir.
– Pero si me conmutas la pena, ya no tendré tiempo para dedicarme a tu oso.
– Deberé trabajar de sastre para mantener a mi familia.
– Eso no es un problema – dijo el zar
– A partir de hoy, y durante dos años, tú y tu familia estaréis bajo la protección real.
– Seréis vestidos, alimentados y educados con el dinero del zar.
– Nada que necesitéis o deseéis os será negado.
– Pero, eso si: si dentro de dos años el oso no habla ..
– .. te arrepentirás de haber pensado esta propuesta.
– Rogarás que el verdugo te hubiera matado.
– Entiendes, ¿verdad?
– Si, alteza.
– Bien, ¡guardias! – grito el zar
– Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte.
– Dadle dos bolsas de oro, comida y regalos para los niños.
– ¡Ya! ¡Fuera!

El sastre, en reverencia y caminando hacia atrás, empezó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
– No lo olvides – le dijo el azar apuntándolo con el dedo directamente a la frente
– si en dos años el oso no habla ..

Cuando todos en casa lloraban por la pérdida del padre de familia, el sastre apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos. La esposa del sastre no cabía en sí de asombro. Su marido, al que pocas horas antes se le había llevado al cadalso, volvía ahora, acaudalado y exultante.

Cuando estuvieron solos, el hombre le contó los hechos
– ¡Estás loco! – gritó la mujer
– ¡Enseñar a hablar al oso del zar!
– Tú, que ni siquiera has visto a un oso de cerca.
– Estás loco. Enseñar a hablar a un oso.
– Loco, estás loco.
– Calma, mujer, calma.
– Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer.
– y ahora tengo dos años.
– En dos años pueden pasar tantas cosas.
– En dos años – siguió el sastre – se puede morir el zar.
– Me puedo morir yo.
– Y lo más importante: ¡A lo mejor el oso habla!

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿ARTE?


Dicen que el toreo es arte
y es algo que yo no entiendo
¿Qué arte puede tener
el ver a un toro sufriendo?

Verlo como se desangra
y esos ojos lastimeros
que claman pidiendo ayuda
y hasta se estremece el Cielo.

Con cada banderillazo,
con cada golpe de pica,
agoniza poco a poco
y se le escapa la vida.

Y ruge la multitud
y aplauden tanta agonía
y se ensalza al matador
por torturar con pericia.

"Pero, es que es la tradición,"
dicen unos y otros gritan
ante tamaña barbarie
y la fiesta continua
sin que la detenga nadie.

El nombre lo dice todo
"Matador" llaman al diestro
¡Me niego! a participar
en un arte tan siniestro.

Seamos por fin coherentes,
seamos por fin sensatos
La tortura nunca es arte
es dolor, sea o no, humano

Julia L. Pomposo

miércoles, 11 de mayo de 2016

Los cuervos de la Torre de Londres


 ¿Por qué en la Torre de Londres siempre hay cuervos?

Si hay algo en lo que sobresalen los británicos es por el respeto a sus tradiciones, por muy antiguas que éstas sean. El motivo de que en la Torre de Londres haya cuervos es una más de la larga lista de tradiciones en el Reino Unido.


En realidad, no se sabe a ciencia cierta desde cuando habitan los cuervos en la Torre de Londres, pero sí es seguro que desde el siglo XVII las aves tienen permitido permanecer oficialmente allí.

Los cuervos tienen, incluso, designada una parte del presupuesto oficial del país, en el que sus alimentos y cuidados se pagan con una partida de fondos gubernamentales, tal como ordena un Real Decreto aprobado por el rey Carlos II, debido a una antiquísima leyenda que trae consigo una extraña superstición y que viene siendo arrastrada desde no se sabe cuántos siglos.

Carlos II mantuvo una disputa con John Flamsteed (astrónomo real), que se quejaba de que las aves que allí residían no le permitían realizar correctamente su actividad desde el observatorio en la torre y para evitar que éste las hiciera desaparecer aprobó el decreto.

¿La razón? Dice la leyenda que la Corona Británica y la Torre de Londres caerían si los seis cuervos que allí habitan desaparecen. Desde entonces se les trata con sumo cuidado. Un beefeater [los tradicionales guardias de la Torre] es el encargado de estar pendientes de las aves, alimentarlas y procurar que no les falte de nada.

Para evitar su marcha, a las aves se les recorta una de sus alas. Esto hace que si echan a volar no se puedan alejar mucho.

Aunque la leyenda dice que deben ser seis, actualmente son ocho los cuervos que habitan en la torre, y cada uno tiene su nombre propio: Gwyllum, Hugine, Thor, Munin, Baldrick, Merlin, Erin y Marley.


miércoles, 20 de abril de 2016

La leyenda de Sant Jordi (San Jorge)


La otra gran leyenda la recogió el costumbrista catalán Joan Amades que situó la lucha de San Jorge y el dragón delante de las murallas de Montblanc.

Hace muchos años un dragón feroz aterrorizaba los alrededores de Montblanc. Devoró a los animales hasta tal punto que amenazaba la integridad de los habitantes de Montblanc. Para evitar el ataque de la bestia se decidió librarle cada día un vecino. Se realizó un sorteo entre la población, incluida la
familia real, y la suerte quiso que la persona escogida fuera la hija del rey. Cuando se disponía a ser engullida por el dragón apareció un caballero y la salvó hiriendo de muerte al dragón. Era San Jorge. En el lugar donde el dragón derramó su sangre nació un rosal de rosas rojas. Desde entonces se mantiene la tradición catalana en la que los hombres regalan una rosa a su amada.

Anualmente, coincidiendo con el día de Sant Jordi (23 de abril) se organiza la Semana Medieval de Montblanc. Durante dos fines de semana la villa revive su pasado y en calles, plazas y torres de la muralla lucen las banderas y estandartes señoriales. Se celebran gran cantidad de actos que
transportan al público asistente a la edad media: la representación de la leyenda de San Jorge, las escenas de la vida cotidiana, la cena medieval, un encuentro de fuego, el mercado medieval, la escenificación de las Cortes Catalanas, etc.

La Semana Medieval de la leyenda de San Jorge se ha convertido en el gran escaparate de Montblanc. Por su fidelidad y rigor histórico, variedad de actos y proyección exterior ha sido
declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en Cataluña y en el Estado Español.

lunes, 11 de abril de 2016

Leyenda china

La leyenda del Kirin o Qilin  


Junto con el dragón, la tortuga y el fénix, el Qilin o Kirin es uno de los cuatro animales sagrados de la antigua china. Durante la fiesta de primavera, las gentes de los pueblos al sur del río Yangsté, cargan con un Qilin de papel al hombro y ofrecen un espectáculo a la puerta de sus casas para expresar su deseo de tener una familia numerosa, sana y feliz. Según las leyendas pueden caminar sobre el agua, y también sobre las flores sin aplastarlas. Se le suele asociar con la feminidad, porque es el símbolo de la dulzura y la fertilidad. También se les relaciona con los sabios y emperadores chinos. El kirin es un ungulado cornudo híbrido (cuerpo de león, piel de pez y cuernos de ciervo) de la mitología china, japonesa y coreana que se dice que aparece en conjunción con la llegada de un sabio. Es un buen presagio que trae rui (chino: 瑞, pinyin: ruì, "serenidad" o "prosperidad". A menudo se le representa como si flamease llamas por todo su cuerpo. Por simplificar, en Europa y América a veces se le llama unicornio chino, aunque tenga dos cuernos, debido a que ambos tienen carácter beneficioso. Son seres mágicos capaces de controlar monstruos y demonios para utilizarlos como defensores. Se diferencia los géneros de los Kirins por la terminación de su nombre. Los Kirins femeninos poseen un nombre que termina en "Rin" mientras que los masculinos terminan en "Ki".

jueves, 31 de marzo de 2016

Descanso en el avión

Un piloto se dispone a realizar su turno de descanso después de que una azafata le informe de que la cabina habilitada para ello está disponible. Pero al llegar encuentra una pequeña niña de unos cinco años durmiendo…
Una mañana de invierno una de las azafatas del avión que hacía cualquier ruta de vuelo se dirigía por el pasillo del avión hacia la cabina de mando después de atender a los pasajeros. Entonces se acercó a uno de los pilotos y le informó de que la cabina de descanso estaba libre. Entonces el hombre se levantó y se marchó a dormir un rato. Cuando el piloto entró en la pequeña cabina estaba totalmente oscura, pero al apoyar una mano en una de las literas notó un bulto. Había alguien durmiendo, pero la azafata le había comunicado que la pequeña cabina estaba vacía. Alumbró con una linterna de bolsillo hacia la cama y observó con sorpresa que había una niña de unos cinco años tumbada en la litera . La arropó con la manta y sin hacer mucho ruido salió de la habitación y cerró la puerta.

Al momento fue a buscar a la azafata y le contó lo que había sucedido. Ésta, le dijo que era imposible porque no iban niños en ese vuelo. El piloto no se lo podía creer, el había tocado con sus propias manos el cuerpo de la pequeña.¡¡ Incluso notó su respiración mientras dormía!!

Entonces la azafata con cara de preocupación le dijo – ¿Ve usted esa pareja de allí al fondo? ¿ La ve?- repetía, dirigiéndose con la cabeza hacia una joven pareja con los rostros pálidos y demacrados.
Sí, sí, por supuesto que los veo… afirmó el piloto.

¿ Pero qué tienen que ver ellos en la historia? Preguntó con cara de intriga

Se dirigen al entierro de su hija, ella va abajo en un ataúd, junto con el resto de mercancías…contestó ella.

El piloto se quedó pálido al escuchar la noticia y salió corriendo a la cabina donde vio a la niña. Allí no había nadie. Se acercó al baño a refrescarse la cara y al mirarse al espejo se dio cuenta de que había escrito algo con un pequeño dedo, decía:

Gracias por arroparme…

Autor: Blue Bear