Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarlo salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

SE REUNIÓ EL CONSEJO

PARA LA MÚSICA DEL BLOG PARA OIR EL AUDIO

domingo, 6 de diciembre de 2015

Verdad y leyenda del Santo Grial

La leyenda comienza cuando a José de Arimatea, quien supuestamente recibió y se hizo depositario de este símbolo sagrado, recogió en él la sangre de Cristo crucificado. El cáliz después pasó a Inglaterra, donde fue heredándose de generación en generación por los descendientes de José. El Grial poseía muchas propiedades milagrosas, tales como proporcionar alimento a los que estaban libres de pecado, cegar a los impuros de corazón o dejar mudo al irreverente que llegaba a su presencia.
Siempre según la leyenda, José de Arimatea fue uno de los trece discípulos que San Felipe envió a Inglaterra. Establecido con su familia en Glastonbury, o en Avalon según otras fuentes, fundó la primera iglesia consagrada a la Virgen donde depositó el Grial para atender a las necesidades de la Eucaristía.


Una tradición aragonesa cuenta que el grial fue guardado y utilizado por los apóstoles en Jerusalén. De allí habría pasado a Antioquía, llevado por san Pedro. Posteriormente se habría trasladado a Roma, donde fue usado por 23 papas hasta el pontificado del griego san Sixto II.

Estas leyendas se propagarón por Europa en boca de juglares y trovadores. Las más antiguas datan del siglo XII. En general, casi todas están basadas en el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la historia de José de Arimatea. Se habla de una copa misteriosa que contiene el elixir de la juventud y que se encuentra en un lugar inaccesible, entre abruptas montañas. Sus guardianes son los Caballeros del Santo Grial.


El Papa Sixto II (que ejerció el papado durante un año, desde 257 a 258), asustado por la persecución romana, lo envió a Huesca (España) custodiado por el joven diácono Lorenzo para que fuera escondido en las lejanas montañas de Aragón.
En el año 1424 el Cáliz habría sido trasladado al Palacio Real de Valencia por orden de Alfonso el Magnánimo, que agradecía así su ayuda al reino de Valencia en sus luchas mediterráneas. Y es en Valencia, dónde según cuenta la leyenda, se encuentra el verdadero Santo Grial.
Sin embargo, en 1809, ante la inminente llegada de las tropas francesas a Valencia , el Santo Cáliz fue llevado a Alicante y, después, a Mallorca e Ibiza, donde permaneció hasta su regreso a Valencia en 1812. Finalmente, en 1916, el entonces arzobispo de Valencia , monseñor Valeriano Menéndez Conde, junto con el cabildo de la Catedral, acordó instalar el Santo Grial en la antigua Sala Capitular de la Seo, en lugar del relicario en el que permanecía desde el siglo XV.

Según la leyenda, el Santo Grial es la copa usada por Jesucristo en la Última Cena. Se dice que quien lo encuentre recibirá poderes extraordinarios y la vida eterna.


Para los cristianos, el Santo Grial es y siempre ha sido la copa usada por Jesús para consagrar el vino en la Ultima Cena, el auténtico receptáculo que recibió la sangre de Cristo en el apenas instituido sacramento de la Eucaristía.
La gente de todo los tiempos se ha quedado un poco perpleja de que esta preciosa reliquia haya originado un importante número de historias fantásticas sobre guerreros, monjes y reyes que se embarcaban en su búsqueda.

viernes, 20 de noviembre de 2015

lunes, 16 de noviembre de 2015

La leyenda de las gemelas

Hace ya bastantes años…vivía una familia en un pequeño pueblecito en España. Esta familia lo tenía todo, una casa grande, amor, cariño, salud, dinero,  y por si fuera poco, la mujer se quedó embarazada, ydio a luz dos pequeñas alegrias… gemelas. A cada cual más adorable, o eso era lo que ellos pensaban cuando nacieron las niñas. Les pusieron de nombre, Verónica y Violeta.

Cuando fue pasando el tiempo se notaron las grandes diferencias que estribaban entre las hermanas, aunque fisicamente fueran iguales eran muy distintas psicólogicamente. Violeta era la típica hija perfecta, todo el mundo la quería mucho, era la hija predilecta, se le daba bien todo cuánto hacía y tenía muchos amigos y aficiones, mientras que Verónica era la niña introvertida, tan tímida que apenas dirigía la palabra a los niños de su clase, no se la daban bien los estudios y no demostraba interés por nada más que por una cosa que si se la daba bien, cantar. Cuando Verónica cantaba era como el trinar de los pájaros, encandilaba a todo el mundo. Verónica para resumir, se podía decir que era una niña triste, rara vez dejaba ver una sonrisa, nunca reía por nada y siempre estaba callada.

Un dia los padres de las niñas recibieron invitaciones para el teatro y buscaron una canguro para las pequeñas pero Violeta, en su calidad de hermana responsable y buena les dijo que no había ningún problema, que podían quedarse las dos solas porque YA ERAN MAYORES … sus padres con una mirada aprobatoria accedieron y las dejaron que se quedaran solas viendo una película con la condición de que se acostaran pronto.

La noche pasó y sus padres llegaron a casa sobre las 12 de la noche tras una cena y el teatro… era una noche lluviosa y decidieron volver pronto porque estaban preocupadas por si las niñas tenían miedo, ya que la casa donde vivían era un tanto lúgubre debido a su gran tamaño, estaban preocupados así que se dieron prisa en regresar..

Pero cuando llegaron a casa se sintieron aliviados porque oyeron a Violeta como reía a carcajadas arriba en su habitación, divirtiéndose con su hermana.

Están jugando – dijo la madre con una gran sonrisa
No son horas, las dijimos que se acostaran pronto – recriminó el padre. Pero bueno no las regañemos, se han portado bien.

Cuando subieron a darles las buenas noches abrieron la puerta y descubrieron horrorizados que quien reía no era la dicharachera Violeta, increíblemente era Verónica, que canturreaba una cancion:

1 2 3 4 a Verónica ahora querreis, 1 2 3 4 Violeta se irá para no volver….
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!

Extrañados los padres dirigieron la mirada hacia la cama de Violeta, estaba durmiendo tapada con la sabana , pero tenía algo raro en la cabeza, la destaparon y comprobaron horrorizados como estaba bajo la sábana el cuerpo mutilado de Violeta con unas tijeras clavadas en los ojos, todo lleno de sangre…

Los padres en pleno ataque de nervios miraron a Verónica y esta siguió riendo y gritando y de repente se levantó corriendo del suelo y riendo se tiró por la ventana, allí halló su muerte…

A los dos días y después de la autopsia de Violeta se celebraron los funerales… y una semana despues los padres abandonaron esa casa porque decían que por las noches se oia como Verónica gritaba y canturreaba a la vez que reía a carcajada limpia y que se oia como la otra niña pedia auxilio desesperadamente, pero cada vez que los padres entraban a la habitación los gritos paraban…

Esta es la leyenda de las dos hermanas, dicen que si una noche a las doce de la noche (cuando se realizó el asesinato) dices Verónica jaja Verónica jaja tres veces, ella se aparecerá y será tu último dia entre los vivos… y ¿alguna vez os habéis preguntado por qué a la gente le da mala espina siempre ver unas tijeras abiertas? Fue por esto, Verónica mató a su hermana con ellas. Nunca digas Verónica jaja porque dicen que encontrarás la muerte a la mañana siguiente con unas tijeras clavadas en los ojos…


P/D
    Mi hija se llava Verónica, de ahora en adelante, tendré cuidado cada vez que la llame, no sea que la otra se de por aludida, jajaja.

jueves, 29 de octubre de 2015

Las Lucecitas (cuento de Halloween)


La noche pasada no podía dormir, me encontraba muy inquieta y sentía una molestia que no sabría definir. No sabía que me estaba ocurriendo porque no me dolía nada. Supongo que el estar dando vueltas y más vueltas en la cama no ayudaba y me iba poniendo cada vez más nerviosa, así que decidí levantarme y salir a dar un paseo por los alrededores. En ese momento debían ser las dos de la madrugada aproximadamente.

Vivo a las afueras de un tranquilo pueblecito un poco apartado del mundo; está situado en el centro de un valle y rodeado por un hermoso paisaje de montañas y bosques. Por lo tanto el salir a pasear a esas horas puede resultar extravagante pero no peligroso.

Mi casa es pequeña, pintada de blanco y con la puerta y ventanas de color azul. Está situada al borde del camino de árboles un poco retorcidos, es la última casa del pueblo. Mirando hacia el fondo del camino se pueden distinguir las altas tapias del Camposanto y la gran verja de entrada flanqueada por dos enormes cipreses y por la que se vislumbra parte del interior del pequeño cementerio y justo hacia allí encaminé mis pasos, con el único fin de cansar el cuerpo y tranquilizar el espíritu que por lo visto, aquella noche había decidido no dejarme dormir.

Caminaba despacio mientras me arrebujaba en mi chal de lana puesto que a aquella hora de la madrugada solía refrescar.

Según me acercaba empecé a distinguir unas lucecitas que en un principio tomé por luciérnagas, pero cuando estuve mas cerca me dí cuenta que no se movían por el suelo sino que parecían flotar. Al llegar delante de la verja observé que estaba abierta, cosa que me sorprendió bastante, ya que Damián el sepulturero y que también hace las veces de jardinero, es muy cuidadoso en su trabajo y jamás se había dejado el recinto abierto.

Pero aquella noche parecía que hubiese presentido mi visita y me estuviese esperando.

Atravesé la verja atraída por las luces que se movían de acá para allá por entre las tumbas.

La luna no alumbraba demasiado aquella noche y me llevó un buen rato darme cuenta de que se trataba. Eran un grupo de personas que vestían sendas capas negras y cuyas capuchas ocultaban sus rostros. Cada uno de ellos llevaba una vela encendida en la mano y todos parecían muy atareados, aunque no imaginaba que podían estar haciendo a esas horas tan intempestivas ni mucho menos comprendía quien podrían ser esos misteriosos encapuchados. No soy demasiado miedosa, pero aquello empezaba a inquietarme


De pronto, advirtieron mi presencia y todos, como obedeciendo a una invisible señal, comenzaron a reunirse en un mismo punto y sin poder controlar mi curiosidad, me fui acercando hasta allí. Al estar todas las velas juntas pude por fin distinguir sus rostros y para mi sorpresa, descubrí que todos me eran familiares. Estaban Pedro, el anterior sepulturero que había muerto hacía un par de años; también estaban Doña Adela y Doña Aurora, ambas habían sido maestras de mi infancia y el anterior párroco, el padre Ambrosio fallecido hacía casi diez años, así hasta un total de doce personas. Todas estaban alineadas frente a mí y me sonreían. De pronto se fueran apartando y tras ellos apareció una mesa a la que se encontraban sentados mis padres, mis abuelos y algún que otro familiar fallecidos. Todos me hacían gestos con la mano para que me sentase a la mesa con ellos.


¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué clase de broma macabra era aquella y que hacían todos aquellos difuntos allí? De pronto, lo comprendí todo; no era real, se trataba de un sueño o mejor dicho, en este caso, de una pesadilla ¿O no?. ¡Vaya ahora lo entiendo! Después de todo, la noche anterior si que había conseguido dormirme, lo que parecía que no había conseguido era ¡¡DESPERTAR!!

Julia L. Pomposo

martes, 27 de octubre de 2015

Historia de un hada

(De mi segundo libro Mis pensamientos y un Cuento de Hadas)



       Cristal era un hada que habitaba en lo más profundo del bosque encantado, en una preciosa casita rodeada de flores de mil colores. Era un hada encantadora. Tenía una larga cabellera dorada y ondulada que cuidaba con especial esmero. Sus ojos eran verdes y profundos y poseía una sonrisa limpia y cristalina como su nombre. Nunca había salido del bosque en el que vivía feliz rodeada de sus hermanas. Se pasaba el día jugando, cantando, correteando por el bosque en persecución de hermosas mariposas, o recogiendo flores con las que confeccionaba adornos y guirnaldas y bañándose en el estanque que había junto a su casita y era totalmente feliz. No añoraba el mundo exterior, porque nunca lo había visto. Ni siquiera sabía que existiese otro lugar que no fuese su bosque. No conocía otros seres que no fuesen los gnomos, ninfas y sus propias hermanas y amigas, las hadas.

      Pero algo iba a suceder que cambiaría por completo su tranquila existencia y su vida.

     Un buen día, mientras recogía flores para tejer una corona con la que adornar sus cabellos, un inesperado sonido llamó su atención. A lo lejos se oían las notas de una dulce melodía. Cristal, que al fin y al cabo era mujer, no pudo contener su curiosidad y se adentró más y más en lo profundo del bosque, siguiendo el sonido de aquellas dulces notas. De pronto vio algo que le dejó fascinada. Le parecía el ser mas hermoso que había visto nunca. Era alto y esbelto y el color de su piel tenía un bonito tono dorado bruñido, que hacía que aun resaltasen más sus ojos tan luminosos y azules como el agua del estanque en el que ella se bañaba cada día.
     Estaba sentado bajo un árbol frondoso y tocaba una flauta a la que sacaba melodías increíbles. Vestía negras mallas, jubón verde con adornos plateados y una corta capa que le llegaba hasta la cintura. Su cabeza estaba cubierta por una especie de gorra, también verde y con un adorno de plumas que le caían graciosamente a un lado de la cabeza. Estaba tan inmerso en su música, que no advirtió la presencia de Cristal, que poco a poco fue acercándose hasta donde él estaba sentado y contemplaba ensimismada a aquel extraño y hermoso ser.
     De pronto, cuando Cristal trataba de acercarse un poquitín más, su falda se enganchó con una rama seca y cayó estrepitosamente al suelo, asustando al sorprendido músico, que no daba crédito de lo que estaba viendo. Ante él tenía a la criatura más maravillosa que había contemplado jamás.

     Era delicada y frágil como una porcelana y sus ojos, de un verde intenso, iluminaban todo aquello que miraban; su larga y ondulada cabellera era del color del sol y unas hermosas alas de un suave tono rosado salían de su espalda y se agitaban temblorosas.

    -¡Oh! Perdonadme -susurró Cristal algo avergonzada- si os he interrumpido, sólo trataba de oír mejor vuestra hermosa música.
   -Por favor, no os disculpéis -contestó el músico mientras tomándola de una mano, la ayudó a desprenderse de la rama que aun la tenía apresada por la falda.
- ¿Quién sois? -preguntó Cristal curiosa- no os había visto jamás por aquí.
   -Me llamo Orlando y cuando paseaba por el bosque, algo asustó de pronto a mi caballo que acabó derribándome al huir despavorido. He caminado durante toda la mañana tratando de encontrar el camino hasta el pueblo y al final, rendido, me he sentado un rato a descansar. Lo demás, ya lo sabéis...........

II

    -Venid conmigo, mi padre os prestará un caballo y podréis comer algo -dijo Cristal. Orlando aceptó encantado pues la verdad era, que ya llevaba muchas horas sin probar bocado y comenzaba a sentir hambre.
    En casa de Cristal fue recibido con alegría y curiosidad y sus hermanas no dejaban de dar vueltas y mas vueltas revoloteando a su altura y cuchicheando cosas al oído entre risas y alborotos. Luego comió con todos, queso, pan recién hecho, miel de flores y unas bayas rojas que la misma Cristal había recogido aquella mañana y que estaban deliciosamente dulces. Orlando no podía apartar los ojos de Cristal  mientras comían y un ligero cosquilleo le recorría la espalda. Luego se acostó.
    Aquella noche soñó con ella, soñó que corrían por el bosque montados en un hermoso caballo alado y que eran felices. Cristal, por el contrario, no pudo dormir en toda la noche. No dejaba de pensar en aquel hermoso desconocido y en la enorme atracción que sentía por él. El día amaneció precioso y soleado y el aire olía a violetas silvestres. Orlando se preparó para marchar después de haber desayunado un tazón de una sabrosa leche y unos deliciosos panecillos con miel. Montó en el corcel que el padre de Cristal le había dejado y partió, no sin antes prometer que regresaría para devolver el caballo.

    Pasaron los días y Cristal volvía cada atardecer al lugar donde encontró a Orlando con la esperanza de volver a oír la hermosa melodía que le llevó hasta él.Se había tornado algo triste y melancólica y su alegre risa ya no se oía por el bosque. Ahora se pasaba las horas sentada junto al estanque con la mirada perdida en la lejanía....

III

    Cristal sentía una sensación de inquietud y desazón que nunca hasta entonces había sentido y no sabía que clase de mal la aquejaba. Al fin se decidió a hacerle una visita a la anciana hada del bosque, cuya sabiduría era bien sabida de todos. La anciana escuchó atentamente su relato y al final sonriendo le dijo. No temas Cristal, no te aqueja ninguna enfermedad, simplemente te has enamorado, y eso es lo más bello del mundo. Tu corazón ya no es tuyo, ahora pertenece a Orlando.

    Cristal se marchó algo confusa y compungida, pues no entendía muy bien lo que había dicho la anciana. Pero al llegar a su casa, le esperaba una agradable sorpresa: allí junto a la chimenea encendida y charlando con su padre y hermanas, estaba Orlando, quien al ver a Cristal enmudeció de pronto y su sonrisa se hizo mas luminosa. Él tampoco había dejado de pensar en ella en todo este tiempo y venía decidido a pedirla en matrimonio.

    Toda la familia acogió con alegría la noticia, todos, menos el padre de Cristal, que levantándose de pronto dijo estas fatídicas palabras: -¡no puede ser, ¡eso es imposible!
   -Pero padre, ¿por qué? -exclamó Cristal-. Si el me ama y yo le amo, ¿qué ocurre?
   -Hija mía, ¿aun no lo has comprendido? Tu eres un hada y solo habitas en la imaginación de la gente y si sales de este bosque encantado para ir al mundo real, morirás.
    Cristal lloró amargamente todo el día y toda la noche y nadie consiguió, ni siquiera Orlando, que saliera de su habitación.

    A la mañana siguiente, mientras todos dormían, Cristal se fue a visitar a la anciana hada del bosque, pidiéndole entre lamentos y llantos, que la ayudase. La anciana consultó El Libro de Los Conjuros y al final le dijo: -quizá pueda hacerse algo.
   -Harás lo siguiente, pregunta a tu amado si estaría dispuesto a renunciar a lo que hasta ahora ha sido su mundo, y si su respuesta es afirmativa, le das a beber esta poción que he preparado con jugo de caléndulas, hojas de eucalipto y el ingrediente principal: polvo de alas de mariposa. Se lo darás esta noche antes de acostarse y....


 IV

    El día siguiente amaneció radiante. Orlando se levantó el primero y salió al bosque con la intención de recoger algunas flores con las que obsequiar a su amada. El sol brillaba más que nunca y el cielo lucía un color turquesa espectacular, la brisa llegaba tibia y perfumada con el aroma de las múltiples flores silvestres, los pajarillos trinaban alegres y las mariposas y libélulas, revoloteaban dando la bienvenida a aquel día tan maravilloso.
    Orlando se acercó al estanque para contemplar a los pececillos, y de pronto,......¡Oh sorpresa! No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Reflejadas en el agua, vio unas hermosas alas de un suave tono azul que salían de su espalda. ¡El brebaje de la anciana había funcionado! Ya no había nada que pudiera impedir su unión con Cristal, pues ahora el también era uno de ellos.

    Volvió a la casita gritando y saltando de júbilo y despertando con sus muestras de alegría a los que aun dormían.
    Todos quedaron maravillados de tal prodigio y aquel mismo día, comenzaron los preparativos para la boda. Todos los duendecillos, gnomos, hadas y ninfas del bosque ayudaron a preparar el acontecimiento. Así que, cuando por fin llegó el tan esperado momento, todo estaba precioso y habían guirnaldas de flores por todas partes y las luciérnagas habían formado un arco luminoso por donde tenían que aparecer los novios. Cristal estaba muy hermosa con sus galas nupciales y Orlando lucía un jubón blanco y dorado que le sentaba muy bien.

EPÍLOGO

    La boda fue preciosa y todas las criaturas del bosque fueron invitadas a la fiesta; en la cual habían reservando un lugar preferente para la anciana hada, la autora del prodigio que había unido a ambos jóvenes.....

....Y por lo que sé, hasta el día de hoy, allí siguen viviendo felices por siempre jamás.

¿Te gustaría ver a Cristal y Orlando?
Cierra los ojos, deja volar tu imaginación y  pide tu deseo, ellos vendrán, seguro.
¡¡Suerte!!                    

           FIN

                                               Julia L. Pomposo


sábado, 10 de octubre de 2015

Un cuento de Jorge Bucay


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

 El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.
 Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.
El rey preguntó: ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado.En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".
Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mirate a vos mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o podes marchitarte en tu propia condena...

martes, 6 de octubre de 2015

La Leyenda de la golondrina y la corona de espinas

Dice la tradición popular que un grupo de golondrinas aliviaron el sufrimiento de Jesús de Nazareth durante su martirio en el Monte de El Calvario, arrancando con sus picos las espinas de la corona que perforaban y herían su frente.

Se recogen en el folklore popular español numerosas alusiones en forma de cantares y coplillas, como esta, muy popular en la localidad de Feria, Badajoz:

En el monte Calvario
las golondrinas
le quitaron a Cristo
las mil espinas.

Y en el ámbito madrileño, en Estremera de Tajo, es muy popular también la siguiente canción:

Ya bajan las golondrinas
con el vuelo muy sereno
a quitarle las espinas
a Jesús el Nazareno.
Ya vienen las golondrinas
con el pañuelo en la mano
pa quitarle las espinas
a Jesús de Zirizaino.

Se dice así mismo que el color oscuro que llevan en el dorso, se lo pusieron las golondrinas como símbolo de luto, ante la muerte de Jesús.


A cualquier persona que le preguntemos sobre la divinidad de las golondrinas en toda nuestra geografía, nos dará la misma respuesta: "Las Golondrinas son de Dios", encontrando también un sentimiento de proteccionismo, sin duda asociado a este carácter divino de estas aves: "Las Golondrinas no se matan".

No obstante no es tan popular entre la gente el conocimiento del hecho que se las atribuye y que las encumbró a la divinidad, aquello de que quitaran las espinas de la corona de Jesús.

Y aún menos conocida es esta bonita Leyenda Guadarrameña, que recuperó, o tal vez creó, el poeta de Cercedilla Francisco Acaso.

Dice esta leyenda que la primera de las golondrinas que le quitó una espina a Jesús cuando ya estaba crucificado, salió volando con la espina en el pico y anduvo perdida, quién sabe cuánto tiempo, cruzando mares, surcando por el cielo valles y montañas, hasta que vino a caer rendida sobre la cumbre de un anónimo cerro, que desde entonces tomó su nombre.

Se trata del Cerro de La Golondrina, en las inmediaciones de la madrileña localidad de Navacerrada.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Kamshout y el otoño

Hubo un tiempo en que las hojas del bosque eran siempre verdes. En ese entonces el joven sélknam Kamshout partió en un largo viaje para cumplir con los ritos de iniciación de los klóketens.

        El joven iniciado tardó tanto en volver que el resto del grupo lo dio por muerto. Cuando nadie lo esperaba, Kamshout volvió completamente alterado y empezó a relatar su sorprendente incursión en un país de maravillas, más allá en el lejano norte.

        En ese país los bosques eran interminables y los árboles perdían sus hojas en otoño hasta parecer completamente muertos. Sin embargo, con los primeros calores de la primavera las hojas verdes volvían a salir y los árboles volvían a revivir. Nadie creyó la historia y la gente se rió de Kamshout quien, completamente enojado, se marchó al bosque y volvió a desaparecer.


        Luego de una corta incursión por el bosque, Kamshout reapareció convertido en un gran loro, con plumas verdes en su espalda y rojas en su pecho. Era otoño y Kamshout -a partir de entonces llamado Kerrhprrh por el ruido que emitía- volando de árbol en árbol fue tiñiendo todas las hojas con sus plumas rojas.

        Así coloreadas, las hojas empezaron a caer y todo el mundo temió la muerte de los árboles.
        Esta vez la risa fue de Kamshout.

     
En la primavera las hojas volvieron a lucir su verdor, demostrando la veracidad de la aventura vivida por Kamshout. Desde entonces los loros se reunen en las ramas de los árboles para reirse de los seres humanos y así vengar a Kamshout, su antepasado mítico.


lunes, 7 de septiembre de 2015

EL CUADRO DEL NIÑO LLORÓN

                (Leyenda urbana)
Héctor era un amante del arte y, aunque vivía en una situación realmente cómoda (económicamente hablando), sabía que sus recursos eran limitados y por ello no dudaba en recurrir al mercado negro cuando quería obtener una nueva pieza para su colección.                  

El tráfico de obras de arte de dudosa procedencia estaba en auge, pues durante y después de la Segunda Guerra Mundial muchos fueron los soldados y oficiales que saquearon museos o las mansiones de los más ricos, llevándose cuanto en ellas encontraban. No era por esto extraño que Héctor comprara verdaderas gangas y cuadros muy por debajo de su valor.

En algunos casos el mismo Héctor se encargaba de encontrar al comprador perfecto y revenderlos posteriormente, multiplicando el precio que había pagado, pero en otros quedaba prendado de la belleza de alguna obra y decidía quedársela él mismo o guardarla algo más de tiempo hasta que decidía si la vendería o serviría para ampliar su gran colección. Ese fue el caso de un cuadro que le dejó sin habla nada más verlo…

En el lienzo podía observarse el rostro de un niño llorando con una expresividad casi única, sin conocer su historia se podía intuir el gran sufrimiento que había padecido el pequeño, un llanto que el artista había captado con tal realismo que sólo mirarlo te imbuía en una gran tristeza.

Héctor estaba decidido, quería comprar esa obra, pero no podía demostrar mucho su interés si no quería que el precio se disparase.

- ¿Y éste cuánto cuesta? – preguntó Héctor.
- Ese es de los caros – le dijo el comerciante ilegal – pero como usted es buen cliente se lo dejo en 100 pesetas.
- ¿100 pesetas? – dijo Héctor con tono malumorado – Pero si a este pintor no lo conoce ni su madre.

En el lienzo podía leerse la firma de un tal Giovanni Bragolin, sin duda un desconocido, aunque eso no era un impedimento para Héctor, que sabía apreciar el arte y no dudaba en que esa obra la podía vender fácilmente al triple del precio que le había marcado.

- Te doy 50 pesetas, esa es mi última oferta y deja de tratarme como a un ignorante o no me volverás a ver el pelo nunca más.
- Disculpe, don Héctor – dijo el vendedor con tono sumiso –, se lo envuelvo ahora mismo.

Héctor se fue a su casa con el cuadro bajo el brazo, una tela vieja lo protegía de las miradas de curiosos y por algún extraño motivo sentía que debía ser así, como si se tratara de un niño real al que hubiese adoptado. Sus lágrimas lo habían conmovido tanto que sentía un profundo pesar cuando recordaba su obra recién adquirida.

Para el cuadro reservó un lugar especial en la habitación en la que dormía, no quería que quedase expuesto a las miradas de las visitas en el salón, al menos no hasta descubrir algo más de su procedencia y el autor. Apuntó en una hoja de papel el nombre del pintor: Giovanni Bragolin. Al día siguiente (y como había hecho en muchas otras ocasiones) acudiría a la biblioteca a buscar información, tal vez el lienzo era más caro de lo que él pensaba.

Al finalizar el día, Héctor se acercó de nuevo al cuadro del niño llorando, se quedó mirándolo durante varios minutos, observando con detalle su compungido gesto. Trató de imaginarse qué pudo causar las lágrimas del pequeño: el hambre, un castigo, malas calificaciones… No, sin duda había una historia mucho más dura detrás de las lágrimas, tal vez la muerte de un hermano o de sus padres. El llanto era desconsolado, pero a la vez mostraba una profunda tristeza y miedo a quedarse solo. Sí, eso debía ser, era algún huérfano de los miles que había dejado la guerra.

Héctor se acostó en la cama mirando hacia el niño, como si tuviera que protegerlo y velar por su descanso. Estaba agotado así que no tardó mucho en dormirse, pero esa noche no podría conciliar el sueño como él hubiese querido…

De madrugada un leve quejido le despertó, era indudablemente el llanto de un niño, la oscuridad no le permitía ver con claridad, pero sin duda el sonido provenía del cuadro. Se levantó y pudo ver como de los ojos del niño parecían brotar lágrimas reales que goteaban hasta el suelo y habían formado un pequeño charco. Impresionado, se quedó mirando fijamente a los ojos del pequeño cuando… ¡Sintió que se movían levemente para mirarle directamente!.

Se pegó tal susto que casi se cae de espaldas, pero por suerte la cama estaba cerca y pudo sentarse sobre ella, totalmente bloqueado por el miedo.

Los ojos del pequeño se clavaban sobre los suyos y su gesto triste tornó a uno enfurecido, sus ojos parecían arder y cambiaron su azulado color por un tono rojizo que parecía echar chispas, de repente el marco del cuadro comenzó a arder con unas llamas tan intensas que rápidamente envolvieron toda la habitación…

Héctor se despertó totalmente empapado en sudor, todo había sido una pesadilla, miró al cuadro y no percibió nada extraño, el niño seguía igual y no había ningún fuego a punto de devorarlo. Trató de conciliar nuevamente el sueño, pero le resultaba muy difícil, así que decidió levantarse para beber un poco de agua. Al pasar cerca del cuadro casi se cae al suelo cuando resbaló sobre un pequeño charco que había justo debajo y era idéntico al de su sueño.

Héctor, que nunca había sido muy asustadizo, trató de encontrar explicación: ¿una gotera?, ¿una tubería rota?, todo parecía imposible pues ni estaba lloviendo ni había ninguna bajante de agua en el cuarto. Descolgó el cuadro y lo dejó sobre una silla de la habitación para comprobar que no hubiera ninguna mancha de humedad detrás del lienzo: no había nada extraño. Intentó calmarse y no darle más importancia, pero esa noche no pudo volver a dormir y sin poder evitarlo seguía echando miradas furtivas al niño del cuadro que reposaba sobre la silla.

Al llegar la mañana desayunó, se aseó y decidió salir a buscar más información sobre el artista. Su búsqueda en la biblioteca no tuvo éxito, toda una mañana perdida entre libros. Pero había algo que no cuadraba, el estilo le resultaba familiar e incluso estaba seguro que había visto ese apellido en alguna otra parte. Así que decidió consultar a Ernesto, otro traficante de obras de arte como él, con el que había tenido más de una vez algún problema al tratar con los mismos clientes o pujar en alguna subasta por el mismo cuadro.

- Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí – dijo Ernesto –; si es mi gran amigo Héctor, supongo que ya no estás resentido porque la condesa no te comprara aquel horroroso retrato.
- Buenas tardes, Ernesto, digamos que la cosa quedaría en paz si me ayudas a encontrar algo de información sobre un artista – le dijo mientras le tendía el trozo de papel donde estaba apuntado el nombre del autor.
- Hombre, pero si es mi gran amigo Bragolin, por supuesto que puedo darte información, pero el tema es… ¿qué saco yo a cambio? – dijo devolviendo el papel a Héctor.
- Supongo que lo de que quedemos en paz no es suficiente, ¿no?.
- Hombre, yo estaba pensando en algo más como un 30% de la venta; si es el cuadro que pienso, hay un buen beneficio para ambos.
- Un 20% y es mi última oferta (esa frase parecía funcionarle siempre).
- De acuerdo, un 25% y dejamos “en paz” el tema de condesa, al fin y al cabo somos “colegas” en este negocio.

Héctor asintio y tomó asiento en un viejo sillón que Ernesto le indicó con la mano.

- Como habrás podido adivinar el nombre de Giovanni Bragolin no es más que un pseudónimo, el nombre real del artista es Bruno Amadio. Es un fascista detestable y sin escrúpulos del que se dice que tuvo que huir de Italia al acabar la guerra. Hace un par de años me crucé con él medio por casualidad en una taberna sevillana, estaba tan borracho que no paraba de decir estupideces sobre el Diablo y todo el dinero que iba a ganar. Lo cierto es que poco tiempo después el pseudónimo con el que firmaba sus obras se empezó a hacer muy popular y escuché que consiguió vender varias de sus obras a una duquesa. Pero el hombre estaba tan desquiciado que parece que no pudo disfrutar mucho de su fortuna, se mudó aquí a Madrid y desapareció.

Héctor, que se había mantenido callado escuchando con atención, le preguntó:

- No quisiera arriesgarme a vender una obra robada aquí en España, ¿no será el cuadro que compré uno de los de la duquesa?
- No, por eso no te preocupes, hasta donde sé ha pintado 27 retratos de niños llorando, pero nunca ha conseguido el mismo realismo que fue capaz de imprimirle al primero. Los 26 restantes son mas o menos conocidos y se pueden localizar con facilidad, incluso hay algunas falsificaciones circulando. Pero algo me dice que el que tienes tú es el primero, la cara con la que me escuchabas es la misma que puse yo cuando vi el cuadro aquella noche en Sevilla. ¿Es precioso verdad? Esos ojitos parecen estar llorando de verdad.
- Ni te lo imaginas, es tan bonito que cuesta desprenderse de él.
- Pues, amigo, te aseguro que cuando se lo llevemos a la duquesa vas a tener como poco más de 100.000 razones para querer venderlo.

Héctor y Ernesto se estrecharon la mano y quedaron en partir hacia Sevilla al día siguiente. Lo que había escuchado era mucho más de lo que jamás había podido imaginar, un auténtico dineral en la época y de paso se podría deshacer de ese cuadro que le provocaba escalofrios y ternura a partes iguales.

Tras tomarse una cerveza en el camino para celebrarlo y cenar algo en una tasca de mala muerte justo bajo su casa, Héctor subió a apartamento y entró en su dormitorio…

En el suelo estaba el cuadro que parecía haberse caído de la silla donde lo dejó por la mañana, lo volvió a subir a la silla, verificando que no se hubiera roto con el golpe, y se desvistió para ir a dormir. Mientras se quitaba la ropa escuchó nuevamente como el cuadro golpeaba el suelo, era como si tuviera vida y no quisiera estar relegado a un lugar tan ruín como una silla. Héctor no quería arriesgarse a romper una obra tan preciada, así que colgó el cuadro nuevamente en la pared donde lo había hecho la noche anterior. Pasados unos minutos, el cansancio de no haber pegado ojo la noche pasada le pasó factura y cayó en un profundo sueño.

Exactamente a la misma hora que la noche anterior un llanto le despertó, el hombre se levantó y, como la noche pasada, pudo verificar que las lágrimas del niño salían del cuadro y mojaban el suelo. El niño se giró y fijó sus ojos sobre los suyos, sólo que esta vez Héctor no reculó ni retiró la mirada. Se quedó buscando una explicación en el interior de los ojos del chiquillo. Sin saber muy bien cómo, pareció adentrarse en sus pensamientos y pudo ver lo que tanto temía…

Como si de un simple espectador se tratase, pudo ver la estampa de un orfanato italiano en la que se agolpaban decenas de niños que habían perdido a sus padres, entre todos ellos pudo distinguir al niño de su cuadro, llorando en una esquina de forma desconsolada. Un hombre vestido con el típico uniforme de las Camisas Negras (fascistas italianos) le retrataba sin dejar de insultarle y golpearle con sus duras botas militares cada vez que cesaba el llanto. Había algo malvado en aquel hombre pues, como si estuviera poseido, pintaba a una velocidad infernal y sonreía con una grotesca mueca de satisfacción cuando veía al pequeño llorar.

La siguiente imagen que le vino a la mente fue la del cuadro en uno de los pasillos del orfanato. Por alguna extraña razón el artista lo había dejado allí mismo tras concluir su obra. Cuando los niños estaban durmiendo el cuadro tomó vida como en su sueño, primero los ojos del niño se volvieron rojos y después una bocanada de llamas comenzó a brotar de los marcos del cuadro, misteriosamente sin dañar el lienzo que parecía no poder quemarse con las llamas.

El fuego rápidamente se propagó cerrando la única posible vía de escape de decenas de niños huérfanos que gritaban de dolor cuando las llamas comenzaron a quemar sus pequeños cuerpecitos. El niño del cuadro asistió muerto de miedo, desde una esquina de la habitación, a cómo el resto de sus compañeros ardían uno por uno, era como si el fuego se comportara de una forma inteligente y le dejara para el final disfrutando de sus lágrimas y del sufrimiento que sentía al ver morir a sus amiguitos. Hasta que finalmente el mismo niño ardió profiriendo horribles gritos de dolor que duraron más de dos minutos.

De nuevo la imagen cambió y pudo verse el orfanato devastado y derruido por las llamas, sobre los restos humeantes había un objeto que parecía no haber sufrido las inclemencias de las altas temperaturas, un lienzo parcialmente enrollado en el que podía verse el rostro lloroso del niño que había muerto esa misma noche junto a sus 26 compañeros. El hombre vestido con el uniforme fascista caminó sobre las ascuas del orfanato como si el calor no le afectara y recogió su obra. Al extenderla, la miró fijamente a los ojos y éstos se volvieron rojos y una voz de ultratumba le dijo:

- Con esto se completa nuestro pacto, nunca más sufrirás por dinero o tendrás necesidad, disfruta de tu vida terrenal, pues yo te estaré esperando en la otra vida.

Héctor veía todo como un simple espectador hasta el momento que escuchó al mismo Diablo proferir aquellas palabras, en ese momento dio un paso atrás y pudo ver como el niño del cuadro le miraba fijamente con los ojos rojos y su boca comenzaba a moverse:

- Tú me has llamado, ¿qué es lo que deseas?, ¿dinero?, ¿mujeres?. Todo lo que quieras yo te lo daré.

Héctor saltó hacia atrás sobre la cama con la mala fortuna de que se golpeó en la cabeza al rodar sobre ésta: el golpe pareció despertarle de su pesadilla, ya que al mirar nuevamente al cuadro, éste mostraba su aspecto normal, el de un niño llorando desconsoladamente.

Pero sabía que no había sido un sueño, un pequeño charco bajo el cuadro delataba que lo que había visto y vivido era real… Sin importarle el dinero que supuestamente iba a recibir por el cuadro, fue corriendo a la cocina, sacó un cuchillo de un cajón y se dirigió corriendo con la intención de desgarrar el cuadro y acabar de una vez con la maldición. Pero al entrar en la habitación la puerta se cerró de un fuerte golpe detrás de él y el cuadro nuevamente mostró su lado más diabólico cuando el niño, con los ojos rojos, se giró a mirarle. Una vez más las llamas comenzaron a quemar todo a su alrededor y Héctor no pudo más que sufrir una de las muertes más atroces posibles mientras el fuego parecía deleitarse con su sufrimiento, quemándole léntamente hasta dejarle totalmente carbonizado.

Misteriosamente ninguna otra parte del edificio ardió y los vecinos no escucharon los alaridos de dolor de Héctor, por lo que a la mañana siguiente, cuando Ernesto pasó por el apartamento de Héctor para emprender juntos su viaje a Sevilla, encontró la puerta abierta y temiendo lo peor entró en el cuarto de su “colega” de profesión, donde encontró todo carbonizado… salvo el lienzo del niño llorando sobre el cuerpo abrasado de Héctor.

Ernesto nunca había sido un hombre con escrúpulos y no iba a empezar a serlo esa mañana, así que tomó el cuadro y salió corriendo del lugar antes de que la policía o algún vecino pudiesen descubrir el destino de Héctor. Debía darse prisa para llegar a Sevilla y poder vender ese cuadro… o tal vez no, pensó mientras lo miraba sentado en uno de los asientos del tren.

Al fin y al cabo era tan bonito y… ¡Tenía que protegerlo!

NOTA
Los cuadros de los niños llorones son obras de arte reales de Bruno Amadio. Un artista italiano nacido en Venecia en 1911 y que tras la Segunda Guerra Mundial se afincó en España, concretamente en Sevilla y posteriormente en Madrid donde se le perdió el rastro. Firmaba sus obras con varios psudónimos como: Angelo (Giovanni) Bragolin, Franchot Seville y J. Bragolin.

lunes, 31 de agosto de 2015

Robin Hood. El legendario proscrito del bosque de Sherwood


Las aventuras de Robin Hood forman parte del imaginario colectivo desde hace más de 600 años. A Robin nos lo imaginamos como un temerario proscrito que lidera su banda de Hombres Alegres, cuntra el tirano príncipe Juan Sin Tierra y el malvado sheriff de Nottingham.

Robin Hood era un arquero infalible que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y vivía con su banda en el bosque de Sherwood.

Se desconocen los orígenes de este icónico personaje pero muchos creen que la leyenda de Robin Hood está basada en la vida de Fulk FitzWarin, un noble normando desposeído de sus tierras y
proscrito por su archienemigo, Juan Sin Tierra. Existe otra teoría que dice que Robin era un noble, el conde de Locksley, que al regresar de las Cruzadas encontró sus tierras saqueadas por el taimado sheriff de Nottingham.

La tierra de Robin Hood

Robin Hood es el símbolo de la región de Nottinghamshire, donde todo te va a recordar a nuestro intrépido bandido. Incluso las señales de carretera llevan un pequeño dibujo de Robin Hood con su arco, una forma de darte la bienvenida a la tierra de Robin Hood Country.

La primera parada en este viaje a una de las leyendas más antiguas de occidente es el bosque de Sherwood, también llamado “el corazón de roble de Gran Bretaña” porque está formado principalmente por robles centenarios que se intercalan con claros silvestres. Una de las primeras referencias escritas a Robin Hood, un poema del año 1400, asocia claramente al proscrito con este bosque:

Robin Hood, el hombre de Sherwood, encapuchado y odiado, vestido y calzado .
Veinticuatro flechas llevaba en las manos.

La guarida de Robin Hood

Major Oak in Sherwood Forest Source:Chris Guise Credit: Chris Guise
No te marches de Sherwood sin visitar el Gran Roble. Tiene cerca de 800 años y dice la leyenda que en su tronco hueco estaba la guarida secreta de Robin Hood. El Gran Roble ha sido elegido el árbol favorito de Gran Bretraña, su tronco tiene 10 metros de circunferencia y sus ramas miden más de 28

Nottingham

En Nottingham vivía el eterno enemigo de Robin Hood: el sheriff de Nottingham, que trabajaba para el malvado Juan Sin Tierra y aterrorizaba sin piedad a los habitantes de Nottingham. Aunque la ciudad ha cambiado mucho desde la Edad Media, puedes disfrutar de las aventuras del héroe encapuchado en la atracción turística más visitada de la ciudad, Tales of Robin Hood, que te llevará a los tiempos de Robin para que te unas a él en su lucha contra la avaricia y la tiranía.

Adéntrate en la recreación del bosque de Sherwood, donde tendrás que escapar de los lobos y esquivar las flechas de los centinelas del castillo y del sheriff mientras te persiguen por entre los árboles. Pero no temas, porque Robin y sus amigos te protejerán.

Aquí yace Robin Hood

Casi todas las fuentes coinciden: Robin Hood murió en la garita de Kirklees Priory, una abadía en el oeste de Yorkshire. La leyenda dice que en su lecho de muerte lanzó una flecha por la ventana y les dijo a sus hombres que quería que le enterraran allá donde la flecha cayera. La flecha cayó en las tierras de la abadía y hoy una tumba señala el lugar exacto en el que yace Robin Hood.


lunes, 10 de agosto de 2015

Pequeño poema infantil (Ruben Darío)

Las hadas, las bellas hadas,
existen, mi dulce niña,
Juana de Arco las vio aladas,
en la campiña.

Las vio al dejar el mirab,
ha largo tiempo, Mahoma.
Más chica que una paloma,
Shakespeare vio a la Reina Mab.

Las hadas decían cosas
en la cuna
de las princesas antiguas:
que si iban a ser dichosas
o bellas como la luna;
o frases raras y ambiguas.

Con sus diademas y alas,
pequeñas como azucenas,
había hadas que eran buenas
y había hadas que eran malas.

Y había una jorobada,
la de profecía odiosa:
la llamada
Carabosa.

Si ésta llegaba a la cuna
de las suaves princesitas,
no se libraba ninguna
de sus palabras malditas.

Y esa hada era muy fea,
como son
feos toda mala idea
y todo mal corazón.

Cuando naciste, preciosa,
no tuviste hadas paganas,
ni la horrible Carabosa
ni sus graciosas hermanas.

Ni Mab, que en los sueños anda,
ni las que celebran fiesta
en la mágica floresta
de Brocelianda.

Y, ¿sabes tú, niña mía,
por qué ningún hada había?
Porque allí
estaba cerca de ti
quien tu nacer bendecía:
Reina más que todas ellas:
la Reina de las Estrellas,
la dulce Virgen María.

Que ella tu senda bendiga,
como tu Madre y tu amiga;
con sus divinos consuelos
no temas infernal guerra;
que perfume tus anhelos
su nombre que el mal destierra,
pues ella aroma los cielos
y la tierra.

jueves, 30 de julio de 2015

Ave del Paraiso (flor y ave, verdad y leyenda)

LA FLOR

En los tiempos de la Colonia y siendo Virrey Mendoza, llega de España Hernán de Montoya, Conde de Barcelona, y se establece en Cuernavaca en la hacienda "El Paraíso". Allí conoce a una linda mestiza llamada Carmen y se enamora perdidamente de ella. Carmen responde también a sus sentimientos y se casan muy enamorados.

Cerca de ahí en otra hacienda, Rodrigo Hernández jura vengarse de Carmen por haberlo despreciado; entonces, finge ser amigo de Hernán y lo visita con demasiada frecuencia. Hernán y Carmen mientras tanto, eran muy felices, la gente que estaba a su alrededor los quería mucho porque sabían ser buenos patrones y amigos. A ellos les gustaba cultivar y arreglar su jardín, que en poco tiempo se hizo famoso por su hermosura.

Mientras tanto, Rodrigo aprovechaba sus visitas para poner un veneno en la comida de Hernán. Él se fue enfermando y murió sin que nadie supiera qué había pasado. Carmen decidió enterrarlo en el jardín que tanto querían. Esa misma noche, en las orillas de la tumba, creció una flor parecida a un ave, pero su color era gris.

Cuentan que cada noche, esa flor se convertía en pájaro y volando iba a la hacienda de Rodrigo y le tocaba en la ventana. Rodrigo se llenaba de terror y al no poder soportar estas apariciones se volvió loco.

Carmen no pudo soportar estar separada de su gran amor, y poco a poco murió de tristeza. La enterraron junto a la tumba de su esposo. Esa noche, la flor color gris cambió a color naranja, llena de vida.

En la mañana, todos estaban sorprendidos por esa flor llena de vida y de color. Desde entonces, se le conoce como Ave del paraíso. Le pusieron el nombre de ave por la forma de la flor, y paraíso por la hacienda.


EL AVE 

Es un animal apreciado. En una ocasión un curandero Don Rómulo Magín me explico un cuento leyenda que le atribuían al Colibrí.

R: Si en una toma de ayahuasca o en tu dieta te aparece un colibrí, es buena señal.

F: ¿Por qué?

R: El colibrí es el único ser de este mundo que ha visto a Dios y ha hablado con él.

En una ocasión el colibrí estaba pensativo mirando al cóndor la altura que tomaba en sus vuelos y viendo que él no podía volar a esas alturas y además quería poder ver a Dios de cerca.

Un buen día se acerco sigilosamente a un cóndor y se monto en su lomo y cuando el cóndor empezó a volar hacia el cielo y llego a lo más alto del firmamento, el colibrí pensó: “ahora es la mía”. Cogió fuerzas y comenzó a volar más hacia arriba y consiguió ver a Dios y charlar con él. De vuelta se subió de nuevo en el cóndor y regreso a la tierra.

Y por eso es el animal más inteligente del Planeta y que ha conseguido hablar con el creador.

El ave del paraíso es una magnífica ave de 30 centímetros aproximadamente, que vive en los bosques tropicales de Indonesia, de Nueva Guinea y del norte de Australia.

El macho posee un magnífico conjunto de plumas amarillas, rojas y azules, con un cuello azul o negro, según las especies, y un cuerpo marrón o rojizo. Se alimenta básicamente de frutas y granos, a veces también de pequeños animales. Su plumaje multicolor es tan bonito que se le ha denominado Ave del Paraíso.



Las leyendas asociadas a la que los exploradores y colonos europeos denominaron Ave del Paraíso se pierden en la noche de los tiempos. Se encuentran sus huellas tanto entre los aborígenes de Australia, como en las tribus africanas de Nueva Guinea e islas vecinas. Cuentan, por ejemplo, que se trata de un ave que puede volar día y noche sin descanso, que se alimentaba exclusivamente del perfume de las flores y que además es un niño y un mensajero del Sol…