Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarle salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas

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martes, 7 de abril de 2020

Isla de San Borondón (La isla fantasma)

Mito, leyenda, tradición y misterio oceánico que deambula errante por los mares de Canarias.
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 En el año 480 de la Era del Señor nació Brandán en Irlanda. Desde muy joven entra en la orden benedictina. Cuentan que un día que navegaba en busca de tierras que evangelizar, cuando el crepúsculo se apoderaba de la noche, encontró una isla. Los navegantes saltaron, a esa supuesta tierra firme a descansar de jornadas en un mar tenebroso y desconocido.El silencio y la oscuridad atrajeron a los marineros que se entregaron al sueño, mientras, Brandán rezaba, observaba el cielo y el camino de los astros, hasta que se dio cuenta que lo que creía por tierra firme se movía hacia Oriente. Con el alba reunió a sus compañeros y les dijo: "no dejemos de dar gracias al Soberano y Dueño de todas las cosas, a este Dios cuya Providencia nos ha preparado en medio de los mares un nuevo bajel que no tiene necesidad ni de nuestras velas, ni de nuestros remos". Estaban navegando sobre el lomo de una gran ballena.

El viaje continuó lentamente durante 40 días, por mares abiertos y confiado en la Divina Providencia. Por fin la ballena, a la cual llamaban Jasconius, les arribó a una isla exuberante, altanera, con alegres cantos de mirlos y otros pájaros desconocidos, aguas de mar cristalinas donde los peces de mil colores jugaban con la espuma. Todo era quietud, paz, soledad en esa isla de limpias arenas negras, surcada por riachuelos, con extraños carneros, poblada de ricos frutos y de gratos aromas. ¿Sería el Paraíso? Siete años la habitaron. Y a ese paraíso de isla la leyenda le puso el nombre de San Barandán o San Borondón.
 Y el mito y el misterio siguió corriendo los siglos, hasta que el mismísimo Cristóbal Colón,  en su diario de a bordo anotaba el 9 de agosto de 1492, juraban muchos hombres honrados "...que cada año veían tierra al Oeste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de La Gomera afirmaban otro tanto con juramento". Y el
almirante puso rumbo al poniente, por donde aparecía San Borondón, en busca de tierras firmes. La isla aparece y desaparece llamando a navegantes y aventureros. Se hicieron expediciones en su busca que afirmaban haber estado en ella. Errante, viajera, inestable y misteriosa. Los que la han divisado, afirman que se encuentra entre el Hierro y La Palma. En 1958 el fotógrafo Manuel Rodríguez Quintero la logró captar con su cámara y su cartografía abarca siglos en mapas y portulanos.
Los canarios de las islas occidentales continúan mirando al horizonte en busca de esa isla de aves y plantas exóticas, seres extraños, arroyo cristalinos, aromas dulces, tiempos apacibles y frescos, nieve en el reino del aire, mar limpio repleto de peces de mil tonalidades, gigantescos dragos que parecen dragones, montañas de formas redondas, barrancos abismales.  Leyenda o realidad? Un mero espejismo, la sombra de otra isla que se proyecta sobre el mar? Sólo puedo decir que cuando tenía 13 o 14 años, tuve la suerte de haberla divisado sobre el horizonte. En realidad sólo pude distinguir su sombra sobre las aguas quietas del Atlántico. Ya sé que le intentarán dar cualquier explicación científica al fenómeno, pero a mí me queda en lo más hondo la esperanza de poder estar en esa isla en algún momento de lo que me queda de vida.


jueves, 19 de marzo de 2020

La leyenda de Seetetelané (Leyenda africana)


Érase una vez un hombre de gran pobreza que tenía que cazar ratones para sobrevivir y que carecía prácticamente de todo, siendo sus ropas tejidas a partir de la piel de los animales que cazaba y pasando a menudo frío y hambre. No tenía tampoco familia ni pareja, y pasaba su tiempo cazando o bebiendo.
Un día, mientras cazaba ratones, encontró un enorme huevo de avestruz que pensó en comerse más adelante. Lo llevó a su casa y lo escondió allí antes de volver a buscar más comida. Cuando volvió, tras haber conseguido solo dos roedores, se encontró con algo verdaderamente inesperado: tenía una mesa puesta y preparada con carne de cordero y pan. El hombre, viendo las viandas, se preguntó si se habría casado sin saberlo.
En ese momento del huevo de avestruz salió una hermosa mujer, que se presentó como Seetetelané. La mujer le indicó que permanecería con él como su esposa, pero le advirtió que jamás la llamara hija del huevo de avestruz o se desvanecería para no volver jamás. El cazador prometió no volver a beber para evitar llamarla jamás de ese modo.
Pasaron los días juntos y felices, hasta que un día la mujer le preguntó si le gustaría ser jefe de tribu y poseer toda clase de riquezas, esclavos y animales. El cazador le preguntó si podía proporcionárselos, a lo que Seetetelané rió y con un golpe de su pié abrió el suelo, saliendo de él una gran caravana con todo tipo de bienes, servidores, esclavos y animales.
Además, la mujer le hizo ver que se había vuelto joven que sus ropas eran cálidas y valiosas. También la casa se había transformado en otra, pasando de ser una choza a un hogar de piedra repleta de pieles.
Pasó el tiempo y el cazador hizo de líder para los suyos durante un tiempo, hasta que en una celebración el hombre empezó a beber. Debido a ello empezó a comportarse de manera agresiva, a lo que Seetetelané intentó calmarlo. Pero este la empujó y la insultó, llamándola hija de un huevo de avestruz.
Esa misma noche, el cazador sintió frío, y al despertar vio que ya no quedaba nada más que su antigua choza. Ya no era líder, no tenía animales ni sirvientes, ni sus ropas eran cálidas. Y ya no tenía a Seetetelané. El hombre se arrepintió de lo que había hecho y dicho. Unos pocos días más tarde, en parte debido a que se había acostumbrado a un nivel de vida mejor, el hombre enfermó y murió.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Las diez haditas

Había una vez una linda muchacha llamada Elsa. Su padre y su madre habían trabajado mucho y eran muy ricos pero querían de tal manera a su hija que nunca le permitían hacer ningún trabajo. Elsa no sabía barrer un cuarto, ni coser un vestido, ni cocinar la cosa más simple; no sabía más que reír y cantar todo el santo día. Sin embargo, era tan buena y tan dulce que todos la querían. Y muy pronto se casó con un joven muy bueno y que la amaba de verdad pero que vivía muy lejos de los padres de la joven.
Entonces comenzaron tiempos muy duros para la pobre Elsa. Había multitud de cosas que hacer en la casa y ella no sabía ni cómo empezar. Cuando ensayaba a hacer algo le resultaba tan mal que se sentía fatigada apenas había comenzado. La sirviente se le acercaba y le decía: -¿Cómo debo hacer esto?—¿Cómo arreglo esto otro? —Y Elsa sólo podía responderle: —No sé, no sé.
Entonces la sirviente agregaba: Pues yo tampoco sé. Y como veía que su ama no hacía nada en todo el día ella tampoco hacia.
El marido de Elsa estaba más que disgustado: jamás había un buen plato a la mesa, la comida no estaba nunca a su hora y toda la casa era un desorden. Por fin un día perdió la paciencia y con voz airada le dijo a su esposa: no es de extrañar que todo en la casa ande tan mal si tú permaneces todo el día mano sobre mano. ¡No sabes hacer nada con tus diez dedos!
Cuando salió, la pobre Elsa lloró amargamente, porque amaba a su marido y deseaba agradarlo, además, le disgustaba tanto como a él ver su casa tan sucia y descuidada.
—Quisiera saber hacer las cosas, decía, sollozando! Quisiera tener diez buenas hadas chiquitinas que me ayudaran a hacer el trabajo! Entonces sí tendría mi casa bien!
No había acabado de decir esto cuando un gigantesco viejo flaco apareció delante de ella: iba envuelto en una larga capa que lo cubría de la cabeza a los pies, y le dijo a Elsa:
—¿Por qué lloras, hijita?
—Lloro porque no sé cuidar de mi casa, le contestó la joven. No se hacer el pan ni los pasteles, ni se barrer, ni se coser; cuando pequeña no me enseñaron a trabajar y ahora nada se hacer. ¡Quisiera tener diez hadas que me ayudaran!
—Las tendrás, querida, dijo el viejo. Luego sacudió su gran capa gris y paf… diez hadas diminutas saltaron a tierra.
Serán tus servidoras, Elsa, siguió diciendo el viejo, son hábiles y fieles y harán todo lo que necesites. Pero, las gentes se admirarán de ver estas diminutas criaturas en la casa, por eso prefiero ocultarlas. Préstame tus manos. Esas manos que no sirven para nada!
—Elsa le tendió sus lindas manos blancas.
—Ahora, separa tus dedos, esos deditos inútiles.
— Elsa separó sus lindos dedos sonrosados. El viejo los fue tocando uno a uno y a medida que los tocaba iba llamando:
—Mano derecha: Pulgar, Indice, Corazón, Anular, Meñique. Y cada vez que tocaba y nombraba un dedo, una de las pequeñas hadas inclinaba la cabeza.
—Hizo lo mismo con la mano izquierda diciendo: “Mano izquierda. Pulgar, Indice, Corazón, Anular, Meñique”. Y las cinco hadas restantes inclinaron sus cabecitas.
—Hop! ¡Ocultaos! dijo el viejo. ¡Hop! ¡Hop! Y las diminutas hadas saltaron sobre las rodillas de Elsa, luego a sus manos y zas! se ocultaron todas en sus lindos dedos sonrosados. En cada dedo se escondió una. El viejo desapareció.
Elsa se quedó mirando sus manos admiradísima, como podréis suponer.
Pero muy pronto los dedos comenzaron a moverse. Las hadas diminutas no estaban acostumbradas a permauecer inactivas y tenían horror de aburrirse. Elsa se levantó y se acercó a la cocina; punto y seguido, las hadas diminutas se pusieron a medir la harina, a pesar el azúcar y la mantequilla, a partir los huevos y a amasar la pasta. En un abrir y cerrar de ojos la metieron al horno y cuando el pastel estuvo asado resultó excelente! Después las hadas diminutas cogieron la escoba y el plumero y tris, tras, la casa quedó limpia y arreglada. Y así todo el resto del día. Elsa iba de un lugar a otro y las hadas diminutas realizaron todo el trabajo a perfección.
Cuando la sirviente vio que su ama trabajaba tan bien, se puso ella a su vez, a la tarea, y pronto todo el menaje quedó concluido y Elsa tuvo tiempo de sobra para reír y cantar.
No hubo más quejas ni regaños en la casa; y el marido de Elsa se puso tau orgulloso de su mujer que decía a todos sus amigos: Mi abuela era una excelente ama de casa, mi madre lo mismo, pero mi esposa las sobrepasa. No tiene más que una sirviente, y, a juzgar por el trabajo que realiza se diría que tiene tantas servidoras como dedos en sus manos!
Elsa sonreía oyendo esto. ¡Por nada del mundo contaba lo de las diez hadas diminutas!


Revista Triquitraque 1937 (Desconozco el autor)

viernes, 28 de febrero de 2020

La perla del dragón (leyenda china)


Habitaba en la isla de Borneo, en la montaña más alta de la isla Kinabalu, un pacífico dragón que custodiaba celosamente una preciosa perla. Todos los días jugaba con ella; la lanzaba al aire y la recogía con la boca. Se sentía dichoso con su exquisita perla y no pedía nada más a sus días. Muchos habían intentado en vano arrebatarle su tesoro, ya que el dragón no estaba dispuesto a perder su única posesión.
No obstante, el emperador de China estaba dispuesto a retar al pacífico dragón y solicitó a su primogénito, el príncipe heredero, que consiguiera la perla para el tesoro imperial. Tras varios días de travesía, el príncipe divisó la montaña y, en su cima, al juguetón dragón. Ideó un plan para arrebatarle la perla sin correr peligro. Ordenó a sus hombres que construyeran una cometa capaz de soportar el peso de un hombre y una linterna de papel.

Tras siete días de arduo trabajo, los hombres del príncipe acabaron la cometa, la más hermosa jamás vista. Al caer la noche, montó en la cometa y voló a lo alto de la montaña. Se adentró sigilosamente en la cueva. El dragón dormía profundamente, portando en sus patas la preciada perla. Con sumo cuidado, le arrebató la joya y en su lugar dejó la linterna de papel. Hizo una señal a sus hombres para que recogieran la cuerda de la cometa. Aterrizó, sano y salvo, en la cubierta del barco.
Rápidamente, mandó izar las anclas y el barco zarpó a la mar, aprovechando una suave brisa. Cuando el dragón despertó, descubrió que le habían arrebatado la perla, dejándole una linterna de papel. Estalló en cólera. Comenzó a echar fuego y humo por la boca y se lanzó montaña abajo para atrapar a los ladrones. Rastreó todos los rincones de la isla, hasta que divisó en alta mar un junco chino. Se precipitó hacia el navío y gritó con todas sus fuerzas: «¡devolvedme mi perla!» Los marineros estaban aterrorizados.

El príncipe, en un intento desesperado por zafarse del dragón, mandó cargar el cañón más grande y disparó contra su furioso perseguidor. El dragón vio como entre la nube de pólvora salía una bola y pensó que era su perla. Abrió la boca para recoger su joya… Y se hundió en las profundidades del mar. El príncipe y sus hombres regresaron triunfantes, y la perla se convirtió en la joya más preciada del Reino de China.

martes, 18 de febrero de 2020

Fuegos de San Telmo


Historia y significado

Este fenómeno toma su nombre de San Erasmo de Formia (Sanct’ Elmo), patrón de los marineros, quienes habían observado el fenómeno desde la antigüedad y creían que su aparición era de mal agüero; aunque otros marineros lo asociaban con una forma de protección de parte de su patrono. Los marineros españoles harían referencia a San Pedro González Telmo.
Físicamente, es un resplandor brillante blanco-azulado, que en algunas circunstancias tiene aspecto de fuego, a menudo en dobles o triples chorros surgiendo de estructuras altas y puntiagudas como mástiles, vergas, pináculos y chimeneas.

El fuego de San Telmo se observa con frecuencia en los mástiles de los barcos durante las tormentas eléctricas en el mar, donde en tales circunstancias también era alterada la brújula, para mayor desasosiego de la tripulación. Benjamín Franklin observó correctamente en 1749 que es de naturaleza eléctrica. También se da en los aviones y dirigibles. En estos últimos era muy peligroso ya que muchos de ellos se cargaban con hidrógeno, gas muy inflamable, y podían incendiarse, tal como ocurrió en 1937 con el dirigible Hindenburg.
Se cuenta que el fuego de San Telmo también puede aparecer en las puntas de los cuernos del ganado durante las tormentas eléctricas y en los objetos afilados en mitad de un tornado, pero no es el mismo fenómeno que el rayo globular, aunque pueden estar relacionados.

En la Grecia antigua, la aparición de un único fuego de San Telmo se llamaba «Helena», por su sentido original de "antorcha", y cuando eran dos se les llamaba «Cástor y Pólux» los dioscuros o hijos gemelos de Zeus, patrones de los marineros que calmaban las tormentas a petición de estos.

Cristóbal Colón se topó con el fuego de San Telmo el 26 de octubre de 1493, en el contexto del segundo viaje a América, y este hecho fue redactado por su hijo:
Hernando Colón, Segundo viaje de Colón.
La Expedición de Magallanes y Juan Sebastián Elcano de la Primera Vuelta al Mundo también se topó con este fenómeno.​ Este fenómeno era algo conocido entre los marineros del siglo XVI y solía aparecer justo antes de la finalización de una tormenta, por lo que se creía que San Telmo protegía de este modo a los marineros.​ Estos hechos son recogidos en el diario de Antonio Pigafetta sobre su viaje con Hernando de Magallanes.

Se hallan referencias al fuego de San Telmo en las obras de Julio César (De bello Africo 47), Plinio el Viejo (Naturalis historia ii.101) y Herman Melville, así como en el diario de Antonio Pigafetta sobre su viaje con Hernando de Magallanes.

— ¡Mire arriba! —dijo Starbuck de pronto—. ¡El fuego de San Telmo en lo alto del palo mayor!
En efecto, los brazos de las vergas estaban rodeados de un fuego lívido, y las triples agujas de los pararrayos lucían con tres lenguas de fuego. Los mástiles enteros parecían arder.
— ¡Fuego de San Telmo, ten piedad de nosotros! — gritó Stubb.

lunes, 3 de febrero de 2020

La leyenda de Sakura (Japón)




La leyenda de Sakura comienza hace cientos de años en el antiguo Japón. Por aquel entonces los señores feudales libraban terribles batallas, en las que morían muchos combatientes humildes, llenando a todo el país de tristeza y desolación. Los momentos de paz eran muy escasos. No terminaba una guerra, cuando comenzaba la otra.

Pese a todo, había un hermoso bosque que ni la guerra había podido tocar. Estaba lleno de árboles frondosos que exhalaban delicados perfumes y consolaban a los atormentados habitantes del Japón antiguo. Por más combates que hubiera, ninguno de los ejércitos se atrevía a mancillar semejante maravilla de la naturaleza.

En aquel hermoso bosque había, sin embargo, un árbol que nunca florecía.Aunque estaba lleno de vida, en sus ramas nunca aparecían las flores. Por eso se veía desgarbado y seco, como si estuviera muerto. Pero no lo estaba. Simplemente parecía condenado a no disfrutar del color y el aroma de la floración.
El árbol permanecía muy solitario. Los animales no se le acercaban por miedo a contagiarse de su extraño mal. La hierba tampoco crecía a su alrededor por las mismas razones. La soledad era su única compañía. Cuenta la leyenda de Sakura que un hada de los bosques se conmovió al ver a aquel árbol que parecía viejo, siendo joven.

Una noche el hada apareció junto al árbol y con nobles palabras le hizo saber que quería verlo hermoso y radiante. Estaba dispuesta a ayudarle para que lo lograra. Entonces le hizo una propuesta. Ella, con su poder, haría un hechizo que duraría 20 años. Durante ese tiempo, el árbol podría sentir lo que siente el corazón humano. Tal vez así lograría emocionarse y quizás volvería a florecer.

El hada agregó que gracias al hechizo podría convertirse tanto en planta como en ser humano, indistintamente, cuando así lo deseara. Sin embargo,si al cabo de los 20 años no lograba recuperar su vitalidad y brillo, moriría inmediatamente.
Tal como el hada dijo, el árbol vio que podía convertirse en ser humano y volver a ser un vegetal cuando así lo quería. Probó a quedarse un largo tiempo como hombre, para ver si las emociones humanas le ayudaban en su propósito de florecer. Sin embargo, el comienzo fue una decepción. Por más que buscaba a su alrededor, solo veía odio y guerra. Entonces volvía a ser árbol durante una buena temporada.

Los meses fueron pasando y también los años. El árbol seguía como siempre y no encontraba entre los humanos nada que lo librara de su estado. Sin embargo, una tarde que se convirtió en humano, caminó hasta un arroyo cristalino y allí vio a una hermosa joven. Era Sakura. Impresionado por su belleza, el árbol convertido en humano se acercó a ella.

Sakura fue muy amable con él. Para corresponderle, él le ayudó a cargar el agua hasta su casa, que quedaba cerca. Tuvieron una animada conversación en la que ambos hablaron con tristeza del estado de guerra en el que se encontraba el Japón y con ilusión de grandes sueños.
Cuando la muchacha le preguntó cuál era su nombre, al árbol solo se le ocurrió decirle “Yohiro”, que significa “esperanza”. Los dos se hicieron muy amigos. Todos los días se encontraban para conversar, para cantar y para leer poemas y libros de maravillosas historias. Cuanto más conocía a Sakura, más necesidad sentía de estar a su lado. Contaba los minutos para ir a su encuentro.
Un día Yohiro no pudo más y le confesó su amor a Sakura. También le confesó quién era en realidad: un árbol atormentado, que ya pronto iba a morir porque no había logrado florecer. Sakura quedó muy impresionada y guardó silencio. El tiempo pasó y el plazo de los 20 años estaba por cumplirse. Yohiro, que volvió a tomar la forma de árbol, se sentía más triste cada vez.

Una tarde, cuando menos lo esperaba, Sakuro llegó a su lado. Lo abrazó y le dijo que ella lo amaba también. No quería que muriera, no quería que nada malo le pasara. Entonces, el hada apareció de nuevo y le pidió a Sakura que eligiera si quería seguir siendo humana, o fundirse con Yohiro en forma de árbol.

Ella miró a su alrededor y recordó los campos desolados por la guerra. Eligió entonces fundirse para siempre con Yohiro. Y se hizo el milagro. Los dos se convirtieron en uno solo. El árbol entonces, floreció. La palabra Sakura significaba “Flor de cerezo”, pero el árbol no lo sabía. Desde entonces, el amor de ambos perfuma los campos del Japón.

domingo, 5 de enero de 2020

Los tres deseos de los Reyes Magos

–  Mamá, mamá… Ana dice que los Reyes Magos son los padres, ¿es verdaaaad?

 La madre de Ignacio sonríe, le da un beso y le dice:
 –  Mira Ignacio. Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.
Su madre saca del cajón un sobre blanco. Lo abre y le dice a Ignacio:
–  Esta carta la recibimos en casa  el día en que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que  nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?
 –  ¡Sí mamá, por faaaavor! ¿Qué quieren los Reyes Magos de vosotros?
 –  Pues escucha y lo sabrás.
Así dice la carta:
Apreciado papá y apreciada mamá de Ignacio:
Somos  los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Ignacio. Es un niño  precioso que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6  de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les  dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para  decirles lo orgullosos que estamos de ellos.
 Pero  a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y  cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de  todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor,  un poquito torpe).
Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y  Baltasar ¡nuestro viejecito Baltasar, se olvida siempre de dónde tiene  la lista de los regalos. Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:
1er favor: Que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo cada Navidad: leerán  las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les  pondrán los regalos como si fuéramos nosotros, celebrando el cumpleaños  del Niño Jesús. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y  nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de  alegría.
2º favor: Como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a Ignacio hasta  que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá  guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya  no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan. El  secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya  pueden entender que nosotros les queremos mucho y que sabemos que en  ellos está el Niño Jesús, por eso pedimos ayuda a sus padres, las  personas que más los quieren a ellos.
3er favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para  comprar regalos a sus hijos.  Por eso, necesitamos que vuestros hijos se  conviertan «un poquito» en Reyes Magos y compartan algunos regalos con  los niños que no tienen tanta suerte como ellos.
Nada más. ¿No es demasiado, verdad?  Cuando Ignacio te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos  léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros  para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más lo queréis  en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de  perla.
Melchor, Gaspar y Baltasar

viernes, 13 de diciembre de 2019

Dos leyendas de Navidad sobre la flor de Pascua (Ponsetia)

Hace muchos años, en un pequeño pueblo de México, todos los habitantes se reunían en la iglesia
cada año durante el nacimiento de Jesús para dejarle algún regalo.Un pequeño niño llamado Pablo solo veía como todos iban y depositaban sus regalos pero él no tenía nada que regalar, él era muy pobre y eso lo hacía sentir mal. Pablo quiso esconderse para evitar que otros miraran que no tenía nada que dar, fue y se escondió en un rincón de la iglesia y comenzó a llorar, pero pronto de sus lágrimas que habían caído al suelo, comenzó a brotar una hermosa flor con pétalos rojos. Pablo comprendió que aquella flor era un regalo de Dios, para que Pablo se la regalara al niño Jesús. Contento fue y deposito aquella flor juntos con los demás regalos, pero manteniendo el secreto que había nacido de sus lágrimas.


Cuenta la  leyenda que había una niña de escasos diez años cuya madre tenía el encargo de tejer una cobija nueva para el pesebre del Niño Jesús de su iglesia, ya que la que tenía estaba muy vieja y raída. Ella aceptó encantada la distinción que le confería el párroco, empezó a elaborarla con gran entusiasmo, pero al caer gravemente enferma no pudo terminarla y la dejó a medias en el telar.
La niña preocupada intentó acabarla, pero sólo consiguió enredar todos los hilos y las madejas. Al día siguiente, al atardecer, empezó la procesión al templo de todos los lugareños y la pequeña escondida detrás de un gran matorral, llorando, los veía pasar con enorme tristeza pues su madre seguía enferma y no había cobijita nueva para el Niño. De pronto se le acercó una anciana bondadosa y le preguntó qué le pasaba.
Lucina, que así se llamaba la niña, le contó toda su pena y la buena mujer la consoló diciéndole que ya no se preocupara pues su mamá ya había sanado y que se apurara a cortar unas ramas de esa planta que la escondía y se las llevara como obsequio al Santo Niño.
La niñita, no daba crédito a lo que oía, pero obedeció dócilmente a la señora y con un manojo de aquellas ramas llegó corriendo al templo. Colocó con gran cuidado las varas alrededor del pesebre , mientras la gente en silencio la observaba.
De pronto todo se iluminó y de cada rama había surgido una enorme estrella roja que entibió rápidamente el ambiente.
La niña sonrió pues seguramente el divino Niño ya no pasaría más frío. Llena de contento salió corriendo y vió que todos los matorrales de la calle y las montañas, lucían estrellas radiantes iguales a las que había en el pesebre y que su humilde presente se había convertido en el más resplandeciente de todos los regalos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

El origen del martillo de Thor

La última de las leyendas nórdicas habla sobre la creación del poderoso martillo de Thor. Se dice que el dios Loki pensó que sería divertido rapar la cabeza de Sif, esposa de Thor, mientras dormía. Thor quedó furioso, y por ello quiso castigar a Loki.

Loki prometió conseguir nuevos cabellos con los enanos, que debían fabricarlos usando oro. Para agradar a los dioses, los enanos decidieron entregar más regalos y Loki, éste que siempre andaba con bromas y juegos, apostó con los enanos que ellos no serían capaces de producir nada más extraordinario que los objetos que ya habían creado. El perdedor de la apuesta perdería la cabeza.

Se dice que los nuevos objetos eran maravillosos: incluían un barco que podría ser doblado hasta caber en el bolsillo, una lanza que nunca erraba el blanco y Mjölnir, el martillo de Thor que era indestructible y poseía una fuerza descomunal. Loki perdió la apuesta, pero argumentó que los enanos podrían cortar su cabeza, pero no el cuello, y así nadie supo decidir dónde realmente “terminaba” el cuello y empezaba la cabeza. Loki se salvó una vez más y entregó el Mjölnir de regalo a Thor.

martes, 29 de octubre de 2019

La leyenda de las mariposas


Cuenta la leyenda que, en una aldea asturiana, hace mucho tiempo, vivía un rico labrador, viudo y padre de dos hijas, Inés y Clara, siendo la primera su preferida, entre otras cosas porque era la única de la dos que nunca le contradecía y siempre le complacía en todo cuanto le pedía.
Como era de esperar, cuando Inés estuvo en la edad de comenzar a pensar en el matrimonio, no puso ninguna objeción al pretendiente que su padre le había asignado para tal fin. Con Clara no obtuvo el mismo resultado. Esta eligió con el corazón y tanta fue la ira que provocó en su padre que la desheredó, prohibiéndole además que se acercara a él y a su hermana, ni tan siquiera a la casa donde había nacido.
Inés se consumía en la tristeza, no solo por no poder estar cerca de su hermana, sino también porqué sabia de las necesidades que tanto esta como su marido pasaban. Pero el temor a su padre podía más que su pesadumbre, y los días pasaban e Inés seguía sin hacer nada para mejorar la situación de Clara. Cuando el labrador murió, vio finalmente una oportunidad para poder hacer lo que su corazón llevaba meses reclamándole, pero en esta ocasión fue su marido el que le prohibió que lo hiciera, argumentando que eso sería como contravenir la voluntad del difunto padre.
El día que se celebraba la misa por el alma del difunto, Inés rezó con toda su alma para que Dios le permitiera encontrar el modo de favorecer a Clara, y en eso estaba cuando de pronto sintió un gran peso sobre su cabeza. Levantó la mano y una mariposa se elevó en el aire. No podía creer que un pequeño insecto pudiera pesar tanto. Primero, pensó que era fruto de su imaginación, pero el suceso se repitió varias veces, ya no tenía dudas: el gran peso que sentía sobre su cabeza era provocado por la mariposa.
Al acabar la misa, le contó a su marido lo que le había sucedido. Este se río de ella y después no le hizo el más mínimo caso. Sin embargo, a los pocos pasos, fue el marido qu
ien levantaba la mano hacia su cabeza por el gran peso que sentía sobre ella y quien veía elevarse una mariposa ante sus ojos. Y así fue durante todo el camino de vuelta a su casa, e incluso continuó cuando ya estaban dentro. La mariposa se movía de una cabeza a otra continuamente, presionando la cabeza de los esposos, hasta que finalmente Inés le insistió a su marido de que eso era una señal divina que se les enviaba para que ayudaran a Clara. El marido, ante la insistencia de su esposa y de la mariposa, accedió a repartir la cuantiosa herencia de su suegro con sus cuñados.
Y así se hizo, y cuentan que en el día en que los lazos de las dos familias se restablecieron, vieron a una mariposa volar alegremente entre ellos, para después marchar volando alto, muy alto, hasta que finalmente la perdieron de vista, no volviéndola a ver nunca jamás.

viernes, 18 de octubre de 2019

El hombre de los sueños

En enero de 2006, un psiquiatra de Nueva York recibió en su consulta a una de sus pacientes como un día cualquiera. En aquella sesión, la joven le explicó que había soñado en repetidas ocasiones con un hombre al que ni siquiera conocía. Tenia una calva incipiente, las cejas muy gruesas y los labios
extremadamente finos, en especial el superior. Mientras oía la descripción, el facultativo dibujó el retrato del sujeto. No le dio mayor importancia y lo dejó sobre la mesa.Las tornas cambiaron cuando, en sus siguientes consultas, dos pacientes más aseguraron haber visto al mismo hombre en sueños. El psiquiatra decidió hacer copias del dibujo y enviarlo a varios compañeros de profesión. Meses después, vieron que el número de personas que habían soñado con él no paraban de aumentar y optaron por crear una página web en la que se registraran todas sus apariciones. Los facultativos descubrieron que el misterioso hombre se había colado en los sueños de cerca de dos mil personas. ¿Ficción, realidad?


domingo, 6 de octubre de 2019

El viajero sediento

      Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:
-¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se acostaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:
-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!
FIN
(Autor anónimo)


La moraleja que deja el maestro de esta leyenda es que el ser  humano siempre va a tener algo de lo que quejarse, no importa si el problema está resuelto, entonces inventará otro problema de mentira para poder solucionarlo con soluciones ficticias también, entonces el mismo contará con problemas, reales y ficticios.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

El ocaso (leyenda rusa)


Existe una leyenda rusa que cuenta que, en las proximidades de los Urales, había un pequeño pueblo, y en él una pequeña casa en la que vivía un matrimonio con su hijo llamado Grischa. Pese a que el muchacho había acompañado a sus padres en diversos viajes, aseguraba que ningún lugar se podía comparar en cuanto a belleza con su poblado y sus alrededores, colmados de maravillas naturales. Ni las grandes estructuras, ni la magnificencia del río Moskva a su paso por Moscú o los suntuosos palacios del zar hacían sombra a la tierra que habitaba Grischa, nada… hasta que conoció y se
enamoró perdidamente de Natalyja.Los dos enamorados pasaban largas tardes planeando sobre su futuro en común y sobre la posibilidad de tener hijos algún día; a veces tomaban Michkas y bebían Kumy o simplemente se tomaban de la mano y se miraban mutuamente durante horas. Incluso en los peores momentos, Grischa sentía que mientras estuviese junto a Natalyja nada podría hacerle daño, pero comenzaba a albergar el temor de que su suerte cambiase de un momento a otro, como finalmente sucedió.
Una tarde, Grischa llevaba como regalo a Natalyja una caja de Michkas mientras pensaba en las más sublimes palabras para dedicarle a su amada. Al verla, le dedicó una amplia sonrisa y un beso, pero cuando sus labios se juntaron Grischa advirtió que algo no marchaba pues aquel beso era tan frío e indiferente como el de un desconocido. Acto seguido Natalyja le confesó que su relación había llegado a su fin, ya que ella debía marcharse lejos.
El desolado Grischa tuvo que enfrentarse a la situación, pero su amor por ella no le dejó pensar en otra cosa y comenzó a buscarla por todas partes: en el campo, en pueblos vecinos, en calles y callejones. Hasta que un día la vio fugazmente y se acercó, pero en su desesperación por recuperarla sus palabras hacia ella fueron torpes e impertinentes, de reproche por su actitud, a lo que Natalyja respondió con desdén. Al ver el error que había cometido por no pensar sus palabras, decidió que ya no la buscaría más y que la había perdido para siempre.
Pero una tarde, Grischa vio a Natalyja en la distancia, pero en lugar de acercarse se quedó mirándola desde lejos, viendo que los años la habían vuelto incluso más hermosa que antes. Las llamas de su pasión por ella aun ardían con intensidad, pero había decidido dejar que Natalyja fuese libre, así que se marchó.
Poco después, Grischa se encontraba a orillas del Mar Negro y lentamente comenzó a adentrarse en sus aguas hasta que desapareció bajo ellas. Se dice que la pasión de su corazón dio a los atardeceres el color rojo del fuego, el de la llama que ni las frías aguas pudieron apagar.
Natalyja nunca supo que el color carmesí de los atardeceres nació del recuerdo de su joven amor.


martes, 3 de septiembre de 2019

Se reunió el consejo

Se acercan las fiestas del Bosque de Cedros
y por tal motivo se reunió el Consejo.
No faltó ninguno, todos acudieron
para planear ese gran festejo.

Acudió la bruja con su manto negro
y su buho en el hombro mirando muy serio
también acudieron los duendes y elfos
jugando y riendo, porque así son ellos.

No faltaron hadas a este gran evento
el Hada del Rio y la de los Vientos
el Hada del Sol y la de los Sueños
y la que concede todos los deseos.

El Hada Madrina la llaman, yo creo
o así la llamaron en un viejo cuento.
Y hasta el Mago Merlin, vino de muy lejos
para no perderse lo que allí dijeron

Hay quién sugirió que sería muy bueno
pedirle a San Pedro
que bajaran nubes con azúcar dentro
para que los niños probaran el Cielo

La bruja pidió con su voz de trueno
un puesto de escobas para irlas vendiendo
y Merlin quería un traje azul cielo
bordado de estrellas, con su gorro a juego.

Y así uno tras otro, sus ideas dieron.
Desfiles de ninfas salidas de un cuento,
también un concurso donde el primer premio
sería un viaje por el universo

Juntos acordaron entre las ardillas,
liebres y conejos, una gran carrera
para ver quien de ellos corría mas lejos
y sería el juez un galgo muy viejo

Tanto planearon, que ya no me acuerdo.
Una invitación a todos les dejo
para que recuerden que el uno de enero
se viste de fiesta el Bosque de Cedros
Julia L. Pomposo

miércoles, 28 de agosto de 2019

Los amantes de la mariposa

Hace ya mucho tiempo vivió una joven en la ciudad de Hangzhou, en la provincia china de Zhejiang, cuyo nombre era Zhu Yingtai, la cual comprendió que la única forma en la que podría estudiar era hacerse pasar por hombre. Eran otros tiempos y era algo que en la antigua China no estaba permitido a las mujeres. El disfraz de Zhu Yingtai fue tan convincente que ni sus propios compañeros se dieron cuenta de que era sólo eso, un disfraz. Ni siquiera uno que llegó a ser muy especial para ella y con el que pasó mucho tiempo, Liang Shanbo. Pasan los años, ambos terminaron sus estudios y llegó el momento de despedirse. La joven Zhu, ante el temor de no volver a ver a Liang, le ofreció a su hermana en matrimonio para que entrara en la familia. Zhu no tenía hermanas, sólo quería que Liang supiera de una vez que era una mujer y que es
taba enamorada de él. Una vez más, los planes de Zhu salieron bien y Liang también comprendió que estaba enamorado de ella. Pero resultó que en el camino de Zhu había alguien más, alguien que esperaba ser el esposo de Zhu tras haber sido concertado el enlace por los propios padres de la joven. Ella no lo amaba pero nada se podía hacer por evitar el matrimonio. Liang se desmoronó cuando se enteró y se sumió en una profunda tristeza que lo llevó hasta la muerte. Tras la muerte de su enamorado, Zhu perdió las ganas de vivir, ya no le quedaba nada, pero siguió adelante con lo que para ella habían planificado.
Llegó el día de la boda y Zhu caminó en compañía del cortejo nupcial. Cuentan que en un punto del camino se levantó de pronto un fuerte viento en remolinos que no la dejaba avanzar hacia adelante. Descubrió entonces la tumba de su enamorado, aquel que murió de pena por no poder estar con ella. Cuentan que entonces la tumba se abrió y Zhu entró en ella al tiempo que dos preciosas mariposas de vivos colores salían de ella. Eran sus dos almas que por fin eran libres para estar juntas por toda la eternidad.


jueves, 8 de agosto de 2019

Hermod, el veloz hijo de Odín

Hermod, al que se conoce como el Dios Veloz o Dios Ágil, era uno de los hijos de Odín y también el mensajero favorito de los dioses (rasgo que comparte con Mercurio en la Mitología Romana o Hermes en la Griega). Un dios que también sentía adoración por la guerra, sobre todo en el cuerpo a cuerpo, y que además era el benefactor y comandante de los soldados muertos durante la batalla.
A Hermod le fueron regalados un casco y un corselete que solía vestir, y antes de alguna batalla, el mismo Odín le entregaba en custodia la Lanza Grungnir, cuyo poder consistía en inflamar de valor y ardor guerrero los corazones de los hombres. Pero mientras no estaba luchando, solía llevar su bastón, el Gambantein, una especie de cetro que le acompañaba a todas partes.
Nos cuenta la leyenda que Odín albergaba temores y dudas acerca de su incierto porvenir, así que envió a Hermod, con sus mejores galas y montando a Sleipnir (caballo que sólo él y Odín podían cabalgar), a las gélidas tierras de Finlandia, donde habitaba un mago, llamado Rossthiof, capaz de ver el futuro. Pero este hechicero no era conocido por su amabilidad ni predisposición a ayudar, sino por su gusto por robar caballos y matar a sus jinetes.
Hermod, en lugar de portar su cetro, llevó como protección la Vara de Odín, que su padre le entregó para que pudiese sortear los peligros que pudiesen surgir en el viaje. Tras una marcha repleta de enemigos, trampas y ardides perpetrados por el mago Rossthiof, Hermod logró llegar ante su presencia.
Gracias a la Vara de Odín pudo reducir al mago, atándole de pies y manos y amenazando con no dejarle libre hasta que hubiese dicho todo lo que Odín quería saber. La visión que le mostró el mago fue tan asombrosa como enigmática.
Hermod contó a Odín que había visto al Sol esconderse tras negros nubarrones, tras lo cual se produjo una violenta sacudida de la tierra y los vientos aullaron con fuerza inusitada. Luego, una marea sanguinolenta se extendió cubriendo el suelo y de ella surgió una mujer de gran belleza que llevaba a su hijo con ella. El niño creció de manera sobrenatural, para convertirse en un adulto en pocos segundos, tras lo cual aparecieron en sus manos un arco y sus flechas.
Según le había explicado el mago a Hermod, esta visión presagiaba la muerte de uno de los hijos de Odín y la posibilidad de vengar tal afrenta si éste cortejaba a Rinda, una mujer de las frías tierras de Rusia. El fruto de su unión sería un joven, que crecería asombrosamente rápido y que vengaría este crimen.
La idea de perder un hijo fue terrible para Odín, pero sin embargo se sentía de alguna manera satisfecho, ya que la venganza por la sangre es la mayor satisfacción que los guerreros nórdicos pueden obtener. Finalmente, la violenta muerte de Balder fue vengada por Vali, pero esa es otra historia…

martes, 16 de julio de 2019

Las Náyades


En la mitología griega, las náyades (en griego antiguo Ναϊάδες Naiádes, Ναίδες Naídes o Νάιτιδες Náitides, de νάω ‘fluir’) eran las ninfas de los cuerpos de agua dulce —fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos—, y encarnaban la divinidad del curso de agua que habitaban, de la misma forma que los oceánidas eran las personificaciones divinas de los ríos y algunos espíritus muy antiguos que habitaban las aguas estancadas de pantanos, estanques y lagunas, como en la Lerna premicénica de la Argólida.también dicen que las Náyades eran y son muy guapas

Aunque las náyades estaban asociadas con los pequeños cuerpos de agua dulce (fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos), las oceánides con los ríos y las nereidas con el agua salada, había cierto solapamiento debido a que los griegos pensaban en las aguas del mundo como en un sistema único, que se filtraba desde el mar a profundos espacios cavernosos en el seno de la tierra, desde donde subía ya dulce en filtraciones y manantiales. Aretusa, la ninfa de un manantial, podía abrirse paso a través de las corrientes subterráneas del Peloponeso para salir a la superficie en la isla de Sicilia.


En su calidad de ninfas, las náyades son seres femeninos, dotados de gran longevidad pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua, de forma que si ésta se secaba, ella moría. Aunque Walter Burkert señala que «cuando en la Ilíada (xx.4-9) Zeus llama a los dioses a asamblea en el Monte Olimpo, no son sólo los famosos olímpicos quienes acuden, sino también todas las ninfas y todos los ríos; sólo Océano queda en su puesto» (Burkert 1985), los oyentes griegos reconocían esta imposibilidad como una hipérbole del poeta, que proclamaba el poder universal de Zeus sobre el mundo natural antiguo: «la adoración de estas deidades», confirma Burkert, «está limitada sólo por el hecho de que están inseparablemente identificadas con una localidad específica».
Su genealogía cambia según el mitógrafo y la leyenda consultada: Homero las llama «hijas de Zeus», pero en otras partes se afirman que eran hijas de Océano. Es más común considerarlas hijas del dios-río en el que habitan. Su genealogía, en cualquier caso, es variada. La ninfa acuática asociada con una fuente particular fue conocida por toda Europa, en lugares sin relación directa con Grecia, sobreviviendo en los pozos celtas del noroeste de Europa que más tarde fueron rededicados a los santos, y en la Melusina medieval.
Todas las fuentes y manantiales célebres tienen su náyade o su grupo de náyades, normalmente consideradas hermanas, y su leyenda propia. Eran a menudo el objeto de cultos locales arcaicos, adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociadas o bien, más raramente, se bañaban en ellas. Era éste el caso de Lerna, donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.
Las náyades también podían ser peligrosas. En ocasiones, bañarse en sus aguas se consideraba un sacrilegio y las náyades tomaban represalias contra el ofensor. Verlas también podía ser motivo de castigo, lo que normalmente acarreaba como castigo la locura del infortunado testigo. Hilas, un tripulante del Argo, fue raptado por náyades fascinadas por su belleza. Las náyades eran también conocidas por sus celos. Teócrito contaba la historia de los celos de una náyade en la que un pastor, Dafnis, era el amante de Nomia, a quien fue infiel en varias ocasiones hasta que ésta en venganza lo cegó para siempre.
En el origen de muchas genealogías, como las de Icario, Erictonio o Tiestes, aparece una náyade. Cuando se creía que un rey mítico había desposado una náyade y fundado una ciudad, Robert Graves ofrece una lectura sociopolítica: los recién llegados helenos justificaban su presencia tomando como esposa a la náyade de la fuente, como en la historia anterior al mito de Aristeo en la que Hipseo, un rey de los lapitas, se casó con la ninfa Clidanope, con quien tuvo a Cirene. Entre los Inmortales se da el paralelo de los amoríos y violaciones de Zeus, que según Graves registran la suplantación de antiguos cultos locales por otros olímpicos (Graves 1955). Aristeo tuvo una experiencia más allá de lo común con las náyades: cuando sus abejas murieron en Tesalia, fue a consultarlas. Su tía Aretusa le invitó a pasar bajo la superficie del agua, donde fue lavado en un manantial perpetuo y recibió consejo. Un mortal pero relacionado se había ahogado, siendo enviado como mensajero de esta forma para lograr consejo y favores de las náyades para su pueblo.

sábado, 6 de julio de 2019

Gegants de Vilafranca del Penedès.


En Ferragut i l’Elisenda són els Gegants de Vilafranca del Penedès. Actualment, representen dos reis cristians, probablement de finals de l’Edat Mitjana. Podrien representar els Reis Catòlics, si més no, el seu vestuari està inspirat en quadres de les seves figures que es troben al saló Sant Jordi del Palau de la Generalitat de Catalunya.
La seva primera referència històrica la trobem en les festes de canonització de Sant Raimon de Penyafort l’any 1601, tot i que hi ha indicis poc clars que assenyalarien la seva aparició en dates anteriors.
Els gegants de Vilafranca del Penedès (1906)
En aquells temps representaven cabdills alarbs; persones incultes i salvatges. Aquest vestuari es mantingué fins a mitjans del segle XIX. És a partir d’aleshores que els gegants vilafranquins pateixen diversos canvis en la seva indumentària, des de pagesos, pierrots, nobles italians…fins que a finals dels anys vint ja duen l’actual vestimenta.
Durant molts segles els Gegants de Vilafranca van pertànyer a la Confraria de Sant Macari i Sant Josep, formada per fusters, picapedrers i oficis relacionats amb la construcció.
La seva participació en les processons de Corpus és relativament constant des del segle XVII. Ja a finals dels segle XVIII s’incorporen a les cercaviles i processons de Sant Fèlix.
Però l’arribada de l’Ajuntament republicà l’any 1931 portaria diversos canvis en el paper tradicional dels gegants.
Entre els anys 20 i 30
S’imposa el trencament entre els elements populars i els religiosos, i en concret la desaparició de la processó de Corpus i l’entrada de Sant Fèlix. En lloc d’això, se celebren uns actes estrictament populars en punts cèntrics de la vila. La pretensió de l’Ajuntament republicà era deslligar la tradició dels actes religiosos. Per fer-ho es van potenciar les renovades Fires de Maig. La primera edició, l’any 1932, comptà amb l’actuació dels Xiquets de Valls, i des del 1933 fins a l’inici de la guerra civil, els Gegants van compartir escenari amb el Drac de Vilafranca, els Caps grossos i els castellers.
Però, al programa de la Festa Major del 1935 es torna a indicar la celebració de la processó i l’entrada de Sant Fèlix.
L’any 1949 en Ferragut i l’Elisenda van guanyar un concurs de Gegants del Penedès, també ho havien fet en concursos celebrats a Terrassa i Sabadell. Entre altres sortides dels Gegants en els anys de postguerra es recorden les de Sant Quintí de Mediona i Martorell i durant una colla d’anys a Barcelona, a les Festes de la Mercè.
La processó, que havia estat recuperada l’any 1935, deixa de sortir al 1970 i amb ella desaparegué la presència dels gegants pels carrers en les diades d’aquesta celebració.
L'Elisenda i en Ferragut
I així continuaren les coses fins el 1981. Aquell any els Administradors de la Festa Major van decidir recollir uns quants diners per fer vestits nous per a la parella vilafranquina i d’aquesta manera recuperar els seus gegants i tota la tradició i festivitat que els envolta.

martes, 2 de julio de 2019

Excálibur (La espada de Arturo)


Origen y etimología

Según Franklin R. Warren (2000, p. 19), la fuente más antigua que habla de la espada empuñada por el primer Rey de los britanos es el libro Historia de los reyes de Britania, de Geoffrey de Monmouth, escrito hacia 1130, pero ahí no se menciona que se liberase de la piedra. Algunos años antes, sin embargo, los monjes de Cluny habían divulgado la leyenda del caballero San Galgano (probablemente Gawain o Galván), que contiene elementos coincidentes como la espada inserta en la piedra, que aparece por vez primera en la materia artúrica en el Merlín de Robert de Boron. Sin embargo el origen es más antiguo: el romano Servio, en su famoso comentario a la Eneida de Virgilio, recuerda que Hércules, con ganas de probarse a sí mismo, clavó una barra de hierro en el suelo y ninguno logró sacarla sino él mismo; del agujero brotó una gran masa de agua que luego formó el hoy conocido como lago de Vico, en los montes Ciminos de Viterbo. Autores como Christopher Hibbert (2004, p. 24) o Warren (2000), entre otros, no dudan en atribuirle la paternidad de la invención del nombre de la espada a Geoffrey. Ambos autores indican la importancia de dichas armas en la Baja Edad Media, donde cada gran héroe portaba la suya, como es el caso de Roldán con la Durandarte, que ni él mismo pudo romper, o la Tizona del Cid Campeador.

Existen varias teorías respecto al origen de su nombre. Una de la más aceptadas es que proviene del latín Ex Calce Liberatus, lo que podría traducirse como Liberada de la piedra. Aun así, en muchos escritos ha sido llamada de diferentes formas y es posible que su nombre actual derive de uno de estos: Caliburn, que probablemente deriva de la palabra latina Chalybs: acero; en la antigua narración galesa «Culhwch and Olwen» se la nombra como "Caledfwlch", que deriva del gaélico antiguo caladbolg: "espada centelleante". Se acepta que el nombre se lo dio el poeta anglo-normando Wace.

La obtención de Excálibur

El Rey Arturo y Merlín recogiendo a Excálibur ofrecida por la Dama del Lago.
Existen diversas historias de cómo Arturo se hace poseedor de la mítica espada.

Al morir el rey Uther Pendragon, Merlín forjó en la isla de Ávalon (la isla de las hadas) una espada (Excálibur) y la clavó en una piedra que estaba al lado de una capilla de Londres. Esta versión es la recogida, por ejemplo, en el Merlín del francés Robert de Boron.

En El ciclo de la Vulgata, se cuenta que Arturo había roto su espada (la de la piedra) durante un combate contra Sir Pellinore. Merlín lo llevó a un lago del cual surgió una bella joven, la Dama del Lago. Esta Dama del Lago era una bruja poderosa que podía caminar sobre las aguas y tenía un castillo en el fondo de aquel lago. La Dama tenía en su poder a Excálibur, una espada mágica (la espada y el lago son dos elementos que coinciden con el mito que recoge Servio). Merlín le pidió dicha espada para su pupilo y ella se la entregó. La espada estaba guardada en una vaina que hizo que el Rey no perdiese sangre cuando la llevaba a las batallas. Merlín le advirtió a Arturo que tuviese cuidado, porque un día llegaría una mujer digna de su confianza y le arrebataría la vaina de Excálibur para siempre. Esta segunda versión es la retomada por Sir Thomas Malory.

En la leyenda galesa, Excálibur recibe el nombre de “Caledfwlch”, así aparece el romance del guerrero de Arturo, donde Llenlleawg, un caballero irlandés, roba un caldero mágico y mata a un rey llamado Diwrnach. 1​

En el libro La última legión, escrito por Valerio Massimo Manfredi, se relata cómo el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augusto, un niño de 13 años en compañía de un grupo de hombres y una mujer que se encuentran por causas del destino, escapan de Italia perseguidos por un fiero general bárbaro llamado Wulfila. Estando encerrados en la cárcel de Capri, Rómulo junto a su tutor Ambrosino (quien resulta ser un druida celta llamado Myrdin Emreis) encuentran la espada con la que Julio César conquistó la isla britana. Ambrosino fiel a una vieja leyenda celta, lleva al niño junto a un grupo de hombres a Britannia, a donde prometió volver con un ejército para proteger al país de las invasiones provenientes del norte. En palabras de Manfredi, «Fue el prestigioso celtista Venscelas Kruta, de La Sorbona, buen amigo, el que me ofreció la clave de una interpretación latina del nombre Excalibur, y así he podido hacer proceder la espada del mundo mediterráneo. El asunto tiene una importante dimensión simbólica e ideológica, pues permite mostrar un paso de testigo del Imperio Romano a otro gran imperio mundial, el británico. En ese sentido, quise hacer una parábola sobre el fin de los imperios y la herencia de las civilizaciones».

Cuando al final de la historia llegan a Britania, se enfrentan, en nombre de la extinta "XII Legión del Dragón", contra Wulfila en una batalla en la cual mueren varios acompañantes del emperador (Demetrio, Orosio, Batiato y Vatreno), el niño asesina a Wulfila con la espada de Julio César y así se termina la batalla conocida como "mons Badonicus". Relata la historia que al ver tantas muertes por su causa, Rómulo arroja la espada a un lago, quedando así incrustada en una piedra. Se narra también cómo Romulo Augusto, hijo del Dragón (por la legión) fue llamado en Britania como Pendragón, y a su tutor Myrdin, a quien luego la gente le deformó el nombre en Merlín. Pendragón y una muchacha Ygraine (Hija de Kustennin, o Constantinus en Roma) tuvieron un hijo llamado Artus.

La desaparición de Excálibur

Bedivere lanzando la mítica espada al agua. Ilustración de 1894.
La historia más aceptada es aquella en que Arturo, moribundo, ordena a uno de sus caballeros que arroje su espada al estanque en el que habita Nimue, la Dama del Lago. Este caballero, que primero desobedece y luego acepta la orden de muy mala gana, es llamado Griflet, Bedivere, Lanzarote o Perceval, de acuerdo al relato.

Cuando el caballero lanza la espada al estanque, una mano vestida de seda blanca (Nimue) surge de la superficie del agua, toma la espada y luego desaparece en las profundidades. Este relato sobre el retorno de Excálibur al lago podría estar basado en las costumbres de algunos pueblos celtas de lanzar a los lagos algunas pertenencias de los grandes guerreros que acababan de morir como ofrenda a sus dioses.

Se dice también que la espada descansa junto con el Rey en Avalón aguardando el día de su regreso.


domingo, 16 de junio de 2019

La Familia Robafaves



La Familia Robafaves son los Gigantes institucionales de Mataró. Está formada por el gigante Robafaves y la Giganta, su hija Toneta, y su marido, en Maneló. Normalmente la Familia Robafaves va acompañada de los Enanos, dieciocho en total.

En Robafaves tiene su propia leyenda sobre el origen de su nombre. De las diversas variantes hay la historia que describe Joan Amades a su libro Gigantes, enanos y otros entremeses: “Una vez los Gigantes de Mataró fueron a Argentona y cuando, ya acabada la fiesta, volvían hacia casa, los portadores se enamoraron de unas preciosas habas que verdeaban en un campo próximo a la
Un poco de historia


Un poco de historia



Los Gigantes de Mataró son de los llamados históricos, porque están documentados desde hace siglos. La primera nota escrita fecha de finales del siglo XVII, cuando los gigantes eran propiedad de la Cofradía de Minerva, la cual los hacía salir por la celebración de Corpus. Con la crónica que conservamos de la llegada de las monjas Capuchinas a Mataró en 1741 ha citada por primera vez la noticia de una tercera figura, un gegantó. A finales de este siglo los gigantes ya participaban a las procesiones del 27 de julio, dedicadas a las Santas. En un relato detallado del Barón de Maldà del año 1799 encontramos una descripción de los tres gigantes, y menciona el nombre Manueló como hijo de la pareja, un hecho muy curioso y distintivo en el panorama geganter catalán. A principios del siglo XIX los Gigantes dejan de tener presencia en la ciudad, seguramente a causa de varios hechos históricos. El año 1848 es muy especial para la ciudad de Mataró: se estrena la primera línea de ferrocarril de la península, y padre Manuel Blanch escribe y estreno la Misa de Glòria para solistas, coro y orquesta, la cual se celebra desde entonces cada 27 de julio a la basílica de Santa Maria. Cinco años después se restablecen las figuras, y esta vez la pareja tiene una hija. La Toneta es la única gegantona en la Cataluña de la época. Es el comienzo de los gigantes institucionales, a cargo del Ayuntamiento, y participan en numerosas fiestas cívicas. El año 1888 encontramos documentado por primera vez el nombre de nuestro gigante, en Robafaves. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX empezamos a encontrar menciones sobre la comparsa de enanos que suele acompañar los gigantes (la primera referencia es del programa oficial de la Fiesta Mayor de 1864, reproducido

íntegramente a la publicación Pensamiento Marià de la Costa de Levante del 26 de julio de 1921). Hacia finales de siglo los enanos son 6, e incluso son requeridos para participar en festividades de poblaciones vecinas. El año 1922 los enanos pasan a ser 9 con la incorporación de dos macers y de en Pituso, que llega a Mataró en tren la tarde del 25 de julio. Después de alguna reforma que no gustó, en 1930 los gigantes toman el aspecto con que los conocemos actualmente: en Robafaves tiene la apariencia de Jaime I, y la Giganta y la Toneta visten en consonancia. Hacia mitades del siglo XX en Quirze Perich acompaña los gigantes al sonido del flabiol y el tamboril, una sonoridad que también ha pervivido hasta ahora y es un factor singular de nuestros Gigantes. El 27 de julio del año 1950 hay un gran acontecimiento: el casamiento de la hija de en Robafaves y la Giganta, la Toneta, con en Maneló, hijo de los gigantes de Terrassa. Se recupera así la figura del gegantó que teníamos documentado a Mataró desde hacía un siglo y medio. En cuanto a los enanos, durante los años cincuenta sufren cambios de apariencia y crecen en número hasta 13. Los portadores de los enanos bailaban cuando recibían una moneda de los niños. La recaudación iba destinada a los portadores de los gigantes y de los mismos enanos. Después vienen unos años de dejadez y crisis, tanto en cuanto a las figuras como la Fiesta Mayor en general. Con la llegada de la democracia, y de la mano de un grupo de jóvenes del Fomento Mataroní, se promueve la recuperación y renovación de la fiesta y la cultura popular a la ciudad, y con el lema “Las Santas: hagamos Fiesta Mayor” se impulsan los actos del programa de la fiesta con gran participación e implicación ciudadana. Entre los años 1980 y 1984 se vuelven a producir innovaciones en el aspecto y vestuario de las figuras, y los enanos llegan a la quincena con la incorporación, en 1984, del Conde, en Carrau, el Pierrot y el Duende. Finalmente en 1992 se incorporan a la comparsa en Jonàs y en Mataties, dados por la Sala Cabañas con motivo de la celebración del 75.º cumpleaños de la representación de Los Pastorcillos de Mataró, y en Biada, donación del semanario Cabezudo en 1998, que conmemora el 150.º cumpleaños de la primera línea de ferrocarril impulsada por el mataroní Miquel Biada.
carretera. No pudiendo resistir la tentación, abandonaron los muñecos en medio del camino y se lanzaron al campo a robar una buena cantidad de habas, que escondieron bajo la panza del Gigante; conchabaron con el flabioler y le dijeron que irían a medias, pero que no los descubriera. La gran pareja entró a Mataró, un estol de chiquillería los rodeó y con mucha insistencia los pidió que bailaran. Los geganters se resistían, puesto que con la sobrecarga que llevaban no los vendía bien de bailar; mientras bailaban, con las sacudidas las habas fueron cayendo por tierra. La admiración y la broma fueron grandes, y desde entonces quedó el mal nombre de Robafaves al pobre Gigante, que no tenía ninguna culpa”. Los Enanos, que normalmente siempre acompañan la Familia Robafaves precediéndolos en las comitivas, actualmente son dieciocho: el Bufón, el Campesino, la Bruja, el Macer serio, el Macer risueño, el Duende, el Arlequín, el Chino, la Mulata, el Conde, el Moro, en Carrau, la Vieja Azul, la Vieja Verde, en Pituso, en Jonàs, en Mataties y en Biada. Son muy próximos a los pequeños, siempre a escape y bailes, saludando y haciendo simpáticos sustos a los niños y niñas que se van encontrando. La Familia Robafaves sale poco durante el año. Solo lo hace en fiestas muy señaladas o en invitaciones de compromiso. Es por Las Santas, Fiesta Mayor de Mataró (del 25 al 29 de julio), que los Gigantes acontecen protagonistas absolutos de la fiesta: salen a la calle a todas horas, en largos pasacalles, ejerciendo de anfitriones, presidiendo actas, bailando, observando y siendo observados, admirados, tocados con veneración… salen a primera hora, a media mañana, después de comer, al atardecer, a medianoche e incluso de madrugada, disfrutando y haciendo disfrutar de la fiesta. Se los acompaña con alegría, bailes y saltos, al compás de melodías creadas expresamente por la comunión entre mataronins y sus Gigantes. Son los últimos a bailar cuando acaban los actos festivos, y cada vez que están a punto de entrar a casa suya, el Ayuntamiento, los ciudadanos, y sobre todo los niños, todavía gritan a pleno pulmón que no tienen bastante!, y los piden que no paren de bailar una y otra vez.