Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarle salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas

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miércoles, 20 de abril de 2016

La leyenda de Sant Jordi (San Jorge)


La otra gran leyenda la recogió el costumbrista catalán Joan Amades que situó la lucha de San Jorge y el dragón delante de las murallas de Montblanc.

Hace muchos años un dragón feroz aterrorizaba los alrededores de Montblanc. Devoró a los animales hasta tal punto que amenazaba la integridad de los habitantes de Montblanc. Para evitar el ataque de la bestia se decidió librarle cada día un vecino. Se realizó un sorteo entre la población, incluida la
familia real, y la suerte quiso que la persona escogida fuera la hija del rey. Cuando se disponía a ser engullida por el dragón apareció un caballero y la salvó hiriendo de muerte al dragón. Era San Jorge. En el lugar donde el dragón derramó su sangre nació un rosal de rosas rojas. Desde entonces se mantiene la tradición catalana en la que los hombres regalan una rosa a su amada.

Anualmente, coincidiendo con el día de Sant Jordi (23 de abril) se organiza la Semana Medieval de Montblanc. Durante dos fines de semana la villa revive su pasado y en calles, plazas y torres de la muralla lucen las banderas y estandartes señoriales. Se celebran gran cantidad de actos que
transportan al público asistente a la edad media: la representación de la leyenda de San Jorge, las escenas de la vida cotidiana, la cena medieval, un encuentro de fuego, el mercado medieval, la escenificación de las Cortes Catalanas, etc.

La Semana Medieval de la leyenda de San Jorge se ha convertido en el gran escaparate de Montblanc. Por su fidelidad y rigor histórico, variedad de actos y proyección exterior ha sido
declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en Cataluña y en el Estado Español.

lunes, 11 de abril de 2016

Leyenda china

La leyenda del Kirin o Qilin  


Junto con el dragón, la tortuga y el fénix, el Qilin o Kirin es uno de los cuatro animales sagrados de la antigua china. Durante la fiesta de primavera, las gentes de los pueblos al sur del río Yangsté, cargan con un Qilin de papel al hombro y ofrecen un espectáculo a la puerta de sus casas para expresar su deseo de tener una familia numerosa, sana y feliz. Según las leyendas pueden caminar sobre el agua, y también sobre las flores sin aplastarlas. Se le suele asociar con la feminidad, porque es el símbolo de la dulzura y la fertilidad. También se les relaciona con los sabios y emperadores chinos. El kirin es un ungulado cornudo híbrido (cuerpo de león, piel de pez y cuernos de ciervo) de la mitología china, japonesa y coreana que se dice que aparece en conjunción con la llegada de un sabio. Es un buen presagio que trae rui (chino: 瑞, pinyin: ruì, "serenidad" o "prosperidad". A menudo se le representa como si flamease llamas por todo su cuerpo. Por simplificar, en Europa y América a veces se le llama unicornio chino, aunque tenga dos cuernos, debido a que ambos tienen carácter beneficioso. Son seres mágicos capaces de controlar monstruos y demonios para utilizarlos como defensores. Se diferencia los géneros de los Kirins por la terminación de su nombre. Los Kirins femeninos poseen un nombre que termina en "Rin" mientras que los masculinos terminan en "Ki".

jueves, 31 de marzo de 2016

Descanso en el avión

Un piloto se dispone a realizar su turno de descanso después de que una azafata le informe de que la cabina habilitada para ello está disponible. Pero al llegar encuentra una pequeña niña de unos cinco años durmiendo…
Una mañana de invierno una de las azafatas del avión que hacía cualquier ruta de vuelo se dirigía por el pasillo del avión hacia la cabina de mando después de atender a los pasajeros. Entonces se acercó a uno de los pilotos y le informó de que la cabina de descanso estaba libre. Entonces el hombre se levantó y se marchó a dormir un rato. Cuando el piloto entró en la pequeña cabina estaba totalmente oscura, pero al apoyar una mano en una de las literas notó un bulto. Había alguien durmiendo, pero la azafata le había comunicado que la pequeña cabina estaba vacía. Alumbró con una linterna de bolsillo hacia la cama y observó con sorpresa que había una niña de unos cinco años tumbada en la litera . La arropó con la manta y sin hacer mucho ruido salió de la habitación y cerró la puerta.

Al momento fue a buscar a la azafata y le contó lo que había sucedido. Ésta, le dijo que era imposible porque no iban niños en ese vuelo. El piloto no se lo podía creer, el había tocado con sus propias manos el cuerpo de la pequeña.¡¡ Incluso notó su respiración mientras dormía!!

Entonces la azafata con cara de preocupación le dijo – ¿Ve usted esa pareja de allí al fondo? ¿ La ve?- repetía, dirigiéndose con la cabeza hacia una joven pareja con los rostros pálidos y demacrados.
Sí, sí, por supuesto que los veo… afirmó el piloto.

¿ Pero qué tienen que ver ellos en la historia? Preguntó con cara de intriga

Se dirigen al entierro de su hija, ella va abajo en un ataúd, junto con el resto de mercancías…contestó ella.

El piloto se quedó pálido al escuchar la noticia y salió corriendo a la cabina donde vio a la niña. Allí no había nadie. Se acercó al baño a refrescarse la cara y al mirarse al espejo se dio cuenta de que había escrito algo con un pequeño dedo, decía:

Gracias por arroparme…

Autor: Blue Bear

sábado, 19 de marzo de 2016

Cuento sioux

Hoy les dejo este cuento de mi autoría, que escribí, hace ya un tiempo y que espero que les guste.

Kajiká y el cascabel de plata

Minowá era un pequeño indio sioux que vivía en el territorio lakota (verdadero nombre de los sioux) en Wyoming.

 Minowá, que significa “aquel que canta”, debía su nombre a que en el momento de nacer, su llanto fue tan melodioso y prolongado, que más que llorar, parecía estar entonando unos de aquellos cantos ancestrales de sus antepasados; ahora tendría apenas ocho años y era un niño sano y feliz que pasaba la mayor parte de su tiempo correteando por las praderas y montes con su tirador y su pequeño carcaj a la espalda a la caza de zarigüeyas, mapaches y algún que otro conejo de monte.

      En una de estas aventuras de caza, nuestro protagonista encontró un día a Kajiká un pequeño bebé de puma que gemía tembloroso junto al cuerpo sin vida de su madre, a los que algunos cazadores sin escrúpulos habían dado muerte mientras intentaba, (seguramente a zarpazos) defender a su cría. Sin preocuparse para nada del cachorro, aquellos hombres lo habían abandonado a su suerte, donde probablemente habría muerto de inanición y frío, de no ser porque Minowá lo encontró. Tomó al pequeño puma en sus brazos y lo llevó hasta el campamento sioux. Y allí se quedó........


       Minowá poseía un cascabel de plata que su abuelo le entregó el día que cumplió los cinco años, era un regalo de gratitud que le hizo una bondadosa señora de una caravana de Samis que pasaron camino de Dakota y a la que su abuelo curó de una picadura de serpiente. Minowá siempre lo llevaba colgado del cuello con un bonito cordón que le había tejido su madre. Todo el mundo en el campamento de multicolores tipys, conocía el sonido del cascabel de Minowá, incluido Kajiká, que lo seguía a todas parte y corría a su encuentro cuando oía su repiqueteo a lo lejos.

     Pero todo en la vida tiene un final y el de la relación entre nuestro protagonista y el cachorro de puma también tenía que tenerlo.  Minowá había crecido; ya tenía diez años y nuestro puma, al que el pequeño sioux había bautizado un día con el nombre de Kajiká, que significa “aquel que camina sin hacer ruido” (por su manera silenciosa de acercarse sin que él lo advirtiese), también había crecido (y con él, sus ansias de libertad) y se estaba volviendo demasiado grande para permanecer en el campamento. Minowá lo quería muchísimo y se negaba a separarse de su querido amigo.

   Su padre le explicó un día que los pumas siempre habían sido unos animales libres y dueños de sus vidas, hábiles cazadores y dignos habitantes de las praderas y que seguir teniendo allí a Kajiká era privarle de su libertad y de todas esa cosas a las que él también amaba tanto.
     Al final su padre logró convencerle y una mañana, antes de que su hijo despertase, ató al puma a la grupa de su caballo y se alejó con él todo lo que pudo, tardó dos días en encontrarle un lugar idóneo, cerca de otros pumas que vivían en grupo, para que le resultase más fácil integrarse a su nueva vida y allí lo dejó. entre la manada, regresando al campamento.


     Pasaron muchos años, muchos meses y muchas lunas. Minowá creció y formó su propia familia.

 Minowá había decidido trasladarse con su esposa Dihayá y su pequeña a la que llamaban Sihu, que significa “pequeña flor", hasta los territorios del norte que eran más fértiles y  la caza era más abundante.

     Un día, durante La Luna del Maiz (septiembre), Minowá que paseaba con su pequeña a la espalda por los límites del campamento, decidió dejarla  durmiendo plácidamente junto a unos arbustos mientras el buscaba hierbas medicinales por los alrededores. Al volver al lugar encontró a un hermoso puma de gran tamaño merodeando alrededor del bebé. Minowá quedó petrificado y sin atreverse a realizar ningún movimiento por temor a la reacción de la fiera y cuando ya el puma estaba a punto de atacar a la pequeña, Minowá saltó en su defensa y el puma se paró  de pronto como petrificado, deteniendo su ataque mientras toda su atención se dirigía hacia Minowá.

     Un tintineante sonido le trajo a la memoria recuerdos de un cascabel y de su dueño y de tiempos lejanos y felices; inmediatamente reconoció a Minowá y acercándose a él muy lentamente, puso sus enormes zarpas sobre el pecho de su amigo mientras le lamía la cara. Minowá lloró emocionado al reconocer en aquel hermoso ejemplar a su querido amigo  Kajiká y juntos, hombre y fiera, permanecieron abrazados mientras se reconocían mutuamente.

Julia L. Pomposo
                                                           

martes, 15 de marzo de 2016

Leyenda celta del pájaro espino

"Hay una leyenda sobre un pàjaro que canta solo una vez en su vida, y lo hace màs dulcemente que cualquier otra criatura sobre la faz de la tierra. Desde el momento que abandona el nido, busca un
àrbol espinoso y no descansa hasta encontrarlo. Entonces, cantando entre las crueles ramas, se clava èl mismo en la espina màs larga y afilada. Y al morir, envuelve su agonìa en un canto màs bello que el de la alondra y el del ruiseñor. El pàjaro espino ofrece su vida por una sola canciòn. Un canto superlativo, al precio de su existencia. Pero todo el mundo enmudece para escuchar, y Dios sonrìe en el cielo. Pues lo mejor solo se consigue al precio de un gran sufrimiento ... Al menos, asi lo dice la leyenda."

jueves, 3 de marzo de 2016

La palabra que lo puede todo

Cuento de Cristina Mena

- ¿Qué haces?
- Estoy escribiendo.
- ¿Y qué escribes?
- Una palabra grande
- ¿Qué es eso de una palabra grande? ¿te refieres a una palabra en mayúsculas?

- No, me refiero a una palabra grande, una de esas palabras por las que merece la pena luchar, herirse, proseguir intentándolo todo siempre, tal vez sea una palabra demasiado grande para mi.
- ¿Qué palabra es esa?¿Es una palabra muy larga?
- No, es pequeña, muy pequeñita.
- No entiendo, ¿cómo una palabra grande puede ser pequeña?
- Es que esa magia a veces se da en las palabras. Hay palabras que surgen, palabras que crecen, palabras qué sueñan y luego hay palabras grandes que. .
- ¿Una palabra que surge? ¿cúal? ¡Dime una, por favor!

- AMOR.
- Claro, ¡amor!, esa palabra surge y es bonita.
- Y ¿hay alguna palabra que crezca?
- Sí, la hay: AMISTAD.
- Ah, amistad, es una palabra muy bella también y, ¡es cierto! puede crecer mucho.
- Y dime, ¿hay palabras que sueñen? ¿sabes alguna?
- PERDÓN.
- Anda es verdad, perdón también es una palabra bonita que tiene bonitos sueños de esperanza.
- Y oye, dime, yo no sé si existirá pero. . . ¿hay una palabra que lo pueda todo?
- ¿Una palabra que lo pueda todo?
- Sí, sí, dime una palabra que lo pueda todo.

- Explícate mejor, no comprendo qué pides.

- Pues yo quiero que me digas una palabra que sea mayor que el AMOR, que la AMISTAD, que el PERDON, una palabra que lo abarque todo, una de esas palabras humanas, por la que se es capaz de hacer locuras, de intentarlo todo, de esforzarse, de fracasar y sin embargo tomar fuerzas del amor aunque no surja, de la amistad aunque no crezca, del perdón aunque ni se pueda soñar, una de esas palabras que solo son argumento de buenos corazones, una palabra que no lastime, que no ofenda ni asuste, una de esas palabras que al pronunciarla, aunque se diga en silencio, ya se entienda todo. ¿Conoces alguna? ¿crees que existirá una palabra más grande que todas las demás?

- Sí, claro que la hay. Es una palabra fácil de decir pero muy dificil de expresar, una palabra que si se pierde nunca se puede volver a encontrar a solas, siempre hay que hacerlo con ayuda de los demás y si nadie te quiere ayudar a recuperarla, no tenerla se convierte en un eterno sufrimiento que se padece en silencio, a solas. Es la palabra que he escrito, es la que necesito, es la palabra que no tengo, la que me hace siempre llorar, ¿quieres que te diga mi palabra más grande??

- ¿Tú palabra grande encierra todo eso? pues, ¿cúal es esa palabra tan grande que lo puede todo????
PAZ
Y entonces…
alguien me miró a los ojos, que enrramados de tristeza trataban de apartar la vista  y sujetándome la cabeza me miró con cariño y me dijo: yo conozco una palabra aún más grande que esa, una palabra aún más pequeña de escribir que PAZ, esa es la palabra que en tu vida lo puede todo, la que un día hará justicia, la que no debes olvidar jamás.

¿Cúal es esa palabra? – me atreví a preguntar con un hilo de voz en los labios.
La palabra es. FE




miércoles, 24 de febrero de 2016

Leyenda del fuego

Hace mucho tiempo, cuando ni el sol ni la luna se habían creado y del cielo no colgaban todavía las estrellas, el mundo estaba sumido en la más absoluta oscuridad. Por aquel entonces sólo vivían en nuestro planeta seres mitológicos como los elfos, ogros, enanos, etc. Para ver utilizaban antorchas y los árboles estaban desnudos, sin hojas ni flores que adornasen sus largas ramas, que se alzaban hacia el cielo, como si buscasen la luz para poder ser más que unos simples troncos que no daban señales de vida. Era pues, un planeta triste y silencioso.

Cierta vez, el dios que reinaba sobre los elementos, se enamoró de un hada de extraordinaria belleza. Cuando su amor se vio correspondido, se casaron, a pesar de que estaba muy mal visto entre seres de distinta raza. Ellos eran felices, pues se tenían el uno al otro, pero el hada deseaba ser madre y se empezó a sentir muy desdichada, porque sabía que era imposible. Todo esto lo supo una ninfa amiga suya (por aquel entonces la amistad entre hadas y ninfas era frecuente) y le propuso un trato: podría tener hijos, pero todos pertenecerían a la raza de las ninfas. El hada aceptó, pues su deseo de ser madre podía con cualquier impedimento.

Pasó el tiempo y el hada quedó encinta. Luego llegó la hora del parto. Primero nació una ninfa que tenía el don de la belleza y que representaría el elemento del agua. Luego otra que sería muy inteligente y que representaría la tierra. Poco después, nació la ninfa del aire, la más ágil y rápida. Y por último una que sería la más bondadosa, cuyo elemento era el fuego.

Las cuatro ninfas de los elementos fueron criadas por sus padres y tuvieron una infancia muy feliz. Cuando se hicieron mayores, su madre las envió para que convivieran con el elemento de cada una y éstas partieron a los pocos días.

Un año después, las cuatro hermanas se encontraron. Después de multitud de abrazos y risas, decidieron contar cada una su experiencia. Habló primero el agua, la primera en nacer:

- Yo he visto manantiales y cataratas. He visto el rocío de la mañana y la fresca lluvia. Me encanta el elemento que represento.

- Pues yo -dijo la tierra, que era la siguiente- he visto grandes montañas. He entrado en bellas cuevas y me he tumbado en la fina arena de la playa. Mi elemento es hermoso.

- Yo, como ninfa del aire -dijo la siguiente- he oído ulular al viento y lo he sentido acariciando mi piel. Ha jugado con mis cabellos, ¿no es maravilloso?.

Las tres ninfas, que ya habían acabado su relato, callaron, esperando oír la historia de su hermana. Como no decía nada, le preguntaron:

-¿Y tú qué has visto?, ¿cómo es el fuego?

Ésta aguantó las lágrimas, horrorizada de la experiencia que había vivido. Pero decidió compartir su congoja con sus hermanas.

- ¡Ha sido horrible! He visto monstruosos rayos que rompían en el cielo y que hacían temblar todo con su sonido. He visto a las llamas quemar los bosques y casas, destruyendo todo a su paso y matando a mucha gente. Lo he pasado muy mal. Odio el fuego, ¡lo odio!

Sus hermanas, que eran crueles y no sentían compasión le, respondieron:

- Eres pues, un ser malvado. No te queremos con nosotras y nadie querrá estar contigo. Deberías irte lejos de aquí. Eres una deshonra para nuestra familia.

Al oír esto, la pobre ninfa del fuego se fue, llorando sin consuelo. Sus hermanas pensaron que moriría de dolor y, al poco tiempo, volvieron a casa. Sus padres las recibieron con gran alegría, pero echaron en falta a su hija pequeña. Cuando les preguntaron por ella, las tres ninfas mintieron y dijeron que no la habían visto.

La madre decidió salir a buscarla y a todo el mundo le preguntaba por su hija perdida. Un ser pequeño, redondo y de grandes ojos había estado presente en el encuentro de las cuatro ninfas y se lo contó todo.

El hada se marchó llorando al enterarse, dando a su hija por muerta y decidió castigar a sus tres hijas. Creó las inundaciones, los terremotos y los huracanes y las ninfas se sintieron muy desgraciadas.

Pero la ninfa del fuego no había muerto. Cuando se separó de sus hermanas voló y voló hacia el cielo, como queriendo huir de aquel mundo. Y cuando no pudo más y se creyó morir, una luz inundó todo su cuerpo, una luz tan grande que alumbró la Tierra, aunque la había dejado muy, muy atrás. Y la estela que dejó mientras volaba se convirtió en lindos luceros. Así pues, se había transformado en el sol y su rastro en las estrellas. Y con su luz en los árboles brotaron hojas, frutos y flores de todos los colores y muchas plantas muy diversas. Nacieron multitud de animales y la Tierra se convirtió en un planeta hermoso. Cuando volvió a ver una tormenta se asustó un poco, pero su luz traspasó las gotas de lluvia y se deshizo en mil colores: el primer arco iris.

La ninfa del fuego no se volvió a sentir desgraciada, pues ella, el sol, era fuente de vida y disfrutaba viendo desde allí arriba todas las cosas bellas que había creado.

Su madre se sintió muy feliz, pues su hija había comprendido la importancia de su elemento, a partir del cual se obtiene todo lo demás, que le da vida a todo y que nos permite observar las maravillas de la naturaleza. Y para no perderla nunca de vista creó un gran espejo que reflejase a su hija cuando se escondía en el horizonte y le llamó Luna.

Hoy en día el sol nos inunda con su luz cuando es de día, y cuando éste se pone salen la Luna y las estrellas y todos miramos hacia arriba para contemplar  tanta belleza.

Y es entonces cuando nuestra amiga se siente más feliz.

viernes, 12 de febrero de 2016

La Vieja Cuaresma (La Patarrona)


A nuestra Patarrona se la llama en otros lugares La Vieja Cuaresma, y cada pierna de la anciana es una semana que queda para la Pascua; en algunos lugares, como en Fuente del Arco, tiene una leyenda más triste, aunque vestida con los mismos ropajes de bruja anciana.


Andaba por estos días La Patarrona recorriendo pueblos extremeños. La Patarrona es una vieja con muchas muchas piernas que amenaza a los niños con ponerles un grano en la cara si no cumplen sus exigencias. La Patarrona comenzó a caminar en Italia y Cataluña con siete patas y terminó en Extremadura con solo cinco. Empezó siendo una vieja desagradable y terminó convertida en una simpática bruja. Nació cuaresmera y la hicimos carnavalera.


Acudimos a Fuente del Arco siguiendo el rastro de las leyendas que el filólogo y escritor Manuel Vilches nos relata en su libro La Tierra de Jayón, y concretamente una de ellas: La cueva Cuaresma.

La Semana Santa, cerca de los niños.
Con una cesta en una mano y un pescado en la otra, esta vieja refunfuñona de siete piernas es la encargada de asustar a los más pequeños.
Cuenta la leyenda que en la Cuaresma, para que los niños comiesen pescado, se les atormentaba con la llegada de la ‘Jaia Corema’, o lo que es lo mismo, la Vieja Cuaresma.
Ésta es una historia muy popular en las Baleares, Cataluña y algunas regiones de Italia, aunque en cada lugar se interpreta de distinta manera. En Mallorca, la Jaia se representa con la figura de una señora vieja y arrugada vestida con la indumentaria típica de las payesas, que en su mano derecha lleva un pescado y con la izquierda sostiene una cesta. Pero sin duda la peculiaridad de esta vieja refunfuñona está en sus piernas.

sábado, 6 de febrero de 2016

¡Podemos hacerlo!

Hoy les dejo este poema que escribí hace unos días y que refleja un poco la angustia que me produce el calentamiento del planeta.

Despertaba noviembre del  sueño
Por las duras nevadas dormido
Recordaba aquel  tiempo  lejano
En que todo seguía  su ritmo

Cuando invierno era invierno y no otoño
Y los paraguas hacían su servicio
Cuando el cálido sol calentaba
Lo justito,  pues era muy tímido

Cuando el almendro esperaba a la cola
Para lucir su manto de ensueño
Cuando las aves marchaban al sur
Temblorosas de frío y de miedo.

Ahora el oso despierta furioso
Pues el sueño se le hizo pequeño
La tortuga deambula nerviosa
Y pregunta ¿qué es esto?

Que la Tierra se nos vuelve loca
Es notorio, ya podemos verlo
Y que mi angustia está a flor de piel, 
Podéis hasta olerlo.

Soluciones debemos buscar
¡Podemos hacerlo!

Julia L. Pomposo

miércoles, 27 de enero de 2016

El Arbol de Casandra

En las españolas Islas Canarias, existe la leyenda del Árbol de Casandra, cuya historia tiene dos conocidas versiones:
La primera cuenta que Casandra era una jovencita de entre 12 y 16 años, que pasaba mucho tiempo jugando con un chico de su edad, pero aquella era una época conservadora y el romance que llegaron a tener fue muy mal visto. Así, el padre de Casandra le prohibió encontrarse con su pequeño novio, pero ésta siguió viéndose a escondidas y él, presa de la cólera ante la idea del deshonor, asesinó al novio de su hija…
Tras perder a su amado, Casandra estaba profundamente dolida y resentida con su padre, y realizó un pacto con el Diablo, en parte para vengarse; sin embargo la descubrieron y, como en ese entonces aún las brujas solían ser asesinadas, la capturaron, la ataron al árbol junto al cual hizo el pacto, y allí la quemaron viva… Desde ese fatídico día, comenzó a escucharse que cerca del árbol a veces se escuchaban los alaridos de una jovencita y un ruido como de cadenas arrastrándose. Se cree que es el alma en pena de Casandra, pues muchos dicen haber visto, tallado en la corteza del árbol, un “Casandra e Iván” que después se borra inexplicablemente…




La otra versión de la historia, más cruda aún que la primera, dice que Casandra se quedó embarazada de Iván, y que dio a luz a dos mellizos. Temerosa aún de perder a Iván, Casandra creyó que éste podría dejarla si el tiempo deterioraba su belleza, y tal fue la angustia experimentada ante aquella enfermiza idea, que finalmente hizo un ritual para contactar con el Diablo, a fin de ver si éste le aseguraba una belleza indeleble a cambio de algún sacrificio. Sorprendentemente, el Diablo pidió a Casandra que sacrificase a sus dos mellizos: solo así le daría lo pedido, y tan aferrada a Iván estaba ella, que aceptó realizar el abominable tributo.
Llegó entonces aquella noche profundamente negra en que Casandra, asegurándose de que Iván estuviese dormido y no despertase, tomó con cuidado a los dos bebés, salió de la casa y, bajo la pálida luz de la luna llena y resplandeciente como aquella locura que animaba su mirada, caminó hasta ese árbol en que tantas veces había estado con el padre de los seres que ahora sacrificaría.


Allí, aproximadamente a la medianoche según el deseo de Satanás, sacó el puñal y lo levantó con solemnidad; pero, en aquel breve lapso de tiempo en que se detuvo a contemplar lo que estaba haciendo y a combatir la parte de sí misma que se resistía a tal monstruosidad, advirtió entre los arbustos el brillo de unos ojos asombrados y a la vez enfurecidos: era Iván, que se abalanzó velozmente sobre ella sin darle tiempo a reaccionar, la golpeó, la ató al árbol mientras el llanto desesperado de sus hijos acompañaba a las inaudibles carcajadas de Satanás, y la quemó como se quema a una verdadera bruja…
Entonces el humo de la carne chamuscada ascendió al firmamento junto con los últimos gritos de Casandra, pero su alma intranquila aún sigue penando en torno al árbol donde la quemó viva el hombre que allí mismo tantas veces la besó…

domingo, 10 de enero de 2016

Macias: el trovador enamorado


Existen muchas versiones sobre la historia y la leyenda de este personaje. Por algunos poetas y escritores, contemporáneos suyos, sabemos que murió a manos del esposo de su amada, después de sufrir cautiverio, y muchos le definieron como "el mártir de Cupido", y el ejemplo del enamorado fiel hasta la muerte.
El caso es que Macías pertenecía a la escuela galaico-portuguesa del Cancionero de Baena y fue autor de hermosos poemas de temática amorosa. Era originario de Padrón, en Galicia, aunque vivió en Castilla en el siglo XV.
Una de las leyendas más conocidas en torno a él y a sus amores, es la que narraremos a continuación:
Enrique de Villena, personaje ya de por sí bastante extraño y también legendario, estaba casado con María de Albornoz. Ambos pertenecían a familias de la nobleza castellana del momento, que matrimoniaron por cuestiones de interés, dinástico o económico. Como en la mayoría de estas uniones no existía el más mínimo cariño, sino que más bien se despreciaban el uno al otro.
Sin embargo, al servicio de la casa Villena-Albornoz estaba Macías, enamorado desde siempre de doña María, a la que siguió después de su boda, logrando ganarse la confianza del esposo que le tenía en gran estima. Doña María correspondía a la adoración del trovador, que le dedicaba ardientes rimas hablándole de amor y menudeaban los encuentros secretos entre ambos, lo que vino a desembocar en un sentimiento mutuo y compartido.
Y sucedió que don Enrique estaba empeñado en conseguir el maestrazgo de la Orden de Calatrava, cuyo poder era muy grande en Castilla, pero para obtener tal dignidad, debía ser soltero o viudo y ninguna de estas dos circunstancias se daban en el estado de Enrique. Lo mejor era deshacerse de la esposa, lo cual no era fácil, pues el linaje de los Albornoz era poderoso y un divorcio le habría ocasionado numerosos problemas. También podía recurrirse al asesinato, pero para ello se necesitaba alguien lo suficientemente discreto y afecto a su causa. Pensó en Macías, y así se lo comunicó, ante el espanto del enamorado trovador que se negó en redondo.
No obstante, Enrique persistió en su empeño y sobornó a seis sicarios para que secuestrasen a María, haciendo público, al cabo de unos días, que, en bosque cercano se habían encontrado las ropas ensangrentadas de su esposa, lo que bien a las claras demostraba que había muerto. Él podía considerarse oficialmente viudo y libre para acceder al puesto deseado.
Los rumores que existían sobre los amores de Macías y de María y así como la necesidad de silenciar a alguien que conocía sus propósitos, hicieron que el trovador fuese apresado y encarcelado en un castillo de Arjonilla, cerca de Jaén, propiedad de don Enrique. Allí estaba también encerrada doña María de Albornoz.
En celdas separadas y encerrados de por vida, los amantes no tardaron en saber el uno del otro, y Macías seguía cantándole dulces sonatas de amor a su amada. Se dice que hasta los duros carceleros sentían pena de aquellas dos almas, hundidas en la miseria y en el hambre, y lo que es todavía peor, ¡tan cerca y tan lejos el uno del otro!
Don Enrique, al cabo de algún tiempo, fue a Arjonilla para asegurarse de que sus dos presas yacían sepultados en aquel lóbrego lugar que pronto acabaría con ellos. Cuando supo que, a pesar de tanta desgracia, Maclas y María seguían amándose, él mismo penetró en la celda de Macías y lo mató a lanzazos.
Esta muerte parece que afectó a la mente de Enrique, que siempre fue bastante extraña. Logró el maestrazgo de Calatrava, pero lo perdió por sus rarezas y se dio a la bebida y al juego llegando a perder cuanto poseía. El rey Juan II, viendo al estado que había llegado, le otorgó el señorío de Iniesta, compadecido de su miseria y extravío.
Doña María, según algunos, regresó a sus posesiones de Cuenca, pero el decir popular da otra versión. Durante varios años, se vio a una mujer, una mendiga, rondando por el castillo de Arjonilla. Pasaba días enteros junto a sus muros, mientras la chiquillería le tiraba piedras, y le hacía burla. Otras veces entraba en la iglesia en la que estaba enterrado Macías y durante horas se postraba sobre la lápida que cerraba el sepulcro, hasta que un día, cuando el sacristán la fue a echar de la iglesia porque era la hora de cerrar el templo, se encontró con que la mujer estaba muerta, con los labios pegados sobre la inscripción en la que podía leerse:
Aquí yace Macías el Enamorado
A muchos no les cupo duda de que aquella pobre mujer, aquel despojo humano, era doña María que nunca pudo superar la trágica muerte de su amor. Se arrastró por la vida, ausente de la realidad, esperando que la muerte misericordiosa se acordase de ella y la llevase a reunirse con el poeta enamorado.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Verdad y leyenda del Santo Grial

La leyenda comienza cuando a José de Arimatea, quien supuestamente recibió y se hizo depositario de este símbolo sagrado, recogió en él la sangre de Cristo crucificado. El cáliz después pasó a Inglaterra, donde fue heredándose de generación en generación por los descendientes de José. El Grial poseía muchas propiedades milagrosas, tales como proporcionar alimento a los que estaban libres de pecado, cegar a los impuros de corazón o dejar mudo al irreverente que llegaba a su presencia.
Siempre según la leyenda, José de Arimatea fue uno de los trece discípulos que San Felipe envió a Inglaterra. Establecido con su familia en Glastonbury, o en Avalon según otras fuentes, fundó la primera iglesia consagrada a la Virgen donde depositó el Grial para atender a las necesidades de la Eucaristía.


Una tradición aragonesa cuenta que el grial fue guardado y utilizado por los apóstoles en Jerusalén. De allí habría pasado a Antioquía, llevado por san Pedro. Posteriormente se habría trasladado a Roma, donde fue usado por 23 papas hasta el pontificado del griego san Sixto II.

Estas leyendas se propagarón por Europa en boca de juglares y trovadores. Las más antiguas datan del siglo XII. En general, casi todas están basadas en el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la historia de José de Arimatea. Se habla de una copa misteriosa que contiene el elixir de la juventud y que se encuentra en un lugar inaccesible, entre abruptas montañas. Sus guardianes son los Caballeros del Santo Grial.


El Papa Sixto II (que ejerció el papado durante un año, desde 257 a 258), asustado por la persecución romana, lo envió a Huesca (España) custodiado por el joven diácono Lorenzo para que fuera escondido en las lejanas montañas de Aragón.
En el año 1424 el Cáliz habría sido trasladado al Palacio Real de Valencia por orden de Alfonso el Magnánimo, que agradecía así su ayuda al reino de Valencia en sus luchas mediterráneas. Y es en Valencia, dónde según cuenta la leyenda, se encuentra el verdadero Santo Grial.
Sin embargo, en 1809, ante la inminente llegada de las tropas francesas a Valencia , el Santo Cáliz fue llevado a Alicante y, después, a Mallorca e Ibiza, donde permaneció hasta su regreso a Valencia en 1812. Finalmente, en 1916, el entonces arzobispo de Valencia , monseñor Valeriano Menéndez Conde, junto con el cabildo de la Catedral, acordó instalar el Santo Grial en la antigua Sala Capitular de la Seo, en lugar del relicario en el que permanecía desde el siglo XV.

Según la leyenda, el Santo Grial es la copa usada por Jesucristo en la Última Cena. Se dice que quien lo encuentre recibirá poderes extraordinarios y la vida eterna.


Para los cristianos, el Santo Grial es y siempre ha sido la copa usada por Jesús para consagrar el vino en la Ultima Cena, el auténtico receptáculo que recibió la sangre de Cristo en el apenas instituido sacramento de la Eucaristía.
La gente de todo los tiempos se ha quedado un poco perpleja de que esta preciosa reliquia haya originado un importante número de historias fantásticas sobre guerreros, monjes y reyes que se embarcaban en su búsqueda.

viernes, 20 de noviembre de 2015

lunes, 16 de noviembre de 2015

La leyenda de las gemelas

Hace ya bastantes años…vivía una familia en un pequeño pueblecito en España. Esta familia lo tenía todo, una casa grande, amor, cariño, salud, dinero,  y por si fuera poco, la mujer se quedó embarazada, ydio a luz dos pequeñas alegrias… gemelas. A cada cual más adorable, o eso era lo que ellos pensaban cuando nacieron las niñas. Les pusieron de nombre, Verónica y Violeta.

Cuando fue pasando el tiempo se notaron las grandes diferencias que estribaban entre las hermanas, aunque fisicamente fueran iguales eran muy distintas psicólogicamente. Violeta era la típica hija perfecta, todo el mundo la quería mucho, era la hija predilecta, se le daba bien todo cuánto hacía y tenía muchos amigos y aficiones, mientras que Verónica era la niña introvertida, tan tímida que apenas dirigía la palabra a los niños de su clase, no se la daban bien los estudios y no demostraba interés por nada más que por una cosa que si se la daba bien, cantar. Cuando Verónica cantaba era como el trinar de los pájaros, encandilaba a todo el mundo. Verónica para resumir, se podía decir que era una niña triste, rara vez dejaba ver una sonrisa, nunca reía por nada y siempre estaba callada.

Un dia los padres de las niñas recibieron invitaciones para el teatro y buscaron una canguro para las pequeñas pero Violeta, en su calidad de hermana responsable y buena les dijo que no había ningún problema, que podían quedarse las dos solas porque YA ERAN MAYORES … sus padres con una mirada aprobatoria accedieron y las dejaron que se quedaran solas viendo una película con la condición de que se acostaran pronto.

La noche pasó y sus padres llegaron a casa sobre las 12 de la noche tras una cena y el teatro… era una noche lluviosa y decidieron volver pronto porque estaban preocupadas por si las niñas tenían miedo, ya que la casa donde vivían era un tanto lúgubre debido a su gran tamaño, estaban preocupados así que se dieron prisa en regresar..

Pero cuando llegaron a casa se sintieron aliviados porque oyeron a Violeta como reía a carcajadas arriba en su habitación, divirtiéndose con su hermana.

Están jugando – dijo la madre con una gran sonrisa
No son horas, las dijimos que se acostaran pronto – recriminó el padre. Pero bueno no las regañemos, se han portado bien.

Cuando subieron a darles las buenas noches abrieron la puerta y descubrieron horrorizados que quien reía no era la dicharachera Violeta, increíblemente era Verónica, que canturreaba una cancion:

1 2 3 4 a Verónica ahora querreis, 1 2 3 4 Violeta se irá para no volver….
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!

Extrañados los padres dirigieron la mirada hacia la cama de Violeta, estaba durmiendo tapada con la sabana , pero tenía algo raro en la cabeza, la destaparon y comprobaron horrorizados como estaba bajo la sábana el cuerpo mutilado de Violeta con unas tijeras clavadas en los ojos, todo lleno de sangre…

Los padres en pleno ataque de nervios miraron a Verónica y esta siguió riendo y gritando y de repente se levantó corriendo del suelo y riendo se tiró por la ventana, allí halló su muerte…

A los dos días y después de la autopsia de Violeta se celebraron los funerales… y una semana despues los padres abandonaron esa casa porque decían que por las noches se oia como Verónica gritaba y canturreaba a la vez que reía a carcajada limpia y que se oia como la otra niña pedia auxilio desesperadamente, pero cada vez que los padres entraban a la habitación los gritos paraban…

Esta es la leyenda de las dos hermanas, dicen que si una noche a las doce de la noche (cuando se realizó el asesinato) dices Verónica jaja Verónica jaja tres veces, ella se aparecerá y será tu último dia entre los vivos… y ¿alguna vez os habéis preguntado por qué a la gente le da mala espina siempre ver unas tijeras abiertas? Fue por esto, Verónica mató a su hermana con ellas. Nunca digas Verónica jaja porque dicen que encontrarás la muerte a la mañana siguiente con unas tijeras clavadas en los ojos…


P/D
    Mi hija se llava Verónica, de ahora en adelante, tendré cuidado cada vez que la llame, no sea que la otra se de por aludida, jajaja.

jueves, 29 de octubre de 2015

Las Lucecitas (cuento de Halloween)


La noche pasada no podía dormir, me encontraba muy inquieta y sentía una molestia que no sabría definir. No sabía que me estaba ocurriendo porque no me dolía nada. Supongo que el estar dando vueltas y más vueltas en la cama no ayudaba y me iba poniendo cada vez más nerviosa, así que decidí levantarme y salir a dar un paseo por los alrededores. En ese momento debían ser las dos de la madrugada aproximadamente.

Vivo a las afueras de un tranquilo pueblecito un poco apartado del mundo; está situado en el centro de un valle y rodeado por un hermoso paisaje de montañas y bosques. Por lo tanto el salir a pasear a esas horas puede resultar extravagante pero no peligroso.

Mi casa es pequeña, pintada de blanco y con la puerta y ventanas de color azul. Está situada al borde del camino de árboles un poco retorcidos, es la última casa del pueblo. Mirando hacia el fondo del camino se pueden distinguir las altas tapias del Camposanto y la gran verja de entrada flanqueada por dos enormes cipreses y por la que se vislumbra parte del interior del pequeño cementerio y justo hacia allí encaminé mis pasos, con el único fin de cansar el cuerpo y tranquilizar el espíritu que por lo visto, aquella noche había decidido no dejarme dormir.

Caminaba despacio mientras me arrebujaba en mi chal de lana puesto que a aquella hora de la madrugada solía refrescar.

Según me acercaba empecé a distinguir unas lucecitas que en un principio tomé por luciérnagas, pero cuando estuve mas cerca me dí cuenta que no se movían por el suelo sino que parecían flotar. Al llegar delante de la verja observé que estaba abierta, cosa que me sorprendió bastante, ya que Damián el sepulturero y que también hace las veces de jardinero, es muy cuidadoso en su trabajo y jamás se había dejado el recinto abierto.

Pero aquella noche parecía que hubiese presentido mi visita y me estuviese esperando.

Atravesé la verja atraída por las luces que se movían de acá para allá por entre las tumbas.

La luna no alumbraba demasiado aquella noche y me llevó un buen rato darme cuenta de que se trataba. Eran un grupo de personas que vestían sendas capas negras y cuyas capuchas ocultaban sus rostros. Cada uno de ellos llevaba una vela encendida en la mano y todos parecían muy atareados, aunque no imaginaba que podían estar haciendo a esas horas tan intempestivas ni mucho menos comprendía quien podrían ser esos misteriosos encapuchados. No soy demasiado miedosa, pero aquello empezaba a inquietarme


De pronto, advirtieron mi presencia y todos, como obedeciendo a una invisible señal, comenzaron a reunirse en un mismo punto y sin poder controlar mi curiosidad, me fui acercando hasta allí. Al estar todas las velas juntas pude por fin distinguir sus rostros y para mi sorpresa, descubrí que todos me eran familiares. Estaban Pedro, el anterior sepulturero que había muerto hacía un par de años; también estaban Doña Adela y Doña Aurora, ambas habían sido maestras de mi infancia y el anterior párroco, el padre Ambrosio fallecido hacía casi diez años, así hasta un total de doce personas. Todas estaban alineadas frente a mí y me sonreían. De pronto se fueran apartando y tras ellos apareció una mesa a la que se encontraban sentados mis padres, mis abuelos y algún que otro familiar fallecidos. Todos me hacían gestos con la mano para que me sentase a la mesa con ellos.


¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué clase de broma macabra era aquella y que hacían todos aquellos difuntos allí? De pronto, lo comprendí todo; no era real, se trataba de un sueño o mejor dicho, en este caso, de una pesadilla ¿O no?. ¡Vaya ahora lo entiendo! Después de todo, la noche anterior si que había conseguido dormirme, lo que parecía que no había conseguido era ¡¡DESPERTAR!!

Julia L. Pomposo

martes, 27 de octubre de 2015

Historia de un hada

(De mi segundo libro Mis pensamientos y un Cuento de Hadas)



       Cristal era un hada que habitaba en lo más profundo del bosque encantado, en una preciosa casita rodeada de flores de mil colores. Era un hada encantadora. Tenía una larga cabellera dorada y ondulada que cuidaba con especial esmero. Sus ojos eran verdes y profundos y poseía una sonrisa limpia y cristalina como su nombre. Nunca había salido del bosque en el que vivía feliz rodeada de sus hermanas. Se pasaba el día jugando, cantando, correteando por el bosque en persecución de hermosas mariposas, o recogiendo flores con las que confeccionaba adornos y guirnaldas y bañándose en el estanque que había junto a su casita y era totalmente feliz. No añoraba el mundo exterior, porque nunca lo había visto. Ni siquiera sabía que existiese otro lugar que no fuese su bosque. No conocía otros seres que no fuesen los gnomos, ninfas y sus propias hermanas y amigas, las hadas.

      Pero algo iba a suceder que cambiaría por completo su tranquila existencia y su vida.

     Un buen día, mientras recogía flores para tejer una corona con la que adornar sus cabellos, un inesperado sonido llamó su atención. A lo lejos se oían las notas de una dulce melodía. Cristal, que al fin y al cabo era mujer, no pudo contener su curiosidad y se adentró más y más en lo profundo del bosque, siguiendo el sonido de aquellas dulces notas. De pronto vio algo que le dejó fascinada. Le parecía el ser mas hermoso que había visto nunca. Era alto y esbelto y el color de su piel tenía un bonito tono dorado bruñido, que hacía que aun resaltasen más sus ojos tan luminosos y azules como el agua del estanque en el que ella se bañaba cada día.
     Estaba sentado bajo un árbol frondoso y tocaba una flauta a la que sacaba melodías increíbles. Vestía negras mallas, jubón verde con adornos plateados y una corta capa que le llegaba hasta la cintura. Su cabeza estaba cubierta por una especie de gorra, también verde y con un adorno de plumas que le caían graciosamente a un lado de la cabeza. Estaba tan inmerso en su música, que no advirtió la presencia de Cristal, que poco a poco fue acercándose hasta donde él estaba sentado y contemplaba ensimismada a aquel extraño y hermoso ser.
     De pronto, cuando Cristal trataba de acercarse un poquitín más, su falda se enganchó con una rama seca y cayó estrepitosamente al suelo, asustando al sorprendido músico, que no daba crédito de lo que estaba viendo. Ante él tenía a la criatura más maravillosa que había contemplado jamás.

     Era delicada y frágil como una porcelana y sus ojos, de un verde intenso, iluminaban todo aquello que miraban; su larga y ondulada cabellera era del color del sol y unas hermosas alas de un suave tono rosado salían de su espalda y se agitaban temblorosas.

    -¡Oh! Perdonadme -susurró Cristal algo avergonzada- si os he interrumpido, sólo trataba de oír mejor vuestra hermosa música.
   -Por favor, no os disculpéis -contestó el músico mientras tomándola de una mano, la ayudó a desprenderse de la rama que aun la tenía apresada por la falda.
- ¿Quién sois? -preguntó Cristal curiosa- no os había visto jamás por aquí.
   -Me llamo Orlando y cuando paseaba por el bosque, algo asustó de pronto a mi caballo que acabó derribándome al huir despavorido. He caminado durante toda la mañana tratando de encontrar el camino hasta el pueblo y al final, rendido, me he sentado un rato a descansar. Lo demás, ya lo sabéis...........

II

    -Venid conmigo, mi padre os prestará un caballo y podréis comer algo -dijo Cristal. Orlando aceptó encantado pues la verdad era, que ya llevaba muchas horas sin probar bocado y comenzaba a sentir hambre.
    En casa de Cristal fue recibido con alegría y curiosidad y sus hermanas no dejaban de dar vueltas y mas vueltas revoloteando a su altura y cuchicheando cosas al oído entre risas y alborotos. Luego comió con todos, queso, pan recién hecho, miel de flores y unas bayas rojas que la misma Cristal había recogido aquella mañana y que estaban deliciosamente dulces. Orlando no podía apartar los ojos de Cristal  mientras comían y un ligero cosquilleo le recorría la espalda. Luego se acostó.
    Aquella noche soñó con ella, soñó que corrían por el bosque montados en un hermoso caballo alado y que eran felices. Cristal, por el contrario, no pudo dormir en toda la noche. No dejaba de pensar en aquel hermoso desconocido y en la enorme atracción que sentía por él. El día amaneció precioso y soleado y el aire olía a violetas silvestres. Orlando se preparó para marchar después de haber desayunado un tazón de una sabrosa leche y unos deliciosos panecillos con miel. Montó en el corcel que el padre de Cristal le había dejado y partió, no sin antes prometer que regresaría para devolver el caballo.

    Pasaron los días y Cristal volvía cada atardecer al lugar donde encontró a Orlando con la esperanza de volver a oír la hermosa melodía que le llevó hasta él.Se había tornado algo triste y melancólica y su alegre risa ya no se oía por el bosque. Ahora se pasaba las horas sentada junto al estanque con la mirada perdida en la lejanía....

III

    Cristal sentía una sensación de inquietud y desazón que nunca hasta entonces había sentido y no sabía que clase de mal la aquejaba. Al fin se decidió a hacerle una visita a la anciana hada del bosque, cuya sabiduría era bien sabida de todos. La anciana escuchó atentamente su relato y al final sonriendo le dijo. No temas Cristal, no te aqueja ninguna enfermedad, simplemente te has enamorado, y eso es lo más bello del mundo. Tu corazón ya no es tuyo, ahora pertenece a Orlando.

    Cristal se marchó algo confusa y compungida, pues no entendía muy bien lo que había dicho la anciana. Pero al llegar a su casa, le esperaba una agradable sorpresa: allí junto a la chimenea encendida y charlando con su padre y hermanas, estaba Orlando, quien al ver a Cristal enmudeció de pronto y su sonrisa se hizo mas luminosa. Él tampoco había dejado de pensar en ella en todo este tiempo y venía decidido a pedirla en matrimonio.

    Toda la familia acogió con alegría la noticia, todos, menos el padre de Cristal, que levantándose de pronto dijo estas fatídicas palabras: -¡no puede ser, ¡eso es imposible!
   -Pero padre, ¿por qué? -exclamó Cristal-. Si el me ama y yo le amo, ¿qué ocurre?
   -Hija mía, ¿aun no lo has comprendido? Tu eres un hada y solo habitas en la imaginación de la gente y si sales de este bosque encantado para ir al mundo real, morirás.
    Cristal lloró amargamente todo el día y toda la noche y nadie consiguió, ni siquiera Orlando, que saliera de su habitación.

    A la mañana siguiente, mientras todos dormían, Cristal se fue a visitar a la anciana hada del bosque, pidiéndole entre lamentos y llantos, que la ayudase. La anciana consultó El Libro de Los Conjuros y al final le dijo: -quizá pueda hacerse algo.
   -Harás lo siguiente, pregunta a tu amado si estaría dispuesto a renunciar a lo que hasta ahora ha sido su mundo, y si su respuesta es afirmativa, le das a beber esta poción que he preparado con jugo de caléndulas, hojas de eucalipto y el ingrediente principal: polvo de alas de mariposa. Se lo darás esta noche antes de acostarse y....


 IV

    El día siguiente amaneció radiante. Orlando se levantó el primero y salió al bosque con la intención de recoger algunas flores con las que obsequiar a su amada. El sol brillaba más que nunca y el cielo lucía un color turquesa espectacular, la brisa llegaba tibia y perfumada con el aroma de las múltiples flores silvestres, los pajarillos trinaban alegres y las mariposas y libélulas, revoloteaban dando la bienvenida a aquel día tan maravilloso.
    Orlando se acercó al estanque para contemplar a los pececillos, y de pronto,......¡Oh sorpresa! No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Reflejadas en el agua, vio unas hermosas alas de un suave tono azul que salían de su espalda. ¡El brebaje de la anciana había funcionado! Ya no había nada que pudiera impedir su unión con Cristal, pues ahora el también era uno de ellos.

    Volvió a la casita gritando y saltando de júbilo y despertando con sus muestras de alegría a los que aun dormían.
    Todos quedaron maravillados de tal prodigio y aquel mismo día, comenzaron los preparativos para la boda. Todos los duendecillos, gnomos, hadas y ninfas del bosque ayudaron a preparar el acontecimiento. Así que, cuando por fin llegó el tan esperado momento, todo estaba precioso y habían guirnaldas de flores por todas partes y las luciérnagas habían formado un arco luminoso por donde tenían que aparecer los novios. Cristal estaba muy hermosa con sus galas nupciales y Orlando lucía un jubón blanco y dorado que le sentaba muy bien.

EPÍLOGO

    La boda fue preciosa y todas las criaturas del bosque fueron invitadas a la fiesta; en la cual habían reservando un lugar preferente para la anciana hada, la autora del prodigio que había unido a ambos jóvenes.....

....Y por lo que sé, hasta el día de hoy, allí siguen viviendo felices por siempre jamás.

¿Te gustaría ver a Cristal y Orlando?
Cierra los ojos, deja volar tu imaginación y  pide tu deseo, ellos vendrán, seguro.
¡¡Suerte!!                    

           FIN

                                               Julia L. Pomposo