Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarlo salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

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martes, 27 de octubre de 2015

Historia de un hada

(De mi segundo libro Mis pensamientos y un Cuento de Hadas)



       Cristal era un hada que habitaba en lo más profundo del bosque encantado, en una preciosa casita rodeada de flores de mil colores. Era un hada encantadora. Tenía una larga cabellera dorada y ondulada que cuidaba con especial esmero. Sus ojos eran verdes y profundos y poseía una sonrisa limpia y cristalina como su nombre. Nunca había salido del bosque en el que vivía feliz rodeada de sus hermanas. Se pasaba el día jugando, cantando, correteando por el bosque en persecución de hermosas mariposas, o recogiendo flores con las que confeccionaba adornos y guirnaldas y bañándose en el estanque que había junto a su casita y era totalmente feliz. No añoraba el mundo exterior, porque nunca lo había visto. Ni siquiera sabía que existiese otro lugar que no fuese su bosque. No conocía otros seres que no fuesen los gnomos, ninfas y sus propias hermanas y amigas, las hadas.

      Pero algo iba a suceder que cambiaría por completo su tranquila existencia y su vida.

     Un buen día, mientras recogía flores para tejer una corona con la que adornar sus cabellos, un inesperado sonido llamó su atención. A lo lejos se oían las notas de una dulce melodía. Cristal, que al fin y al cabo era mujer, no pudo contener su curiosidad y se adentró más y más en lo profundo del bosque, siguiendo el sonido de aquellas dulces notas. De pronto vio algo que le dejó fascinada. Le parecía el ser mas hermoso que había visto nunca. Era alto y esbelto y el color de su piel tenía un bonito tono dorado bruñido, que hacía que aun resaltasen más sus ojos tan luminosos y azules como el agua del estanque en el que ella se bañaba cada día.
     Estaba sentado bajo un árbol frondoso y tocaba una flauta a la que sacaba melodías increíbles. Vestía negras mallas, jubón verde con adornos plateados y una corta capa que le llegaba hasta la cintura. Su cabeza estaba cubierta por una especie de gorra, también verde y con un adorno de plumas que le caían graciosamente a un lado de la cabeza. Estaba tan inmerso en su música, que no advirtió la presencia de Cristal, que poco a poco fue acercándose hasta donde él estaba sentado y contemplaba ensimismada a aquel extraño y hermoso ser.
     De pronto, cuando Cristal trataba de acercarse un poquitín más, su falda se enganchó con una rama seca y cayó estrepitosamente al suelo, asustando al sorprendido músico, que no daba crédito de lo que estaba viendo. Ante él tenía a la criatura más maravillosa que había contemplado jamás.

     Era delicada y frágil como una porcelana y sus ojos, de un verde intenso, iluminaban todo aquello que miraban; su larga y ondulada cabellera era del color del sol y unas hermosas alas de un suave tono rosado salían de su espalda y se agitaban temblorosas.

    -¡Oh! Perdonadme -susurró Cristal algo avergonzada- si os he interrumpido, sólo trataba de oír mejor vuestra hermosa música.
   -Por favor, no os disculpéis -contestó el músico mientras tomándola de una mano, la ayudó a desprenderse de la rama que aun la tenía apresada por la falda.
- ¿Quién sois? -preguntó Cristal curiosa- no os había visto jamás por aquí.
   -Me llamo Orlando y cuando paseaba por el bosque, algo asustó de pronto a mi caballo que acabó derribándome al huir despavorido. He caminado durante toda la mañana tratando de encontrar el camino hasta el pueblo y al final, rendido, me he sentado un rato a descansar. Lo demás, ya lo sabéis...........

II

    -Venid conmigo, mi padre os prestará un caballo y podréis comer algo -dijo Cristal. Orlando aceptó encantado pues la verdad era, que ya llevaba muchas horas sin probar bocado y comenzaba a sentir hambre.
    En casa de Cristal fue recibido con alegría y curiosidad y sus hermanas no dejaban de dar vueltas y mas vueltas revoloteando a su altura y cuchicheando cosas al oído entre risas y alborotos. Luego comió con todos, queso, pan recién hecho, miel de flores y unas bayas rojas que la misma Cristal había recogido aquella mañana y que estaban deliciosamente dulces. Orlando no podía apartar los ojos de Cristal  mientras comían y un ligero cosquilleo le recorría la espalda. Luego se acostó.
    Aquella noche soñó con ella, soñó que corrían por el bosque montados en un hermoso caballo alado y que eran felices. Cristal, por el contrario, no pudo dormir en toda la noche. No dejaba de pensar en aquel hermoso desconocido y en la enorme atracción que sentía por él. El día amaneció precioso y soleado y el aire olía a violetas silvestres. Orlando se preparó para marchar después de haber desayunado un tazón de una sabrosa leche y unos deliciosos panecillos con miel. Montó en el corcel que el padre de Cristal le había dejado y partió, no sin antes prometer que regresaría para devolver el caballo.

    Pasaron los días y Cristal volvía cada atardecer al lugar donde encontró a Orlando con la esperanza de volver a oír la hermosa melodía que le llevó hasta él.Se había tornado algo triste y melancólica y su alegre risa ya no se oía por el bosque. Ahora se pasaba las horas sentada junto al estanque con la mirada perdida en la lejanía....

III

    Cristal sentía una sensación de inquietud y desazón que nunca hasta entonces había sentido y no sabía que clase de mal la aquejaba. Al fin se decidió a hacerle una visita a la anciana hada del bosque, cuya sabiduría era bien sabida de todos. La anciana escuchó atentamente su relato y al final sonriendo le dijo. No temas Cristal, no te aqueja ninguna enfermedad, simplemente te has enamorado, y eso es lo más bello del mundo. Tu corazón ya no es tuyo, ahora pertenece a Orlando.

    Cristal se marchó algo confusa y compungida, pues no entendía muy bien lo que había dicho la anciana. Pero al llegar a su casa, le esperaba una agradable sorpresa: allí junto a la chimenea encendida y charlando con su padre y hermanas, estaba Orlando, quien al ver a Cristal enmudeció de pronto y su sonrisa se hizo mas luminosa. Él tampoco había dejado de pensar en ella en todo este tiempo y venía decidido a pedirla en matrimonio.

    Toda la familia acogió con alegría la noticia, todos, menos el padre de Cristal, que levantándose de pronto dijo estas fatídicas palabras: -¡no puede ser, ¡eso es imposible!
   -Pero padre, ¿por qué? -exclamó Cristal-. Si el me ama y yo le amo, ¿qué ocurre?
   -Hija mía, ¿aun no lo has comprendido? Tu eres un hada y solo habitas en la imaginación de la gente y si sales de este bosque encantado para ir al mundo real, morirás.
    Cristal lloró amargamente todo el día y toda la noche y nadie consiguió, ni siquiera Orlando, que saliera de su habitación.

    A la mañana siguiente, mientras todos dormían, Cristal se fue a visitar a la anciana hada del bosque, pidiéndole entre lamentos y llantos, que la ayudase. La anciana consultó El Libro de Los Conjuros y al final le dijo: -quizá pueda hacerse algo.
   -Harás lo siguiente, pregunta a tu amado si estaría dispuesto a renunciar a lo que hasta ahora ha sido su mundo, y si su respuesta es afirmativa, le das a beber esta poción que he preparado con jugo de caléndulas, hojas de eucalipto y el ingrediente principal: polvo de alas de mariposa. Se lo darás esta noche antes de acostarse y....


 IV

    El día siguiente amaneció radiante. Orlando se levantó el primero y salió al bosque con la intención de recoger algunas flores con las que obsequiar a su amada. El sol brillaba más que nunca y el cielo lucía un color turquesa espectacular, la brisa llegaba tibia y perfumada con el aroma de las múltiples flores silvestres, los pajarillos trinaban alegres y las mariposas y libélulas, revoloteaban dando la bienvenida a aquel día tan maravilloso.
    Orlando se acercó al estanque para contemplar a los pececillos, y de pronto,......¡Oh sorpresa! No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Reflejadas en el agua, vio unas hermosas alas de un suave tono azul que salían de su espalda. ¡El brebaje de la anciana había funcionado! Ya no había nada que pudiera impedir su unión con Cristal, pues ahora el también era uno de ellos.

    Volvió a la casita gritando y saltando de júbilo y despertando con sus muestras de alegría a los que aun dormían.
    Todos quedaron maravillados de tal prodigio y aquel mismo día, comenzaron los preparativos para la boda. Todos los duendecillos, gnomos, hadas y ninfas del bosque ayudaron a preparar el acontecimiento. Así que, cuando por fin llegó el tan esperado momento, todo estaba precioso y habían guirnaldas de flores por todas partes y las luciérnagas habían formado un arco luminoso por donde tenían que aparecer los novios. Cristal estaba muy hermosa con sus galas nupciales y Orlando lucía un jubón blanco y dorado que le sentaba muy bien.

EPÍLOGO

    La boda fue preciosa y todas las criaturas del bosque fueron invitadas a la fiesta; en la cual habían reservando un lugar preferente para la anciana hada, la autora del prodigio que había unido a ambos jóvenes.....

....Y por lo que sé, hasta el día de hoy, allí siguen viviendo felices por siempre jamás.

¿Te gustaría ver a Cristal y Orlando?
Cierra los ojos, deja volar tu imaginación y  pide tu deseo, ellos vendrán, seguro.
¡¡Suerte!!                    

           FIN

                                               Julia L. Pomposo


2 comentarios:

  1. Estas historias me remiten a mi juventud, fui un gran consumidor de cuentos infantiles, me he leido casi la coleccion de julio verne, ni que decir de emilio salgari, gracias por estos recuerdos y por compartir la caravana julia, exitos y lo mejor siempre para ti y para tu gente, abrazos desde buenos aires Argentina.

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  2. *•.¸♡¸.•*♥*•.¸¸.•*♡*•♥ ¸.•*♥*•.¸.•*♡*•.¸.•*♥* ★MaRiBeL★
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