Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarlo salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

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domingo, 23 de julio de 2017

Tamboril y el Gitano


Una tarde, el caballo Tamboril viajaba rumbo a su nuevo hogar. Andrés y Maite Vegas acababan de comprarlo y lo llevaban a los establos que tenían en Cañameras.

La caja en que iba encerrado empezó a balancearse peligrosamente y Andrés tuvo que detenerse al borde del camino..Cuando abrió la puerta para tranquilizarlo, Tamboril dio un salto y salió al galope, perdiéndose en la oscuridad.

Maite quiso ir tras él, pero Andrés le dijo:-No podremos encontrarlo ahora. Volveremos mañana.
Se fueron y dejaron al caballo perdido en la noche.


Al principio. Tamboril sólo pensaba en huir lo más lejos posible de la caja, y corrió como un rayo por la carretera. Luego aflojó el paso y empezó a trotar. Se sentía solo, tenía miedo y echaba de menos el establo caliente. Buscó refugio junto a un seto y se echó a dormir.

Aún estaba allí cuando Pepe Heredia pasó rumbo a la escuela al día siguiente. Pepe era un gitanillo que tenía el cabello negro y rizado y unos ojos negros muy brillantes. Lo que más le gustaba en el mundo eran los caballos. Su padre ya no se dedicaba a criarlos, pero Pepe llevaba en la sangre un gran amor por estos animales.

-Quieto, quieto -susurró, acariciando a Tamboril- Vamos a ser buenos amigos.

El caballito sintió que estaba a salvo con el niño. Pero tenía mucho frío.

-Pobrecito -dijo Pepe- Será mejor que te lleve a casa, a ver a la abuela.

Y echó a andar, llevándose a Tamboril con él.

El campamento gitano se encontraba muy cerca de la carretera principal. Estaba lleno de coches y camiones en mal estado, y entre ellos sobresalía, como una flor brillante, un carro de madera pintada. Pepe se acercó a la puerta y la golpeó con los nudillos. Abrió su abuela.

-¿Qué traes ahí? -preguntó, al ver al caballo.

-Lo encontré junto al camino. Tiene mucho frío y se me ocurrió que tú podías ayudarlo.

Ella volvió a entrar en el carro y regresó con una botella de medicina que olía rematadamente mal.

-Es una receta mía.

Le dio un poco al animal, que sintió como un fuego le calentaba las entrañas, y lo hizo acostarse en un montón de trapos, cubriéndolo con mantas viejas.

-No tardará mucho en sentirse bien -dijo la vieja gitana.

Pepe se sentó junto a Tamboril para ver cómo se recuperaba.

Mientras lo acariciaba, apareció su padre.

-¿Qué hace aquí este caballo? -gritó- Llévatelo en seguida. Sabes muy bien que está prohibido robar caballos.

-No lo robé, lo encontré en el camino.

-Si es así, deberías llevarlo a la comisaría. Los policías sabrán qué -Ya puedes olvidarte de eso -le recomendó su padre-. Aquí no hay sitio para caballos.

Tras decirle esto, se marchó.

-¡Pepe! -gritó su abuela desde la puerta del carro-. ¡Ven aquí! Tengo que enseñarte una cosa.

Sacó un paquete de un viejo baúl y, desenvolviéndolo lentamente, le mostró la brida más bonita que jamás había visto.

-Era de tu bisabuelo, de mi padre -le explicó-. Tenía cuarenta caballos, y esta brida era la de su preferido. Cuídala bien, ¿me oyes? Trátala como se merece y te traerá suerte.

Pepe estaba tan emocionado que no sabía cómo darle las gracias. Salió y le colocó la brida a Tamboril.

-¡Vaya, te va perfecta! -suspiró-. Pero esta tarde ya no estarás conmigo…

Tamboril se dio cuenta de que había llegado el momento de marcharse. Se puso en pie, Pepe lo montó y se alejaron del campamento a medio galope. Con el gitanillo montado en su lomo, Tamboril estaba dispuesto a ir a cualquier parte.

Había un atajo que atravesaba los campos de brezos, en dirección a la comisaría. Tamboril se animó y comenzó a galopar. Pepe pesaba menos que una pluma. Monte arriba, se dirigieron hacia un muro de piedras muy bajo. A Tamboril le encantaba saltar; acortó el paso y se dispuso a pasar sobre el muro.

-¡Arriba! -gritó Pepe.

Al otro lado del muro había una cantera inundada. Tamboril se asustó. Al caer, el suelo cedió bajo sus patas y comenzó a resbalar hacia el agua. Pepe pudo saltar, pero Tamboril cayó al agua fangosa con gran estrépito.

“¡Seguro que se ahogará!”, pensó. “¡El agua es tan profunda!”

Pero Tamboril logró llegar a una roca que había en la orilla.

Pepe se arrastró por el borde de la cantera hasta poder agarrar la brida de Tamboril.

-Calma, calma, pequeño -susurro-Quédate quieto. Todo va bien. Pronto vendrán a ayudarnos.

Se equivocaba. Nadie los ayudó. Estuvo allí sentado durante muchas horas, sosteniendo la cabeza del caballito. Pepe gritó y gritó, hasta perder la voz, pero nadie oyó sus llamadas de auxilio.

Comenzaba a hacerse de noche cuando oyó ladrar a un perro y vio en la lejanía a un labrador que, seguramente, era su dueño.

El perro se acercó corriendo.

-Busca a tu amo. ¡Busca, busca! -le suplicó Pepe. En seguida comprendió la tragedia y con ladridos lastimeros llamó al labrador, que se acercó presuroso.

-Te sacaremos de ahí, ten confianza -gritó el hombre.

A la media hora vieron un helicóptero sobre sus cabezas. Primero bajaron a un tripulante con unas cuerdas especiales; Pepe le ayudó a sujetar a Tamboril con ellas.

El asombrado caballo no podía comprender qué sucedía. Intentó no perder de vista a su amiguito. ¿Iban a llevárselo a él, abandonando allí a Pepe? Subió y subió, hasta que lo dejaron a buena distancia de la cantera. Pepe no esperó al helicóptero, sino que se apresuró a escalar la cantera para asegurarse de que Tamboril estaba a salvo.

Una vez en casa del labrador, Pepe tomó una taza de leche con galletas y Tamboril una deliciosa masa de salvado.

La policía, y Andrés y Maite Vegas, tras buscar al caballo afanosamente, lo encontraron sano y salvo allí.

-Lo llevaba a la comisaría cuando nos caímos en la cantera -les contó Pepe.

-Se llama Tamboril -explicó

Maite- Ven a verle cuando quieras.

Así pues, Pepe se pasó todos los fines de semana y las vacaciones trabajando en los establos de Cañameras. Muchos chicos montaban Tamboril, pero sólo llevaba la brida gitana cuando lo montaba Pepe.

2 comentarios:

  1. Que apasionantes son las leyendas de gitanos, sus historias, siempre hay riqueza en ellas, y cuantas peliculas y aun novelas de tv se hacen con ellas, que yo los conozco muy bien, conozco muy bien sus costumbres y como viven, seria largo relatar esta experiencia. Cuanto a los caballos, aqui los gauchos argentinos dicen que hay que irlos llevando llevando hasta que el animal se empiecxe a arrodillar, cuanto esta casi de rodillas, hay que soplarle aliento sobre la trompa, y a partir de alli, la union entre animal y jinete sera unica e indisoluble. Arriba julia, te saludo desde mi amada buenos aires argentina, que estamos convulsionados aqui porque pronto tendremos una nuevo escenario politico en el cual tenemos que tenovar legisladores, asi que muchos se juegan sus destinos, espero que las cosas esten ricas por alla, por estos dias nos esta acompañando el inmortaL DYANGO, amamos a este tipo, ya es uno mas de nosotros y hace mas de 40 años que nos visita y nos regala su talento. Fuerte abrazo julia y mis respetos a tu gente siempre, en buenos aires argentina 30 de julio 2017.

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  2. Nos enteramos el mismo dia y casi al instante en las redes sociales los medios del mundo se hicieron eco de la tragedia en barcelona y aqui en la argentina nos sumamos al grito de loos catalanes, NO TENEMOS MIEDO no podran con la vida, la justicia prevalecera y las cosas estaran en su justo orden muy pronto. Un fuerte abrazo a ese noble pueblo catalan, por ahi tengo yo una vena tambien y en fin, el que afloja la cincha, es el que por lo general se cae, te daras cuenta de esto espero.

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