Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarlo salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

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A TODOS LOS DUENDES Y HADAS QUE PASEAN POR ESTE BOSQUE, LES DESEO UNA FELIZ NAVIDA Y AÑO NUEVO

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jueves, 15 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad

Dicen que el día de Navidad Dios escuchó la oración elevada por un padre. Miró hacia abajo y vio a un hombre rezando por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y que no estaría en casa para la Navidad. Dios envió a un ángel a la tierra. Este encontró a la niña parada en la esquina de una gran ciudad, en grave peligro. Al frente había un viejo bar atendido por un hombre que no creía en nada excepto en sus ganancias y en sus borrachitos. De repente, la puerta se abrió y entró un pequeño niño. El barman no podía recordar la última vez que vio a un niño en aquel lugar. El niño le dijo que había una niña afuera que no podía regresar a casa en la noche de Navidad.

Dando un vistazo por la ventana, vio a la chica sollozando. El niño replicó: “Hoy es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos, sería grandioso”. El barman miró de nuevo a la niña, luego de algunos segundos, fue a la caja y tomó parte del dinero de las jugosas ganancias del día. Salió del bar, cruzó la calle y siguió a la niña que había avanzado unos metros. Todos los que estaban en el bar pudieron ver cuando él hablaba con la niña. Luego, llamó a un taxi, la hizo subir y le dijo al chofer: “Al aeropuerto”.

Mientras que el taxi se perdía, volteó para buscar al niño, pero ya se había ido. Regresó al bar y preguntó a todos si alguien había visto al chico, pero como él, todos estaban viendo como se perdía el taxi en las calles. Luego alguien comentó que el milagro más increíble del mundo había sucedido con el duro y tacaño barman, quien por fin había vivido una Navidad inolvidable y con satisfacción. Durante el resto de la noche, nadie pagó por un trago. Mientras tanto el ángel subió al cielo y puso en las manos de Dios lo que finalmente había encontrado para Él: un reencuentro y la generosidad de un hombre. Y Dios Padre sonrió.

La Navidad no es un momento ni una época, sino un estado de la mente, un compromiso espiritual. Demostrar generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de la Navidad y celebrarla como es debido.