Antes de entrar deja fuera tu rabia y tu ira. Bienvenido a este bosque encantado, un lugar donde podemos dar rienda suelta a ese niño que todos llevamos dentro, tienes mi permiso para dejarlo salir y que haga locuras. Sumérgete en este mundo mágico de las hadas y los duendes y vuelve pronto, te esperaré agitando mis alas.

SE REUNIÓ EL CONSEJO

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martes, 24 de septiembre de 2013

El espino


En los meses de marzo y Abril florece el espino y, cuando lo hace, sus ramas se llenan de flores blancas formando como un copito de nieve. Si te aproximas un poco, podrás oler el perfume que desprenden sus ramas, felices porque llega la primavera.


Cuentan que si vas por el bosque aún en invierno y ves el espino florido, quiere decir que faltan poco días para que empiece la primavera. En él, una pequeña hada se oculta todo el año, para que cuando lleguen las frías noches de invierno no se sienta triste, y le cuenta historias de otros árboles, como el enfado que cogió un manzano porque un joven se quedó dormido sobre su tronco y los golpes que le propinaba con sus ramas.

Cuando llega la primavera, el espino se siente fuerte. Entonces sus flores son la envidia del bosque y la pequeña hada que en él habita se pone su mejor traje blanco, resplandeciente.

Si en primavera cuelgas una cinta de color sobre una de las ramas del Espino Albar, el hadita del Espino se asomará a concederte un deseo. Ese es su gran secreto.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La leyenda de El Dorado

La leyenda de El Dorado nace en América del Sur después de la llegada de los conquistadores, ellos buscaban tesoros con los cuales volverse poderosos y ricos.
Un día un grupo de conquistadores llegaron a una aldea donde los indígenas realizaban un extraño ritual, cubrían por completo al jefe de la aldea con polvo de oro, luego este era sumergido en el rio para que el polvo fuese removido, al hacerlo creaba una gran mancha dorada. Los conquistadores al observar esto quedaron sorprendidos.
Pronto estos conquistadores comenzaron a contar su experiencia y cuantas mas veces era contada, mas era distorsionada, hasta el punto en que la historia contaba acerca de una ciudad completamente cubierta de oro llamada El Dorado. Los conquistadores comenzaron a buscar una ciudad que no existía, buscaron por años, desperdiciando su tiempo, todo por la avaricia y el deseo de hacerse ricos.


viernes, 13 de septiembre de 2013

La muerte no quería ser muerte

Estaba el Señor, un día en el Paraíso repartiendo los trabajos a su séquito de ángeles. Tú, serás el ángel del Amor, tú serás el de la Fe, tú el de los celos, tú el de la caridad, y así uno a uno le fue dando su trabajo. Pero quedó un ángel sin trabajo y fue corriendo al Señor y le dijo:

             -¡Mi Señor a mí no me has dado trabajo!

             - El Señor pensó un momento y dijo, está bien tu serás el ángel de la muerte, el ángel exterminador.

              - Yo Señor, apostilló el ángel,- la gente no me querrá.

              - No te preocupes dijo el Señor,  esperemos un tiempo y ya me diréis.

              Pasaron unas semanas y el Señor se juntó con su cuadrilla de ángeles, a ver que decían de su trabajo. Todos los ángeles estaban enfadados.

             -Señor, la gente en la tierra se matan por mí, dijo el ángel del amor, dice que matan y mueren por amor, y esto no me gusta.

-Señor, pueblos enteros se pelean por mí, siguió el ángel de la Fe, dicen que lo hacen en el nombre de la religión y en el Nombre de Dios.
           Y así unos tras otros, todos iban contando sus experiencias negativas, hasta que le tocó el turno al ángel de la muerte.

            - Y tú que dices, le preguntó el Señor.

            -Señor, dijo el ángel. Pues que no me quejo, porque la gente en la tierra nunca me echa la culpa, todos dicen ha muerto por culpa de la gripe, ha muerto por la guerra, ha muerto de hambre…. Y el Señor siguió, ves como a ti te he dado el mejor trabajo, pues pase lo que pase tu nunca tendrás la culpa de nada.

(No conozco al autor de este cuento, si alguien lo sabe que me lo diga e inmediatamente lo pondré)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los hijos del Rey y las cuatro estaciones

Había una vez un rey que tenía cuatro hijos. El buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un peral que estaba a una gran distancia.
El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño.
Cuando todos ellos habían ido y regresado; él los llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, el dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.
El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.
El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.
Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño.
No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto. No juzgues la vida por solo una estación difícil.
Aguanta con valor las dificultades y malas rachas porque luego disfrutarás de los buenos tiempos.
Sólo el que persevera encuentra un mañana mejor.

“En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible.” (Albert Camus)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Pachamama y el castigo de la Tierra

Don Hilario y su hijo solían cazar guanacos, vicuñas y llamas; por lo general mataba más animales de los que necesitaba, aunque a los sobrantes los vendía luego en el pueblo. Es sabido que la Pachamama, Madre tierra, no permiten que cacen sus animales por deporte, y menos que maten a las madres de las manadas.
Don Hilario, sordo a los decires, fue cazar como todos los días, pero aquella mañana la Pachamama les dio un aviso, haciendo retumbar la tierra y produciendo derrumbes en los cerros; padre e hijo intentaron cubrirse en una saliente pero la mula se empacó y forcejeando se fue acercando al abismo hasta vencer las fuerzas de don Hilario y el animal cayó al abismo... esta fue el primer pago que cobró la Pachamama.

Segundo después se terminaba el temblor y volvía el silencio a las peñas... los viajeros, asustados, contemplaban al mular al fondo del precipicio... asustados corrieron a hacerle una ofrenda a la Madre tierra, para calmar su enojo. Enterraron cosas que llevaban, como ginebra, coca y un cigarrillo, le hablaron en voz baja, con mucho respeto, pidiendo perdón, buenas cosechas y muchos animales.

Don Hilario pidió permiso para seguir cazando. La gente del pueblo también oró a la Pachamama y hasta le sacrificó una llama en su honor. Don Hilario, convencido de tener permiso para seguir cazando, se internó en los cerros, pero no lo siguieron ni su hijo ni la gente del pueblo. Luego de la cacería, Hilario retornó a su rancho y no encontró a su chango, que había salido a juntar las cabras... Preguntó a los vecinos, que nada sabían... Lo buscaron hasta pasada la oración, interrumpiendo la búsqueda al caer la noche.
Rastrearon las huellas del muchacho por uno  y otro lado, pero fue inútil. Sólo al caer la tarde hallaron las cabras, lejos del caserío. Pasaron varios días y semanas y hasta el mismo Hilario dejó de buscar a su hijo.
Una madrugada, unos arrieros que bajaban al pueblo, vieron de lejos al hijo de don Hilario... cabalgaba sobre un guanaco guiando a la manada... parecía un fantasma... iba vestido con pieles, y desapareció en la neblina del monte junto con los animales.

La Madre tierra volvió a cobrarse una deuda... llevándose al único hijo que don Hilario tenía, a cambio de los animales que él había matado innecesariamente.
Los arrieros contaron lo visto a don Hilario, quien comenzó a realizar ofrendas a la Pachamama, quien no le otorgó buenas cosechas, pero tanto y tanto debió orarle y tan puro habrá sido su arrepentimiento, que al cabo de unos años don Hilario se vio bendecido con otro hijo... a quien enseñó el respeto por los animales y la tierra.

lunes, 2 de septiembre de 2013